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Empoderamiento de Mujeres Líderes Indígenas

Fabiola Leiva, investigadora principal de Rimisp

Mujeres indígenas en Chile. Una lucha decidida contra la triple discriminación.

4 marzo, 2019

En el último Censo, un 12,4% de las mujeres del país se reconoce como mujer indígena, como descendientes de los nueve pueblos indígenas reconocidos por la ley chilena, mujeres mapuche, aimara, rapanui, lican antai, quechuas, collas, diaguitas, kawesqar y yagán, más de un millón de mujeres.


La actual condición de la mujer indígena en Chile se inserta en un contexto histórico de discriminación y exclusión de los pueblos indígenas, del ejercicio de los derechos sociales, económicos y políticos. Esta situación resulta agravada para las mujeres, por desigualdades de género que frecuentemente interactúan con brechas y barreras territoriales, y que se expresan en tendencias nacionales que caracterizan la situación de la mujer indígena; altas tasas de pobreza, baja participación laboral y escasa representación política. Las mujeres indígenas sufren la prevalencia de una triple discriminación, por ser mujeres, por ser indígenas y por ser pobres.

Hablamos de un número importante de mujeres. En el último Censo, un 12,4% de las mujeres del país se reconoce como mujer indígena, como descendientes de los nueve pueblos indígenas reconocidos por la ley chilena, mujeres mapuche, aimara, rapanui, lican antai, quechuas, collas, diaguitas, kawesqar y yagán, más de un millón de mujeres. Según datos del Observatorio de Mujeres y Territorios de Rimisp y Casen 2015, las mujeres representan casi el 51% de la población indígena de Chile, siendo más de la mitad niñas y jóvenes, el 52% tiene de 0 a 29 años. A nivel de residencia se concentran en la Región Metropolitana, La Araucanía, y Los Lagos; sin embargo, representan porcentajes relevantes de la población regional de Tarapacá, Antofagasta, Atacama, Los Ríos, Aysén, Magallanes, Arica y Parinacota y el 23,4% sigue residiendo en zonas rurales, casi el doble del promedio nacional de población rural.

Sólo el 47% de las mujeres indígenas participan en el mercado laboral, frente al 71% de los hombres, con una tasa de desempleo de un 45% mayor; cerca del 30% de ellas son jefas de hogar, y el acceso al trabajo es frecuentemente informal e inestable, con ingresos más bajos de lo que perciben los hombres. Asimismo presentan un 50% más de pobreza por ingresos y un 48% más de pobreza multidimensional que el promedio de las mujeres a nivel nacional.

Si bien el acceso a la educación ha mejorado en las últimas décadas, los índices de alfabetización y escolaridad siguen siendo más bajos que los de las mujeres no indígenas, sobre todo en las áreas rurales, donde es más evidente la intersección entre las brechas de género, étnicas y territoriales.

Estos datos se acompañan de desafíos compartidos. La participación política y en instancias de liderazgo al interior de las comunidades se hace cada vez más notoria. La creciente participación y organización en la lucha para la afirmación de los derechos de los pueblos indígenas ha fortalecido el rol tradicional de las mujeres como transmisoras y gestoras de un sistema de conocimientos tradicional, y al igual que las mujeres no indígenas, la escasa participación política representativa y en cargos públicos invisibiliza sus demandas.

Además, en los territorios rurales, donde la mayoría vive del pastoreo y la agricultura, las mujeres, en su rol social, cultural y productivo enfrentan una preocupación permanente con respecto a la tutela de los derechos de propiedad de tierra, agua y semillas frente a las empresas extractivas y al Estado.

Las mujeres indígenas avanzan en Chile y Latinoamérica en una doble lucha; por una parte, promover el reconocimiento de los derechos de sus comunidades dentro de sus naciones, y al interior de sus propias comunidades promoviendo igualdadensusrolesdemujeres, en ello, ampliar la representatividad de las lideresas indígenas en espacios comunitarios, territoriales multinivel y sectoriales que presionen por la pertinencia de las acciones públicas y la efectividad de las agendas. En ello, procesos de empoderamiento político y autonomía económica son impulsos clave en las agendas de cambio.

En Chile el reconocimiento constitucional en el marco de un Estado Plurinacional, en paridad de condiciones para todos los pueblos originarios de Chile está puesto como una base esencial de cualquier agenda, las mujeres indígenas caminarán con sus propias aspiraciones comunes a la par que el Estado respete acuerdos con los pueblos indígenas, genere bases para la aplicación efectiva de acuerdos y normativas internacionales, especialmente respecto de la tutela de los territorios ancestrales y sus recursos, modificando las normativas ambientales con un enfoque de pertenencia cultural que asegure una participación vinculante del sistema de evaluación ambiental, que integre la visión de desarrollo de las comunidades ancestrales de los territorios. La triple discriminación de la que muchos hablan se combate y se detiene con principios y acciones ético-políticas que generen nuevas bases de convivencia para con los pueblos indígenas, con acciones que superan las inversiones de escenarios y cortes de cintas de corto plazo y se cimientan desde un reconocimiento histórico, político y cultural.

Asimismo, los altos niveles de violencia que sufren las mujeres indígenas, no solo es intrafamiliar, sino también se identifica una sostenida violencia institucional, asociada a la lucha por sus territorios y recursos bioculturales. La erradicación de la violencia contra la mujer es exigible para toda agenda de trabajo.

Estas no son preocupaciones académicas, son especialmente preocupaciones de muchas mujeres lideresas indígenas. Cada vez son más las voces de mujeres indígenas adultas y jóvenes que están ejerciendo liderazgos en muchas transformaciones territoriales -productivas, institucionales, culturales- las mismas que desde las manejo de las diferencias promueven procesos de dialogo e incidencia en diversos sectores y luchas. El rostro de la diputada Emilia Nuyado se hace cada vez más conocido; como ella muchas lideresas a nivel territorial y país luchan para superar las múltiples discriminaciones que permitan generar nuevas condiciones de vida para ellas y sus comunidades y pueblos. Colectivas, organizaciones académicas, grupos ambientales, ecofeministas, cuidadoras de semillas, maestras artesanas, cocineras, profesionales, pastoras, se reconocen y se reúnen.

Entre otras instancias, desde 2016 un grupo de mujeres indígenas se ha reunido demandando la necesidad de generar una agenda de largo plazo en materias tan relevantes que van desde derechos humanos, salud, educación, acceso a la justicia, medio ambiente y territorio, cultura, energía, desarrollo productivo, y representación política. Estos temas y otros han sido abordadas en el Primer y Segundo Encuentro Nacional de Lideresas Indígenas realizados en 2017 y 2018 respectivamente. Estas instancias han sido convocadas por la Conadi, Onu Mujeres Chile y apoyadas por Rimisp- Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural. Hoy luego de dos años de trabajo las mujeres cuentan con una Agenda Política para el Desarrollo de las Mujeres Indígenas en Chile y han definido prioridades para su implementación.

Es exigible hoy, mirar esta agenda y generar procesos de articulación que no solo superen una histórica discriminación, sino especialmente generen agenda con condiciones de oportunidad según las aspiraciones de las propias mujeres.