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Editorial

Jóvenes rurales, sueños creativos chocan con los límites de la realidad

30 noviembre, 2018

Por: Ney Barrionuevo J, Director Oficina Rimisp Ecuador.


Una de las características más dramáticas de las transformaciones rurales en América Latina, que documenta el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural Rimisp, es el despoblamiento y el envejecimiento de su población, asociado también a la migración de los más jóvenes hacia las ciudades intermedias o a las grandes urbes, buscando oportunidades que sienten no son posibles de alcanzarlas en sus zonas de origen.

Dentro de esa problemática, la realidad de los jóvenes rurales que ni estudian, ni trabajan, a quienes se los denomina “no conectados” es por demás preocupante, como lo podrán corroborar en el presenta boletín, con casos desde México, en donde representan entre dos y tres de cada diez, con el riesgo de profundización de la desigualdad y de la violencia, como advierte el Banco Mundial, pasando por Colombia, en especial en las zonas de con presencia de cultivos ilícitos, Ecuador, en que a nivel nacional representan ya 900 mil personas para quienes los emprendimientos agrícolas o no agrícolas, como la experiencia de turismo rural que se describe, se vuelven una opción ante la crisis, hasta Chile, a través del relato de las historias personales de jóvenes rurales, que dan cuenta de su experiencia educativa y laboral, sus principales problemáticas y expectativas sobre el futuro, así como las posibilidades creativas para mejorar su situación y la de sus comunidades.

El objetivo de buscar la permanencia de los jóvenes en el campo, sin comprender la complejidad de la situación respecto a la propiedad sobre la tierra, el acceso a la innovación tecnológica, al financiamiento y a los mercados, así como el estado de las infraestructuras y servicios en los territorios, afecta la viabilidad real de ese propósito, tanto como no considerar las aspiraciones y vocaciones de las personas o restringirlas a una trayectoria de vida ligada a labores agrícolas en el campo por el hecho de haber nacido en un poblado rural.

 Tales aproximaciones se han quedado obsoletas y más bien se precisa de políticas públicas que acompañen sus sueños, sean estos dedicarse a la agricultura con alta innovación, diversificarse en otras actividades en el mismo medio rural o emigrar con una mejor preparación hacia ciudades intermedias o a las grandes urbes, para contribuir a la realización de los derechos de los jóvenes a una educación de calidad y al trabajo, como bases para una vida digna, pero también con su participación, dinamizar un desarrollo territorial más sostenible.