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Boletín Rimisp n° 21

Mujer y transformaciones del campo en América Latina

28 Abril, 2017

Los días 11 y 12 de abril, un equipo de Rimisp encabezado por su Directora Ejecutiva Ignacia Fernández visitó la oficina central de IDRC en Ottawa y ofreció una conferencia sobre enfoque, metodologías y resultados de su trabajo en la región, con énfasis en los resultados y tendencias de la incorporación de la mujer al mercado laboral.


“La globalización no es, necesariamente, un desastre para las mujeres”, fue uno de los temas planteados en el encuentro entre los equipos de Rimisp y IDRC, realizado a principios de abril en Ottawa. Durante dos días de trabajo, que incluyeron la realización de un seminario público y diversas reuniones con autoridades y académicos canadienses vinculados a los temas de desarrollo rural, la variable de género fue socializada como un énfasis importante a considerar en la etapa presente del programa “Transformando Territorios”, apoyado por IDRC, que Rimisp realiza en México, Colombia y Chile.

El equipo de Rimisp estuvo integrado por su directora ejecutiva Ignacia Fernández e integrado por Julio Berdegué, ex investigador principal, actualmente en la FAO, y Ángela Penagos, directora de la oficina en Colombia La gira tuvo por propósito discutir el progreso del programa Transformando Territorios, y reforzar las relaciones entre ambas instituciones en el marco de la renuncia de Julio Berdegué, quien llevó históricamente la relación.

Durante la conferencia pública “Rethinking Latin America’s rural shift, la directora de Rimisp se refirió a la última versión del Informe Latinoamericano. “La distribución desigual de las oportunidades para que las mujeres sean económicamente autónomas no las afecta únicamente a ellas sino que reduce el potencial crecimiento económico y la inclusión social de un país completo”, dijo. En esta conclusión radica la importancia —y el desafío— de impulsar el análisis integral de factores territoriales y condiciones individuales de las mujeres latinoamericanas, “porque lo más frecuente es encontrar políticas y programas ciegas respecto tanto al género como al territorio”, precisó Fernández. La meta, insistió, es articular iniciativas que incorporen las características específicas de los diferentes territorios donde viven las mujeres.

Los resultados del ejercicio de caracterización de territorios funcionales y su impacto sobre las dinámicas locales, la revisión del crecimiento económico y la inclusión social de 9.000 municipios (o sus equivalentes) en nueve países de América Latina, que cubren cerca de 400 millones de personas, también fueron parte del diálogo de esos días. La existencia de mercados dinámicos vinculados al comercio internacional y a las cadenas de valor mundial fue definido como un factor relevante -pero no único- para el crecimiento económico de un territorio, porque no garantiza que beneficie a grupos sociales excluidos, como el de las mujeres, que suelen estar excluidos de las estadísticas positivas. En este caso, la brecha de ingresos es severa. Sin embargo, un conjunto de evidencia muestra que el empoderamiento económico de las mujeres de la región es fuente de beneficios (el NAFTA en México, por ejemplo, generó un aumento de los salarios relativos y las tasas de empleo femeninos).

 “Debemos cambiar nuestros conceptos para poder entender a las sociedades rurales contemporáneas. América Latina rural es mucho más compleja que lo que era hasta hace algunos años, y si seguimos tratando de entenderla usando las categorías a las que nos hemos acostumbrado, vamos a renunciar, de hecho, a transformarla en una dirección compatible con el bienestar y el ejercicio de derechos de las mayorías”, señaló Julio Berdegué, en su última actividad pública como investigador principal de Rimisp.