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Boletín Rimisp

México: El Grupo Diversidad Biocultural y Territorios explora posibilidades de trabajo en el país

30 Noviembre, 2016

Claudia Ranaboldo, investigadora principal de Rimisp y líder del Grupo Diversidad Biocultural y Territorios de Rimisp, visitó la Ciudad de México a inicios de noviembre, para analizar posibilidades de trabajo y agendar reuniones con distintos actores que tratan temas de patrimonio biocultural en la nación.

¿Cuál fue el propósito de su visita a México? ¿Hay planes de su Grupo para la oficina de Rimisp en México?
Esta fue mi segunda visita a México. La primera fue cuando participé en el “Taller de intercambio de experiencias en cadenas cortas agroalimentarias”, realizado el 15 y 16 de marzo en el Centro Cultural Veracruzano, de la Ciudad de México, organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Slow Food, Fundación Ford, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades de la Ciudad de México (Sederec).

Antes de esa ocasión el Grupo desarrolló solamente algunos estudios vinculados con las dinámicas territoriales y estrategias diferenciadoras de productos, como es el caso de la denominación de origen del Tequila. En esta segunda visita –en momentos en que la oficina de Rimisp en México está en proceso de fortalecimiento– la intención es conocer más de cerca el trabajo que desarrolla esta oficina con los otros grupos de Rimisp, en especial su acción en el Programa Piloto Territorios Productivos (PPTP), que opera PROSPERA. Además de tener un acercamiento con distintos actores que en el escenario mexicano trabajan en los temas de patrimonio biocultural.

Es necesario recordar que el focus del GT Diversidad Biocultural y Territorios de Rimisp, que opera desde hace diez años, partió de la constatación de que en América Latina vivimos una gran contradicción entre la pobreza y la desigualdad que afecta a muchos territorios latinoamericanos y la dotación de activos bioculturales presentes en los mismos. Por lo tanto, la apuesta ha sido abordar esta paradoja considerando la valoración de la biodiversidad y del patrimonio cultural como estrategia económica, y como un elemento de fortalecimiento social y de los derechos de ciudadanía, así como de defensa del territorio.

En mi primera visita, buscamos conocer más el Plan Nacional de Fomento a la Gastronomía (PNFG), anunciado en agosto de 2015 por el gobierno de México. Este es un plan que ha tenido un lanzamiento mediático y que debería ser operado en sinergia por varias secretarías de Estado, como la de Hacienda y Turismo. Actualmente está en una fase bastante incipiente de organización y nos da la impresión que hace falta una estrategia concreta para estimular las coordinaciones interinstitucionales y para aterrizar las declaraciones de política pública en distintos planos: ¿Gastronomía como vector de estimulación del turismo y diversificación de los lugares de destino, con un incremento de calidad de los servicios a ofrecerse? ¿Gastronomía para el fortalecimiento de otras iniciativas del Estado como los Pueblos Mágicos? ¿Gastronomía rescatando cocinas y productos locales para un desarrollo inclusivo y sostenible de comunidades y territorios pobres? Cada una de estas estrategias implica rutas diferentes. Nos parece un tema muy relevante, que además se está abordando en varios países de América Latina. En Perú ya ha demostrado tener un desarrollo importante.

En esta visita, si bien no abandonamos este tema a la espera de una mayor claridad acerca del PNFG, comenzamos a identificar o reencontrar a actores e instituciones involucradas en tópicos bioculturales. Partimos de la constatación de que hay un tejido muy importante de experiencias en México y que hay un grupo de sectores académicos, del Estado y de la sociedad civil, que serían claves para el Grupo. Un ejemplo es Slow Food Internacional, socio del Programa desde hace años, con el que se tiene la intención de seguir ampliando la cooperación justamente en México.

Otra instancia con una trayectoria y una capilaridad de presencia en México es la Red de Etnoecología y Plataforma Biocultural de México, hoy en día Red Temática de Patrimonio Biocultural. En otro ámbito, está la Red para la Gestión Territorial de Desarrollo Rural Sustentable de México. En ambos casos tienen apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Luego de estos acercamientos, en primer lugar, se detecta de parte de ese grupo de actores, interés para conocer la trayectoria, los resultados y las experiencias que ha venido generando el Grupo, y ponerlos en diálogo con lo avanzado en México en términos de enfoque, métodos y herramientas para el desarrollo de las experiencias territoriales y, en distintos planos, de políticas públicas. Llamó particularmente la atención el componente de expansión de capacidades impulsado fuertemente por el Grupo en los últimos años, tanto en su vertiente de aprendizaje territorial como de sistema de diplomados en red con varias universidades latinoamericanas y europeas.

En segundo lugar, se aprecia, no sólo de la experiencia de nuestro Grupo sino de Rimisp en su conjunto, la capacidad de construir y/o fortalecer redes, mantenerlas en el tiempo y actuar bajo distintas formas sinérgicas con el Estado y la sociedad civil.

Finalmente encontró mucha acogida la idea de mapear más precisamente el tejido de actores y experiencias mexicanas para luego desarrollar un taller de trabajo que nos permita establecer una pre-agenda de iniciativas para el 2017.

Una reunión importante fue con Territorios Productivos/PROSPERA, programa que comenzó a operar en México en 2015 con el acompañamiento técnico de la Oficina en México de Rimisp, y cuyo objetivo principal es propiciar que beneficiarios de PROSPERA –población rural en condiciones de pobreza– accedan a los apoyos de programas de fomento productivo para los que califican y así, con una visión territorial, propiciar una liga entre la política social y la política productiva, para impulsar el abatimiento de la pobreza desde esta fórmula. Durante el 2017 se podría pensar en incluir alguna expertice del Grupo Biodiversidad Cultural y Territorios en el proceso de inclusión productiva que Rimisp viene coordinando en Territorios Productivos a partir del Grupo Cohesión Territorial para el Desarrollo.

¿Quiénes son los actores con los cuales interactuaría en México el Grupo que usted dirige?
Estamos aún en una fase inicial de mapeo, y por ello no menciono los actores específicos, pero uno podría pensar que desde el Estado el mismo PROSPERA es una instancia que está mostrando interés. Quizá podría hablar de instituciones públicas vinculadas a la solidaridad, a la acción social, por ejemplo. Pero todavía ese mapa no está definido.

La Plataforma de Patrimonio Biocultural (Diversidad Biocultural y Territorios para el Desarrollo Sostenible e Inclusivo, de la cual el Grupo es uno de los miembros fundadores) involucra a colegas que tienen una estructura por nodos y un grupo bastante grande, de más de 160 socios, con comunidades campesinas e indígenas y muchas universidades que están participando. Entonces, incluyendo aquí a Slow Food –que se vincula fuertemente con movimientos ciudadanos– diría que hay bastantes sectores del Estado, pero también de la academia y del sector social con los cuales estamos comenzando a dialogar.

¿Qué capacidades requiere la oficina de Rimisp en México para asumir las tareas del Grupo que usted conduce?
Se hace imperativo en los próximos meses tener por lo menos un/a investigador/a en la oficina de México que tendría que ir instalando de manera más directa la temática del Grupo Diversidad Biocultural y Territorios en el país, estableciendo una correcta coordinación con el resto de Grupos y proyectos que se impulsan, incluido el Grupo Diálogo Rural México. La contratación de esta persona es importante. Nuestro Grupo está acostumbrado a trabajar a distancia, movilizando a nuestros socios en los diversos países. Confío que ya con ese o esa investigadora instalada, podamos echar a andar el estilo de trabajo del Grupo de manera muy coherente con el fortalecimiento de la oficina de Rimisp en México.

El 2017 será un año clave entonces. Tendencias internacionales y contextos políticos actuales implican desafíos de parte del Grupo Diversidad Biocultural y Territorios en México como los relativos a Sistemas agro-alimentarios territoriales y nuevas relaciones productores/consumidores; Migraciones y conflictos; Vulnerabilidad social y ambiental y cambio climático; Innovación social vinculada a nuevos pactos y modelos empresariales. ¿Qué de todo ello tiene un interés para México y cómo el enfoque del Grupo está en condiciones de poner su contribución desde la investigación, el desarrollo de capacidades y experiencias territoriales/nacionales capaces de dialogar con las políticas públicas? El reto está lanzado.