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La trascendencia de Manuel Chiriboga, el investigador riguroso y sonriente

29 Marzo, 2018

Recordamos al fundador de la oficina de Rimisp en Ecuador, sociólogo e investigador principal, a propósito de la reciente entrega del “Premio Manuel Chiriboga” a proyectos de tesis doctorales en Ciencias Sociales, relacionados con las transformaciones productivas, sociales e institucionales de las sociedades rurales de América Latina. 


Compromiso es la palabra que más asocian con el recuerdo de Manuel Chiriboga Vega, quienes nos hablan de él. Entrega y coherencia en cada una de sus labores y en su propia existencia. Como sociólogo e investigador, como maestro, como funcionario público, como escritor, como ciudadano, como amigo, Manuel Chiriboga supo impregnar cada faceta de su vida con una esencia de lucidez y profundidad, que ha ido más allá de su grandeza profesional. Sus aportes para el Ecuador y América Latina desde la oficina de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural han trascendido y su figura lo hace indispensable entre los grandes pensadores del desarrollo del campo, de la superación de la pobreza y de las terribles desigualdades que se viven en el continente.

Hace pocas semanas con motivo de la entrega del premio que lleva su nombre y con el que Rimisp honra su memoria, tras su fallecimiento en agosto de 2014, tuvimos la oportunidad de escuchar, sobre el escenario y entre los asistentes, varias frases, anécdotas y remembranzas de sus colegas y de quienes fueron sus alumnos, de su familia y de sus amigos, de sus lectores y de muchas personas que de una u otra manera nos sentimos inspirados por sus conocimientos y su forma de ser. Lo recordamos y entre la nostalgia que nos produce el vacío que dejó, sonreímos, porque es imposible pensar en él sin evocar su propia sonrisa, aún en la exposición de los temas más serios o en la gravedad de constatar las inequidades que azotan a los hombres y las mujeres del campo, su afable presencia y su vocación pluralista, sin duda son dos de los aspectos que más lo caracterizaron.

¡Háblennos de Manuel! ¡Cuéntennos sus recuerdos, al haber trabajado y compartido tanto tiempo con él! Les proponemos a Ney Barrionuevo, director de la oficina de Rimisp en Ecuador y la investigadora Eugenia Quingaisa. Una tarea sencilla, porque de Manuel quedaron muchas vivencias para compartir, pero también difícil, ya que su ausencia se evidencia con cierta tristeza.

Ney Barrionuevo destaca el amor al campo y a las libertades que siempre fueron las banderas de Manuel Chiriboga. “Toda remembranza de Manuel pasa por un reconocimiento a su trabajo intelectual, como sociólogo rural, con hitos como  su obra maestra “Jornaleros, Grandes Propietarios y Explotación Cacaotera en el Ecuador 1790-1925”, su contribución a la teoría y praxis del enfoque territorial, el diseño de proyectos de desarrollo rural integral, su paso por el Ministerio de Agricultura en apoyo al primer ministro proveniente del movimiento indígena en esa cartera de Estado. Su desvelo por una negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los EE.UU. que precautelara los intereses de los pequeños productores. Su faceta como editorialista de El Universo, con una mirada tan aguda y crítica de la realidad, como serena, respetuosa y propositiva, sin alabanzas al poder pero tampoco insultos, en un contexto de alta polarización: un verdadero maestro del editorial”, señala.

“Lo conocí de oídas por su trayectoria en desarrollo rural y personalmente a su paso por el Ministerio como un jefe que exigía rigor en los datos y en el análisis pero de una enorme amabilidad y don de gente, siempre con una sonrisa afable aun en momentos tensos. Lo llegué a  apreciar mucho más intelectualmente en el marco del diálogo rural que con tanto esfuerzo y pasión estableció en Ecuador y que es sin duda es otro de sus legados: situar y diseccionar los problemas, provocar pensamiento estratégico, ver nuevos ángulos. Un maestro también en eso”, manifiesta y continúa:

“Pero lo que más recuerdo y me estremece es su estatura humana, su bondad que se expresaba en su sonrisa, su consecuencia a principios de vida como la defensa de las libertades y su entrega a los pobladores del campo, su entereza para afrontar su enfermedad y ante la muerte. Como costeño que soy, mis domingos empezaban con un bolón de plátano verde y café, mientras leía el diario El Universo, el editorial de Manuel, el del Pájaro Febres Cordero y la caricatura de Bonil; la palabra amiga y orientadora de Manuel me era tan cotidiana como necesaria; ahora procuramos desde RIMISP, en Ecuador seguir su ejemplo con otras voces y acentos,  pero con los mismos principios”, enfatiza.

 Eugenia Quingaisa también compartió con Manuel Chiriboga algunos de sus grandes hitos profesionales. Específicamente cuando fue designado Jefe Negociador del TLC con los Estados Unidos. Una responsabilidad muy grande, en la que se desenvolvió con la inteligencia, la minuciosidad y la entereza que le eran propias. “Manuel Chiriboga más que un compañero de trabajo, más que un jefe, fue un amigo. Tuve la oportunidad de de trabajar con él, cuando fue jefe negociador del TLC. Lo conocí y me di cuenta que era una persona íntegra con mucha bondad en su corazón. El trabajo que realizaba no lo veía como una obligación, sino como un aporte que tenía que realizar a la sociedad. Y ese aporte lo consiguió de muchas maneras. Gracias a su  amplio conocimiento, a su don de gente logró generar impacto, no solo al nivel de las políticas públicas, sino con la inclusión de los actores en el campo, con los del sector privado. Todo su esfuerzo y su trabajo provocó que con el tiempo lograra consolidar muchas amistades y, claro, también tuvo sus detractores pero él, supo manejar estas situaciones de una forma muy profesional y admirable”, explica.

“Después surgió la oportunidad integrarme al equipo de trabajo del Observatorio de Comercio Exterior (OCE), otra de sus obras, y de Rimisp, ahí pude conocer otra cara de Manuel Chiriboga, ya que pude compartir mucho más tiempo con él y a un nivel más personal. Vi como enfrentó su enfermedad y recuerdo que no dejaba que lo afectara en ningún ámbito, ni en el personal, ni el profesional. Él seguía entregando todo de sí,  para aportar a que se generara algún cambio a nivel rural. No solo a nivel de sus investigaciones, sino procurando propiciar diálogos a través de la Secretaría Técnica del Grupo de Diálogo Rural de Ecuador (GDR – Ecuador) que permitieran elaborar propuestas surgidas desde los propios actores dolientes del campo y conseguir así incidencia en política”, añade.

“Fue un gran honor conocerlo me apoyó mucho a nivel personal, recuerdo que me daba fuerzas cuando yo tenía algún inconveniente. Es una persona que nunca olvidaré porque generó un gran impacto en tantas personas y ahora hace muchísima falta en diversos campos”, comenta Eugenia.

El recuerdo de Manuel Chiriboga está presente en cientos de ecuatorianos, de latinoamericanos y de muchísimas personas que, como él, comparten un deseo sincero de ver un desarrollo rural real. En todos aquellos que defienden la libertad, las diversas oportunidades de progreso para la sociedad, en quienes propician el diálogo y aprenden cada día de sus similares y sus contrarios. En quienes aman la investigación y la incidencia, en quienes, como él, viven generosamente en el intelecto y en el espíritu y nos demuestran, según sus palabras, “que no se trata de hacer buenos proyectos, sino de cambiar la realidad”.