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Concepción de la educación rural en Ecuador evidencia serias falencias

28 Abril, 2017

La más reciente reunión del GDR-Ecuador analizó los factores presentes en la educación rural, que predisponen a que los jóvenes abandonen el campo. El diálogo se realizó en Guayaquil.


La educación rural en el Ecuador requiere de transformaciones profundas e integrales, puesto que su actual planteamiento, en vez de contribuir a que los jóvenes permanezcan en el campo, se ha convertido en un factor que los hace migrar hacia las urbes.

El 20 de abril pasado, el Grupo de Diálogo Rural de Ecuador (GDR-Ecuador) presentó el Estudio Bases para una Propuesta de Reforma de la Educación Rural, del consultor Mauricio Peña. La investigación se realizó a un universo de 641 actores, entre jóvenes, padres de familia, profesores y líderes rurales, de 12 provincias del país y abordó el tema de la calidad de la educación rural en el país.

El encuentro se cumplió en Guayaquil y contó con el auspicio del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), Veco Andino y la Asociación de la Industria de Protección de Cultivos y Salud Animal (Apcsa).

De acuerdo con las conclusiones obtenidas por el investigador, la educación en el campo se encuentra desconectada de las demandas de desarrollo de las comunidades rurales, es meramente teórica y no aprovecha el laboratorio natural que le brinda el entorno. Ello se evidencia en resultados como este: apenas el 1% de los jóvenes entrevistados tienen intenciones de estudiar carreras relacionadas con las ciencias del agro.

Es así, que sus intereses más bien apuntan a Medicina, un 28%;  Arquitectura, el 25%. Mientras que el 22% Derecho y el  18%, Administración.

El análisis demuestra una dramática desvalorización de lo rural. Peña menciona que los padres “no quieren que sus hijos sufran lo que ellos sufrieron y por eso insisten en que sus hijos vayan a la ciudad, a estudiar allá”.  Esta crisis, “no de forma, sino de sentido, en la educación rural ecuatoriana”, se caracteriza porque está diseñada desde parámetros sociocéntricos, al no considerar la diversidad de la ruralidad; urbanocéntrica, ya que transmite valores urbanos y etnocéntrica, al auspiciar un estilo de vida homogéneo, que no considera las particularidades del agro.

El consultor explicó que se debe priorizar a la educación rural como un factor determinante en los proyectos de desarrollo productivo rural. Los cambios deben realizarse desde una construcción que vaya de los concreto hacia lo abstracto, ya que debe responder a las necesidades, intereses y realidades concretas de los jóvenes y su entorno. “Deben respetarse las individualidades y ritmos, pero al mismo tiempo responder a lo comunitario”, señaló.

El diálogo se nutrió con la presencia de jóvenes líderes rurales, representantes de organismos internacionales de cooperación y ONGs, gremios de productores y de empresas, de universidades y periodistas especializados, quienes aportaron con sus experiencias y sugerencias para buscar soluciones que resuelvan esta situación crítica. Por ejemplo, Christian Hernández del Gobierno Autónomo Descentralizado Provincial de Esmeraldas (Gadpe) explicó la realidad de esta provincia costera, en la que se registra el abandono del campo, por parte de los jóvenes. “Se van para tener un ingreso económico inmediato. Muchos trabajan como guardias de seguridad.”, indicó y añadió que en esta región “muchos de los centros educativos rurales están cerrados”.

José Pichazaca de la cooperativa Mushuk Yuyay describe una situación similar en su provincia, Cañar. Sugiere que el cambio en la educación rural debe darse por una priorización de las tradiciones, cultura y raíces de cada pueblo, “se debe valorar la diversidad”, enfatiza. Mientras que Tupak Agualongo del Movimiento de Economía Social y Solidaria del Ecuador (Messe) manifiesta que se debe considerar el tema de la comercialización dentro de la formación académica.

Este criterio es compartido por Juan González de Apcsa, quien se pronunció a favor de mejoras integrales en la educación rural, fomentando la igualdad de oportunidades con respecto a las zonas urbanas y enfatizando en aspectos, hasta ahora no considerados, como la relación con el mercado.

El secretario técnico del GDR,  Ney Barrionuevo, planteó la necesidad de una reforma profunda de la educación rural, que tome en cuenta las transformaciones que están ocurriendo en el campo y que reconozca la necesidad de diferenciarla respecto a la educación en las ciudades, tanto en contenidos como en métodos para ser más útil al desarrollo de los diversos territorios rurales del país. 

El papel del Estado en este cambio es fundamental, la intervención de Lourdes Luque de la Corporación de Promoción de Exportaciones e Importaciones (Corpei) se dio en ese sentido, “se deben realizar recomendaciones claras para presentarlas al nuevo gobierno para que se vea la importancia de lo cultural y la valorización de lo rural”, explicó.

Los diferentes aportes colocaron sobre la mesa las falencias de la concepción actual de la educación rural, incluyendo la desacertada decisión de alejar las escuelas y colegios de las zonas de residencia de los jóvenes y la ausencia de formación de especialistas para el campo, no solo para la agricultura sino para las diversas profesiones que el desarrollo rural requiere. Y para lograr un cambio, que lleve al desarrollo rural integral y sostenible, la calidad de la formación es uno de los pilares fundamentales.

Los integrantes del GDR-Ecuador se han comprometido a consolidar este espacio y su nueva etapa con la participación de jóvenes rurales;  a continuar el esfuerzo de investigación sobre temas, relativamente, nuevos como la educación rural y el apoyo a emprendimientos. Y así también a activar sus redes de contactos y relaciones para incluir en los debates  a las nuevas autoridades.