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Editorial

Analizando y entendiendo los cambios asociados con las nuevas migraciones

1 Septiembre, 2017

En Rimisp estamos atentos a las transformaciones y a los retos que supone desde la perspectiva de los territorios expulsores, desde la perspectiva de las comunidades receptoras y los espacios de tránsito; así como los retos desde las políticas de atención y fomento en distintas latitudes, para integrar eficazmente a quienes migran y a quienes se quedan a un modelo de desarrollo integrador, del que estamos tan lejos.

Editorial de Jorge Romero, Director de la Oficina de México.


La migración es un fenómeno con múltiples causas y consecuencias. Un fenómeno en transición, en la última década, al menos en la región. A los tradicionales factores de expulsión en la región (la pobreza, la desigualdad, el hambre, el desempleo y la falta de oportunidades) se van sumando nuevos factores: el conflicto (o su incipiente resolución, en el caso de Colombia), la violencia, el cambio climático y el crecimiento del empleo, precario cual es, en los cinturones periurbanos en la región. El resultado ha sido un cambio en las tendencias de migración interna en la región (entre países de latinoamérica), el aumento de la migración interna en nuestros países, de comunidades rurales a ciudades intermedias y grandes; el ajuste de la migración externa a nuevas realidades, especialmente de quienes migran a Estados Unidos, y la creación de nuevas comunidades de destino de Tijuana a la Patagonia que antes eran sólo comunidades expulsoras o de tránsito. Comunidades que reciben a las y los nuevos migrantes, sus aportaciones y sus aspiraciones de progresar.

En Rimisp estamos atentos a estas transformaciones, y a los retos que supone desde la perspectiva de los territorios expulsores, desde la perspectiva de las comunidades receptoras y los espacios de tránsito; así como los retos desde las políticas de atención y fomento en distintas latitudes, para integrar eficazmente a quienes migran y a quienes se quedan a un modelo de desarrollo integrador, del que estamos tan lejos. Por ello, con una misma lente–la de Rimisp, abocada a identificar oportunidades para la transformación, la inclusión, la cohesión social y territorial y el desarrollo incluyente—nuestra investigadoras se han dado a la tarea de analizar y entender algunos de los cambios más críticos asociados con las nuevas migraciones en nuestra diversa geografía: en Colombia, Chile, Ecuador, México, Centroamérica y otros espacios de la región. En un cruce con líneas de estudio fundamentales para Rimisp, tales como las de juventud rural, las interacciones y mercados de trabajo rural-urbanos, el desarrollo territorial, las trampas de pobreza y las condiciones que habilitan una mayor equidad e independencia de las mujeres migrantes.

En esta entrega damos cuenta de esta exploración. En Ecuador hacemos un esfuerzo por comprender las tendencias recientes de migración, sobre la base de la agenda de investigación abierta por los Grupos de Diálogo Rural en la región, los factores que han acelerado la migración de jóvenes rurales a las ciudades, y las implicaciones de ese éxodo en sus comunidades de origen. Sólo el 7% de la migración ecuatoriana va al extranjero, el 93% restante migra al interior, y principalmente a las ciudades. En el agro ecuatoriano la cantidad de pobladores con menos de 15 años es el doble de aquellos que se ubican entre 15 y 24 años, que han migrado a las ciudades haciendo que en las zonas urbanas este segmento de la población es el que registra un mayor crecimiento. Insuficientes oportunidades para la educación insuficiente, y la poca o nula atención a las necesidades del desarrollo rural son dos de los principales motores de expulsión de la juventud ecuatoriana de sus comunidades, con consecuencias que apenas empezamos a entender.

En Colombia, por razones distintas pero con los mismos efectos, también es destacable la alta tasa de migración rural hacia ámbitos urbanos. La población rural bajó de 46% a 24% entre 1970 y 2010. Por supuesto, la cruenta violencia que vivió este país por décadas, y sus efectos en el medio rural, fueron factores clave de la expulsión, pero también lo han sido la pobreza y la desigualdad. Y éstas condiciones no necesariamente están resueltas con el posconflicto. Apenas se empiezan a entender mejor. Hoy día, 45% de la población nacional vive en pobreza, pero las mujeres rurales de entre 14 y 17 años de edad registran la peor condición: el 62% de este grupo sufre pobreza. En colombia son principalmente las mujeres rurales las que más migran–en las zonas urbanas hay dos puntos porcentuales más de mujeres que hombres, mientras que en las áreas rurales sucede lo contrario. Es precisamente esa diferencia de dos puntos porcentuales la que se asocia con el proceso de migración rural-urbano.

Desde Chile, Rimisp abona al conocimiento de la migración interna con un proyecto que está comenzando: “Estudio exploratorio sobre autonomías física y económica de las mujeres migrantes en la Región Metropolitana”. El estudio caracteriza el fenómeno de la migración a nivel regional desde la perspectiva de la autonomía de las mujeres, para entender mejor las inequidades, brechas y barreras de género que experimentan las mujeres migrantes.

El grupo de Diversidad Biocultural y Territorios, por su parte, también desde Chile pero con perspectiva regional, aporta una reflexión sobre el potencial socio-económico derivado de un intercambio entre las culturas alimentarias de las poblaciones migrantes y el territorio productivo local del país receptor, a fin de valorizar, difundir y dar a conocer la cultura alimentaria de quienes migran (los “nuevos ciudadanos” de un territorio), creando al mismo tiempo un contacto directo con los productores locales de pequeña escala y facilitando procesos de convivencia positiva entre culturas diferente.

Desde México, por último, hacemos un balance de los cambios en la migración subregional para entender los retos por venir, y los que ya tenemos frente a nosotros. La nota explora los cambios en los factores que ocasionan la migración. Da cuenta de un innovador estudio que explora cómo afectan las características de los terriorios de orígen la propensión a migrar; y de los cambios en el perfil de riesgo asociados al cambio climático y seguridad alimentaria detrás del éxodo centroaméricano—factores clave además de la violencia, más ampliamente explorado en años recientes.

En suma, el boletín de este mes explora algunas de las dinámicas de los movimientos humanos de los que somos, hoy día, testigas. De las razones, aspiraciones, rutas, transiciones y efectos. Esperamos que esta reflexión, y los parámetros de referencia que vamos encontrando sobre la marcha, permitan a nuestras socias e interlocutoras diversificar y problematizar la forma en que ven la migración, para identificar los márgenes de acción pública desde una perspectiva más amplia y diversa–que trabaje con poblaciones migrantes en los territorios de origen, tránsito y destino, y considere también a los que se quedan. Que fomente, potencie y saque provecho de la migración como factor de desarrollo, sobre la base de la inclusión productiva de los migrantes, sin dejar de lado a los olvidados de siempre, y atendiendo las condiciones de desigualdad, marginación y falta de oportunidades en los territorios rurales aislados.