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Editorial

Vínculos rural-urbanos en un contexto de urbanización

30 abril, 2019

Por Eduardo Ramirez, Investigador principal de Rimisp. Ingeniero Agrónomo de la Universidad Austral de Chile. Magister en Economía Agraria de la PUC.


Uno de los cambios importantes de los países de la región es el crecimiento de ciudades intermedias que se encuentran vinculadas muy fuertemente a la realidad económica, social, política y ambiental de las zonas rurales.

Adicional a esta mayor urbanización se comienza a observar el efecto de una mejor infraestructura que disminuye los costos y el tiempo de transporte desde localidades rurales, habitualmente más aisladas, a estos centros urbanos en expansión.

Lo anterior ha generado unas relaciones entre lo rural y lo urbano como nunca antes lo habían vivido las personas que habitaban el medio rural. Estos vínculos rural – urbanos que se fortalecen en este nuevo contexto, generan elementos positivos, pero también elementos negativos o de riesgo que deben ser minimizados para potenciar adecuadamente las relaciones virtuosas que traen crecimiento, inclusión social y cuidado del medio ambiente.

Los aspectos positivos de la urbanización se pueden observar en un mejor acceso a los mercados de insumos, de canales de venta y servicios, un menor costo de transporte, mayores niveles de competencia entre empresas que mejoran las posibilidades de los agricultores y de la agricultura familiar en particular.

También se generan mayores alternativas para los hogares rurales, que pueden ampliar sus posibilidades a través del acceso a empleos rurales no agrícolas, ampliando las estrategias de vida de dichos hogares.

Pero no solo hay efectos virtuosos en la economía, también mejoran el acceso de los hogares rurales a servicios que impactan positivamente su calidad de vida, como son la educación, la salud, las comunicaciones, etc.

Los aspectos negativos o riesgosos son variados y de múltiples orígenes, pero los que más preocupan son los que se refieren al cambio de uso de los suelos en las zonas de expansión urbana.

El aumento en el valor del suelo genera incentivos fuertes al cambio de uso del suelo, generando por un lado riesgos ambientales y por otro, perdida en la capacidad de generación de alimentos para la ciudad que se expande.

Otro factor de riesgo se encuentra en la mayor competencia que se genera por el agua. La ciudad demanda agua, la que se genera y usa también en la agricultura. También crecen los conflictos entre la periferia urbana y las zonas de desarrollo de la agroindustria entre otros.

La creciente urbanización de los países de la región abre un conjunto de oportunidades para las zonas rurales, pero también aparecen nuevos riesgos.

Las políticas públicas deben considerar estos cambios para proponer, en diálogo con los actores territoriales, nuevas formas de gobernanza que permitan aprovechar al máximo las oportunidades de la urbanización y minimizar los efectos negativos de dichos cambios, para buscar crecimiento de bienestar incluyente y ambientalmente sostenible.