Imprimir

Noticias

Editorial

Otra mirada a la Agricultura Familiar Sostenible

27 febrero, 2019

Rimisp propone una nueva mirada a la Agricutura Familiar, centrada en sus enormes potencialidades como un actor clave para un desarrollo sostenible a escala territorial, nacional y continental, no solamente por su peso social poblacional y de seguridad alimentaria, sino por las oportunidades aun desaprovechadas de generación de dinámicas económicas basadas en la eficiencia productiva y la diferenciación por calidad, así como por el acervo de conocimientos y saberes agroecológicos y alimentarios, para enfrentar los desafíos de la pobreza, de la malnutrición y del cambio climático.


Con diversos matices, la ruralidad en Latinoamérica experimenta profundas transformaciones, caracterizadas por la creciente urbanización y la importancia emergente de las ciudades intermedias, el potenciamiento de los vínculos urbano-rurales, junto a los fenómenos de migración campo-ciudad, despoblamiento de algunas zonas, envejecimiento y salida de los jóvenes del medio rural, así como también la diversificación de las actividades rurales más allá de la agricultura, que tampoco es ajena a las dinámicas de cambio, tales como su mayor dependencia a insumos industriales, la articulación a cadenas de valor, agroindustrias, supermercados, exportaciones e importaciones, sistemas agroalimentarios, en un escenario en donde conviven la globalización y la revalorización de la producción con identidad territorial y como telón de fondo los impactos del cambio climático.

Ese es el contexto en el que se desenvuelve en la actualidad la Agricultura Familiar (AF), que es el segmento de productores más vulnerable a las crisis de los mercados y a los efectos del cambio climático, en donde se concentra la pobreza rural, que luego de diez años ha vuelto a crecer en el continente como advierte el estudio “Panorama de la Pobreza Rural” de FAO, al igual que las brechas de desigualdad entre territorios urbanos y rurales.

Pese a los augurios de un declive de la agricultura familiar, sigue siendo relevante en América Latina: En términos de número de productores, desde un 26% en Chile, hasta un 70% en México, pasando por un 39% en Colombia, 51% en Nicaragua y un 58% en Ecuador y Brasil. La AF, más los productores de pequeña y mediana escala representan más del 81% de las explotaciones agropecuarias en América Latina y el Caribe (FAO, Salcedo y Guzmán, 2014), ocupan entre el 12% y el 67% de la superficie agropecuaria e involucran a más de 60 millones de personas.

La contribución de las diferentes formas de AF al PIB sectorial agropecuario sigue siendo significativa y va del 18% al 58% en los países de la región (CEPAL/FAO/IICA, 2013), aportando con el 50% al 80% de la provisión de alimentos para los mercados nacionales según el rubro (FAO, Leporati, Salcedo, Jara, Boero y Muñoz, 2014) y representan un “sector clave para lograr la erradicación del hambre y el cambio hacia sistemas agrícolas sostenibles”.

Las investigaciones y las políticas públicas más tradicionales en torno a la AF se han enfocado en la pobreza y como respuesta en el asistencialismo, con énfasis en medidas de carácter social, desde un tratamiento de “último mohicano” o de “especie en peligro de extinción”, a la que se debía aislar para que sobreviva.

El Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimisp) propone una nueva mirada a la AF, centrada en sus enormes potencialidades como un actor clave para un desarrollo sostenible a escala territorial, nacional y continental, no solamente por su peso social poblacional y de seguridad alimentaria, sino por las oportunidades aun desaprovechadas de generación de dinámicas económicas basadas en la eficiencia productiva y la diferenciación por calidad, así como por el acervo de conocimientos y saberes agroecológicos y alimentarios, para enfrentar los desafíos de la pobreza, de la malnutrición y del cambio climático.

No se trata de minusvalorar la pobreza y la inequidad, en la que históricamente se ha debatido y logrado sobrevivir la AF, o de desconocer las brechas de acceso a innovaciones y financiamiento, las dificultades objetivas de una articulación a mercados excluyente, el deterioro de los recursos naturales, la débil asociatividad o de capacidades de gestión empresarial, sino de encontrar en las fortalezas de la AF, en las oportunidades de la “glocalización” y en las sinergias con los demás actores territoriales, acompañadas de políticas públicas sociales y económicas de incentivos, la salida hacia una AF sostenible, que sea percibida como un motor del presente y del futuro y no un lastre del pasado.

Rimisp dispone de una trayectoria de investigaciones sobre la AF y sus sistemas productivos, ha coordinado los Grupos de Diálogo Rural sobre AF en la Región Andina y en Centroamérica, espacios desde donde ha surgido la necesidad de una nueva mirada, que se centre en sus potencialidades como un actor económico y social protagónico, para un desarrollo sostenible.

Para el reposicionamiento de la AF en la dirección de un desarrollo sostenible, que reduzca las brechas de desigualdad es imprescindible primero, comprender las dinámicas actuales y tendencias de la agricultura familiar, de pequeña y mediana escala en el desarrollo territorial en el marco de sistemas agroalimentarios inclusivos.

En base a los hallazgos de la investigación, Rimisp se plantea asesorar el diseño de políticas, programas y mecanismos de gobernanza participativos, basado en el diálogo entre actores, en los niveles nacionales y subnacionales para el desarrollo sostenible de la agricultura familiar, de pequeña y mediana escala.

Y desde el entendimiento de que “la mejor política pública se hace dialogando”, nos proponemos también como objetivo, el fortalecer las capacidades de diálogo, negociación y alianzas entre los distintos actores territoriales para favorecer la inclusión de la agricultura familiar, de pequeña y mediana escala en los Sistemas Agroalimentarios Sostenibles.

Por otra parte, las Naciones Unidas declararon que a partir del 2019 se inicia el decenio de la AF, resaltando la relevancia de este sector para el cumplimiento de las metas ODS 2030. Para que esas buenas intenciones no se queden tan solo en eso, se requiere de un impulso a la AF sostenible y eso implica investigación aplicada, diálogo multiactoral y diseño creativo de nuevas políticas públicas; en todos esos ámbitos, la contribución de Rimisp puede marcar diferencias de enfoque, conceptuales y metodológicas, esos son los retos.

Por Ney Barrionuevo