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Mujeres y trabajo no remunerado: charla entre ILSB y Rimisp México-CA

28 septiembre, 2018

Ximena Andión, directora del ILSB, y Celeste Molina, representante de Rimisp para México y Centroamérica, conversaron sobre el trabajo doméstico y de cuidados, que recae principalmente en las mujeres y niñas, y expresaron la necesidad de que Estado, sociedad y familias reconozcan el aporte social y económico de este tipo de trabajo y se hagan corresponsables. Fue este uno de los “Diálogos virtuales” preparados por Rimisp en el lanzamiento de su Observatorio de Género “Mujeres y Territorios”.


El 77% del trabajo doméstico y de cuidados es realizado en México por mujeres y niñas y, si se contabilizara formalmente, aportaría el 24% del Producto Interno Bruto (PIB), más que cualquier otro rubro en el ingreso nacional, afirmó Ximena Andión, directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB), al participar en un conversatorio con Celeste Molina, representante de Rimisp para México y Centroamérica.

Este trabajo no remunerado representa una carga que afecta las oportunidades laborales de quienes lo realizan y también incide sobre los derechos al bienestar y al ocio, y en el medio rural, en un contexto de migración y de violencia, el problema se exacerba pues las mujeres han debido asumir además responsabilidades que previamente eran de hombres.

En el diálogo, transmitido por Rimisp vía Facebook el 21 de septiembre, en el marco del lanzamiento del Observatorio de Género “Mujeres y Territorios”, de Rimisp, Ximena Andión precisó que el trabajo doméstico y de cuidados involucra todas aquellas actividades que tienen que ver con el bienestar físico y emocional de las personas, tales como hacer la limpieza y cocinar, pero también los afectos, por ejemplo cuando se ayuda a los hijos e hijas a cumplir con las tareas escolares, y más aún:

“Algo que es bien importante en las familias es que las mujeres y las niñas no solo cuidan a los hijos y a las hijas, pues hablar de cuidados significa que todas las personas necesitamos cuidados, pero hay grupos que particularmente las requieren: las personas enfermas, los adultos mayores y las personas con discapacidad. Se ha centrado mucho que la carga de estos cuidados esté en las familias, no en el Estado, y en las familias son las mujeres y las niñas quienes los realizan”.

Celeste Molina destacó datos contenidos en el Observatorio de Género: las mujeres realizan trabajo no remunerado que suma 19 horas semanales más que el de los hombres. Esta brecha, que es significativa, se amplía, para algunos grupos específicos. Por ejemplo, las mujeres jóvenes que viven en territorios rurales trabajan semanalmente hasta 23 horas más que sus pares varones.

“Esto tiene diferentes repercusiones en la vida de las mujeres. En términos generales, ha habido un crecimiento de la participación de las mujeres en el mercado laboral (en tasas superiores a las registradas por los hombres entre 2012 y 2016), pero esta participación representa 40% menos que la masculina”.

Ximena Andión dijo que el atender trabajo doméstico y de cuidados tiene una incidencia específica en las oportunidades laborales de las mujeres y en sus derechos al bienestar y al ocio. “Hay quienes deciden dejar un empleo formal para tener tiempos más flexibles para cuidar a sus familias; niñas que tienen que dejar la escuela para cuidar a un abuelo enfermo…”

Corresponsabilidad necesaria

Ante ello, surgen grandes demandas: el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados, su redistribución y la corresponsabilidad social de las empresas privadas y del Estado, afirmó Andión y Celeste Molina respaldó el planteamiento.

Dijo Andión: “Las mujeres trabajan más horas entre lo que trabajan dentro y lo que trabajan fuera del hogar, y no hay un reconocimiento en los modelos económicos de que el trabajo doméstico y de cuidados es importantísimo para la reproducción social […] No se busca que este trabajo se pague, sino que se reconozca como un trabajo y un aporte importantísimo a la economía; que haya mejores condiciones de corresponsabilidad, esto es que por un lado en las familias se divida la tarea de manera más equitativa y que los hombres participen de lleno en este trabajo, y por otro lado, que el Estado tenga servicios públicos e infraestructura de cuidado más amplios: guarderías, casas de ancianos, servicios para personas enfermas. Son cuestiones que de alguna manera están muy privatizadas, no hay cobertura suficiente”.

En cuanto a las mujeres rurales específicamente, la directora del ILSB dijo que, igual que en el ámbito urbano, son las mujeres y las niñas quienes cuidan y quienes realizan el trabajo doméstico, pero en el campo hay fenómenos específicos que complican la situación: la migración nacional e internacional; el hecho de que las familias rurales han pasado de ser productoras a ser consumidoras, y la violencia, ya que han muerto y desaparecido muchos hombres. En ese contexto, las mujeres rurales están asumiendo tareas mucho más amplias, tanto en el trabajo no remunerado, como la labor del traspatio, adicional al trabajo doméstico y de cuidados, y a partir de la migración de los hombres, han ocupado espacios a nivel comunitario y de toma de decisiones.

Además, las mujeres rurales en condición de pobreza, que reciben apoyos de programas sociales como PROSPERA, deben atender exigencias de éstos, como acudir a talleres. “Según un estudio que hicimos, muchas mujeres se quejan de que eso les quita tiempo y evita que puedan dedicarse a trabajo remunerado o a otras actividades”, dijo Andión.

Consideró que es necesario estudiar cuales serían los mejores modelos de política para estas mujeres, “porque no necesariamente el modelo de servicios e infraestructura pública es el único que podría servir, sobre todo pensando en los contextos rurales, indígenas y comunitarios. Quizá debamos pensar que hace falta apoyar fórmulas comunitarias de cuidados y reconocer todo el trabajo que las mujeres rurales realizan, cómo eso ha cambiado los contextos culturales y las relaciones sociales en las comunidades”.

Política pública y trabajo doméstico y de cuidados

Ante la pregunta de Celeste Molina de cuáles son los principales retos y las oportunidades que se abren con la llegada de un nuevo gobierno federal, en cuanto a política pública para trabajo no remunerado y para ir cerrando las brechas de género, Ximena Andión señaló tres elementos:

1.- Aún no se sabe cuál será la política social en el próximo gobierno federal, que inicia en diciembre de 2018, pero sí se sabe que va a funcionar distinto a como la hemos entendido hasta ahora. Habrá programas que quizá van a desaparecer y otros que se van a transformar. El ILSB ha sido muy crítico respecto de cómo algunos programas sociales, sobre todo los de transferencias monetarias, recargan más el trabajo en las mujeres. Si hay una oportunidad de realinear, de transformar esos programas, sería muy importante poner en el centro de la discusión la idea de que no tengan un enfoque asistencialista, sino de derechos y de género, y que se asegure de no responsabilizar más a las mujeres, sino que pudiera haber mecanismos de corresponsabilidad tanto de parte de la sociedad como de los hogares.

2.- Hay ya en la agenda nacional y en la de la Ciudad de México una propuesta más o menos concreta de cómo diseñar un sistema público de cuidados, que implica articular todos los servicios, infraestructura, programas ya existentes, desde una lógica de poner el cuidado en el centro, redistribuir este trabajo y ver cuáles son los vacíos de cobertura para personas que dependen de cuidados: niños, niñas, adultos mayores, enfermos. Por otro lado tenemos que ver cómo se liga esto a un cambio cultural, que entendamos que la reproducción de la vida es igualmente importante que la producción de bienes y servicios, y que haya políticas laborales más flexibles y otro tipo de mecanismos que consideren los cuidados como algo central para la economía, para la sociedad.

3.- Respecto de contextos rurales, comunitarios, debemos pensar cuáles son las mejores formas de generar espacios de cuidado más comunitarios y colectivos que atiendan a las propias dinámicas rurales. Esto se ha estudiado muy poco, y hay que poner el foco en lo que las propias mujeres que viven en contextos rurales piensan que sería lo más adecuado por parte del Estado y de la sociedad para no recargar solo en ellas estas actividades domésticas y de cuidado.

Durante el diálogo, Ximena Andión felicitó la iniciativa del Observatorio de Género “Mujeres y Territorios”. “Visibiliza las enormes brechas que existen en mujeres en contextos rurales y en el tema de defensa del territorio. Va a ser sin duda un gran recurso”, dijo.

El ILSB

El ILSB es, en voz de su directora, una organización feminista de la sociedad civil fundada hace 18 años con la idea de avanzar en la igualdad de género y los derechos humanos de la mujer en México y América Latina. Sus tres grandes líneas de trabajo son: una: el fortalecimiento de liderazgos sociales y movimientos, de forma que sean las comunidades, y en particular las mujeres y los jóvenes, quienes puedan hablar con su propia voz y ser escuchados por sus interlocutores. El ILSB tiene una metodología de acompañamiento de liderazgos y de movimientos. Dos, la incidencia en temas específicos, que han identificado en la agenda del feminismo en México (tales como el reconocimiento y la política pública en el trabajo no remunerado y de cuidados que realizan las mujeres). Tres, los derechos de las mujeres en contextos rurales y la defensa de la tierra y el territorio. Asimismo, entre otros muchos temas, el ILSB trabaja en derechos sexuales y reproductivos, temas relacionados con la violencia y la participación política de las mujeres en el contexto de los partidos políticos.