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Margot Chocce, estudiante de Economía y tejedora

“Mi familia y mi comunidad me permitieron fortalecer mi identidad”

10 junio, 2019

Margot Chocce, es una joven de 22 años de la comunidad de San José de Villa Vista, del Distrito de Chungui, en la Provincia La Mar, de la Región Ayacucho, en Perú. Su origen es indígena quechua y es hija de padres agricultores.

Conversamos con Margot sobre la vida en comunidad, la educación rural y las ventajas y desventajas de habitar en el campo y la ciudad.

 


Margot Chocce Santi, es una joven de 22 años de la comunidad de San José de Villa Vista, del Distrito de Chungui, en la Provincia La Mar, de la Región Ayacucho, en Perú.

Su origen es indígena quechua y es hija de padres agricultores.

Margot, es la hermana mayor de tres niñas y ha desarrollado habilidades destacadas en torno al tejido tradicional, situación que actualmente le permite comercializar su trabajo y con eso, inyectar algo más de dinero a sus estudios de Economía en la capital de Perú. 

Conversamos con Margot sobre la vida en comunidad, la educación rural y las ventajas y desventajas de habitar en el campo y la ciudad. Esto fue lo que nos dijo: 

 ¿Qué recuerdos destacas de la infancia en San José de Villa Vista?

Mi infancia la viví entre la escuela y la chacra junto a mis padres. Un día cualquiera de mi infancia era: levantarse a las 4 AM, preparar el desayuno; a las 7 AM, después de desayunar, ir a la escuela hasta las 2 PM. Al salir iba a casa para almorzar lo que quedaba del desayuno y ya a las 2.30 PM ir a la chacra a ayudar a mis padres en las diversas actividades que realizan, como coger café, cacao, pastear ganados, etcétera, todo esto, hasta las 6 PM.

Cuando la noche nos ganaba, debíamos regresar al pueblo. Llegábamos promedio a las 6.40 PM. La chacra queda a 40 minutos de caminata…

Recuerdo que siempre regresábamos cargando productos para comer, como yuca, plátano, pitus, frijol, frutas como naranja, lima dulce, nísperos y lúcuma, entre otros productos, dependiendo de la temporada.

Mi padre casi siempre llevaba leña para cocinar.

Al llegar a casa debíamos de preparar la cena, asearnos, hacer las tareas de la escuela y dormir, en promedio, como a las 9:00 PM, luego de cenar.

¿Qué valoras de la vida en comunidad?

Los días domingo y festivos eran para aprovechar de jugar con mis amigas y amigos, y dar vueltas el pueblo. De esa manera interrelacionarme con casi todos los pobladores. Por ese lado veo algo bastante más abierto en una comunidad, con respecto a lo que pasa en lo urbano.

Esto de la interrelación con distintas personas me ha permitido vivir dentro de una comunidad y organización; además me ha permitido aprender a tejer, bordar, injertar plantas, entre otras actividades que aprendí con la comunidad.

 

¿Qué aprendizajes relevas de tu experiencia escolar en el sector rural?

Destaco el aprender el español, porque por tener mi lengua materna, el quechua, fue duro. Además de aprender las vocales y contar los números, debíamos aprender el español.

Muchas veces el diálogo entre estudiante y docente -que no entendía quechua- nos dificultaba mucho.

También tuvimos horas culturales, eran como 20 minutos al día en la mañana, en plena formación, donde podíamos realizar alguna actividad; cantar, decir adivinanzas, poesía o presentar un sketch. Muchas veces lo hacíamos en quechua. Ahí aprendimos a hablar en público.

Recuerdo que al momento que servían los desayunos escolares, debíamos comer fuera del salón. Entonces aprovechamos para hacer redondelas y tomar el desayuno conversando, contando chistes con los compañeros. Y recuerdo también los días festivos, como el día de la madre, día del padre, día de la Independencia y el aniversario de la escuela. En estas actividades, como en las presentaciones, las vestimentas siempre fueron fabricados por nosotras mismas como de hojas de planta y frutos.

¿Se presentaron dificultades en tu proceso educativo por habitar en el sector rural?

Mis padres inicialmente vivían en la chacra, pero cómo teníamos que cursar la primaria, se vieron en la obligación de construir una casa en el pueblo. Entonces, teníamos que ir todas las mañanas a la chacra y retornar todas las tardes. Para la secundaria solo estudié en el pueblo hasta tercero, porque solo hasta ese grado funcionaba, entonces tuve que migrar a la ciudad para terminar la secundaria y continuar una carrera superior universitaria.

Cuando llegué a la ciudad para terminar la secundaria, tuve que quedarme en la casa de un familiar, dejar a mis padres en el pueblo. Aunque los extrañaba mucho, solo podía verlos dos veces al año, en vacaciones de medio año y fin de año, por lo que estaba lejos mi pueblo.

El acceso a la educación, mientras iba avanzando, cada vez era más complicado, porque tenía que migrar para continuar con mis estudios.

¿Cómo ha sido el camino hacia el mundo laboral?

El acceso a un mundo laboral siempre me es complicado porque aún no termino la carrera, normalmente trabajo en vacaciones para retornar a clases y poder cubrir mis gastos.

Trabajo en cualquier espacio que encuentre. En restoranes, en tiendas -y de no encontrar trabajo-, vuelvo al pueblo para ayudar a mis padres en la chacra, así ellos me puedan dar algo de dinero y puedo solventar los gastos del semestre.

En algunas oportunidades trabajo en las noches o fines de semanas para pagar la renta y cubrir los gastos que la universidad exige.

Durante todo este tiempo trabajé por generar ingresos, no necesariamente haciendo lo que me gusta hacer, sometiéndome a los horarios que me exigían.

En estos últimos meses, a partir de febrero de 2019, empecé a explotar al máximo mis habilidades y las cosas que aprendí en el pueblo junto a mi madre, como tejer y bordar para vender. Así ya no me dificultó asistir a la universidad, ya que me ordeno yo misma. Me va un poco mejor y me permite ir a la universidad puntualmente.

¿Qué obstáculos tiene hoy una joven rural e indígena en la ciudad?

Hoy las jóvenes rurales sufren discriminación por lugar de procedencia.

En las urbes, hay mayores oportunidades educativas y laborales, además, puedes pertenecer a organizaciones, que en su mayoría están en las ciudades. Y ahí hay mayores posibilidades de recibir capacitaciones en diferentes temas.

Veo y siento que los jóvenes urbanos tienen más cercano el acceso a tecnologías, a diferencia de los que somos los jóvenes rurales e indígenas.

¿Qué beneficios crees que tiene hoy una joven rural e indígena, respecto a una joven urbana?

Creo que las jóvenes rurales desarrollamos mucha resiliencia para afrontar situaciones adversas, para salir adelante.

También desarrollamos habilidades como tejer, bordar, etcétera, habilidades que hoy, para mi, son fuente de ingreso económico.

Vivir en mi comunidad, en una zona rural, me permitió que mi lengua materna sea el quechua, una lengua indígena. En el proceso de ir a la escuela aprendí el español y ahora soy billingüe.

Todo esto, con mi familia y mi comunidad como gran fortaleza, me permitieron fortalecer mi identidad.

¿Qué opinas de los Grupos de Diálogo Rural (GDR)?

Valoro los intercambios de experiencias entre diferentes países, me parecen interesantes, el año pasado pude estar en una de las actividades. Los veo sostenible debido a que tienen presencia en diferentes países y sí creo que aportan en la visibilización de las juventudes rurales, sin embargo, siento que aún queda mucho trabajo en ese sentido.