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Inclusión Social y Desarrollo

Ecuador

La diversidad biocultural es clave para la dinamización de los territorios rurales

1 julio, 2019

En el marco de la última sesión del Grupo de Diálogo Rural de Ecuador (GDR- Ecuador), la investigadora y socióloga, Claudia Ranaboldo, dictó una conferencia sobre ruralidad en la Universidad Indoamérica. En esta oportunidad, planteó la importancia de convertir los activos patrimoniales, culturales y biodiversos en agentes para el desarrollo, la superación de la pobreza y la solución de conflictos territoriales.


¿Cómo transformar el patrimonio de diversidad biocultural del medio rural en activos económicos de los territorios para la generación de empleos, ingresos y cohesión social? Con esta interrogante la investigadora, Claudia Ranaboldo, inició su conferencia ante unas 200 personas en el campus de Quito de la Universidad Indoamerica.

Estudiantes, académicos, representantes de la cooperación internacional de los gobiernos locales, productores y jóvenes emprendedores rurales, asistieron a la charla a cargo de Ranaboldo. En esta instancia, la investigadora abordó los retos de una visión territorial, abierta y en red. En esta línea partió de una reflexión de lo realizado por la Plataforma de Diversidades Bioculturales y Territorios (DB&T) a lo largo de los años, de la que el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural – Rimisp también es parte.

La académica destacó la relevancia de las experiencias territoriales que se han ido sumando a la Plataforma DB&T, logrando un trabajo en red en el que se han incluido actores e instituciones de naturaleza distinta, con propuestas construidas desde los territorios y que se han implementado con un conjunto de estrategias, entre las que se incluyen la investigación, el desarrollo de capacidades y la incidencia. Además, esta red  cuenta con la particularidad de haber establecido un diálogo entre América Latina y Europa. Al mismo tiempo, contextualizó las dinámicas surgidas con un eje hacia el fortalecimiento y valorización de lo local y lo territorial, frente a procesos de homologación cultural, de la producción, del consumo, que pueden darse con la globalización.

Durante su presentación manifestó que “el territorio es un conjunto de relaciones sociales que dan origen y a la vez expresan identidad, pertenencia y sentido compartido entre actores distintos”. Indicó que se aprecia una paradoja presente en los territorios rurales de América Latina. Se trata de regiones con altos índices de pobreza, discriminación, violencia, deterioro ambiental y múltiples conflictos.  Aún así, tienen una enorme riqueza del patrimonio cultural y de la biodiversidad.

Esta riqueza , vista como un proceso de transformación multidimensional, puede constribuir a la valoración de lo propio- qué tiene y puede aportar mi región-, a la inclusión y a la identidad en movimiento de las ruralidades. En este sentido, la experta señaló “No hay un territorio igual a otro, entender esto es un gran paso para lograr el desarrollo”.

Lo anterior también implica ajustes y desafíos  que enfrentar, la experta distingue tres puntos centrales para lograr la transformación del patrimonio de diversidad biocultural:

El primero de ellos está ligado al establecimiento de nuevos y distintos tipos de diálogos, que incluyan a la diversidad de actores  (entre ellos  ciudadanos y organizaciones excluidos), sin dejar de tomar en cuenta a las autoridades y otros ámbitos de poder. La idea es construir pactos y alianzas innovadoras que sean capaces de estimular estrategias de desarrollo, “que  trasciendan la idea de la defensa del territorio y que apunten a una lógica empoderada de la gestión del mismo en una perspectiva de base territorial “ aseguró.

El segundo desafío se relaciona con las nuevas estrategias de sostenibilidad territorial, que deben basarse en maximizar redes y circuitos económicos que premien la diferencia, la creatividad, la conservación de los recursos naturales y la solidaridad. La socióloga recalca que no deben verse como “economías marginalizadas, sino como bases para nuevos patrones económicos de base territorial, capaces de generar riqueza y mover las fronteras de la inclusión y la igualdad”.

Por último, el tercer punto es establecer una masa crítica de actores territoriales con habilidades para decidir, con una visión propia respecto a la calidad de vida que persiguen; empresarios orientados a un sistema de ganar-ganar, compatible entre los beneficios privados y los bienes públicos. Y también por funcionarios y tomadores de decisiones comprometidos con políticas territoriales, multinivel e interseccionales inclusivas y sostenibles.

Ranaboldo mencionó  experiencias exitosas y replicables, como lo ocurrido en Chiloé (Chile), patrimonio agrícola del mundo y la integralidad de su oferta en la denominada “Canasta Territorial Dinamizadora”, que fusionan patrimonio histórico y natural, identidad cultural e innovación, por medio de la potencialidad de este archipiélago que ofrece rutas turistas, gastronomía tradicional, sistemas productivos orgánicos, parques naturales, entre una diversidad de activos que han dinamizado su economía. Este es un ejemplo de innovación sobre la base de la cultura.

SUS-TER, una formación en red con enfoque territorial

Estos procesos descritos durante la conferencia implican procesos de expansión de capacidades sistémicos, que operen en la esfera de la educación formal, de manera armoniosa con las distintas formas de aprendizaje territorial. Y el Proyectos SUS-TER se vuelve una alternativa de formación, con redes de conocimientos, habilidades y competencias para una valorización territorial inclusiva y sostenible del patrimonio cultural, los productos de origen y la biodiversidad, para formar dinamizadores territoriales.

La red está presente en Costa Rica, Colombia, México, Italia y España y cuenta con el apoyo de 8
casas de estudios, europeas y latinoamericanas. y la Plataforma DB&T.

La investigadora indica que SUS-TER “ propone, junto a universidades, un perfil de dinamizador territorial. Es alguien que puede venir desde el sector público o privado, desde los propios actores territoriales, que ve, lee y entiende las dinámicas de los territorios en 360 grados. La puesta en marcha de este proyecto financiado por la Unión Europea (UE),  es poder diseñar y probar este perfil e institucionalizarlo porque el compromiso de las ocho universidades que están dentro del proyecto es que esto se pueda convertir en una oferta académica que vaya dirigida a distintos actores, como pueden ser las entidades públicas nacionales,  gobiernos descentralizados, empresas, sociedad civil, universidades, agencias internacionales con un foco en los actores territoriales, etc”.

Sobre la base de la experiencia de lo aprendido en Rimisp se entiende que proyectos de este tipo son fundamentales por su enfoque en inclusión, por medio de procesos en que, “aquellos actores que no tienen título de estudio previo puedan entrar y ser certificados. Nosotros hemos demostrado con universidades muy prestigiosas de América Latina que es posible hacerlo y reconocer a los actores que no tienen título previo, ya que se les avala también su experiencia y su bagaje de saber previo. En estos cursos del SUS-TER no solamente están docentes académicos sino también maestros locales, reconocidos en igualdad de condiciones y finalmente proyectos de cambio de carácter territorial institucional”, explica.

Claudia Ranaboldo insiste en la importancia de esta propuesta planteada desde “un aprendizaje que nos permite escalar los procesos de los que se ha hablado de manera relativamente rápida. Son laboratorios territoriales en los que aprendemos de la experiencia de los conocimientos locales, en un diálogo con lo que son los conocimientos externos. Por lo tanto de la experiencia que ganamos en América Latina, alrededor de este enfoque, de estas estrategias y de la formación de capacidades que es algo que te permite escalar e innovar permanentemente, hoy en día se ha convertido en un proyecto al que invitamos a las universidades y estudiantes a unirse, para que podamos hacer un movimiento mucho más grande”.