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Jesús Quintana, director oficina andina de FIDA

“La alianza con socios como Rimisp nos da una herramienta para llegar ante los gobiernos y decirles: Esto es lo que hay que hacer”

28 febrero, 2019

El Consejo General de FIDA se desarrolló en Roma, Italia y culminó un importante proceso de reorganización interna, así como la definición de las directrices para enfrentar lo que Naciones Unidas definió como el decenio de la Agricultura Familiar.


Con palabras del Papa Francisco I, del director de la FAO, José Graziano y con un mensaje transversal a luchar contra la pobreza y el hambre a través de la agricultura sostenible. Así comenzó el pasado jueves, en Roma, el 42º Consejo General del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA). La instancia fue clave para el trabajo del fondo de inversiones nacido hace más de 40 años de Naciones Unidas, que promueve el desarrollo rural con gobiernos y sociedad civil en todo el mundo.

FIDA enfrentó en Roma la fase final de una reestructuración interna que ha liderado quien encabeza la organización desde hace dos años, el togolés Gilbert Houngbo. Impulsando una agenda de descentralización del trabajo de la agencia cuya sede central está en Roma, Italia, se redefinieron oficinas regionales de trabajo. Así, América Latina y el Caribe quedaron divididas en tres oficinas sub-regionales: México, Perú y Brasil. Estas, a su vez, responden a la nueva directora regional, Rossana Polastri, ex ministra de Finanzas de Perú, en la sede en Roma.

El encuentro, por primera vez en su historia, se realizó en las oficinas de la Food and Agriculture Organization (FAO), en una señal de trabajo unitario entre ambas organizaciones a inicios del llamado decenio de la Agricultura Familiar (AF), definido así por Naciones Unidas.

Y para enfrentar esto, FIDA presentó también un inédito proyecto: El Agri-BusinessCapital Fund, un fondo manejado por privados que funcionará para la promoción del desarrollo rural en África, con foco en los pequeños agricultores y en la juventud rural.

En medio del Consejo de FIDA, conversamos sobre los desafíos de la organización hacia el futuro con Jesús Quintana, director de la oficina de Lima, a cargo de monitorear el trabajo en los países andinos y del cono sur.

– Hoy vemos -y sufrimos- las consecuencias del cambio climático y la escasez hídrica. Pero también vivimos en una época donde la gente se preocupa del consumo sustentable, de qué está comiendo y le preocupa incluso el agro negocio y sus consecuencias. ¿Cómo dialogan estas situaciones de contexto con el trabajo de FIDA en América Latina?

– Para los que conocemos el desarrollo rural, sabemos que todo ha cambiado muchísimo. Sabemos que ya no podemos aplicar la receta del pasado, cuando aplicábamos herramientas puramente económicas o puramente sociales. Hoy tenemos nuevas tendencias, algunas a favor y otras en contra. En contra tenemos la vulnerabilidad climática, nos afecta a todos, pero sobre todo a los más pequeños, porque tienen menos herramientas y porque suelen estar en las zonas más vulnerables, son los que más sufren. Los favorecidos son los que están en sitios mejores, o, si no estuvieran, tienen herramientas, como seguros. También enfrentamos el despoblamiento. Ahora nos van quedando los agricultores mayores, que tienen menos agilidad, menos recursos, menos contactos. Está el tema de la desconexión, la conectividad física y digital, que también agrava. Está la feminización de la agricultura, se van quedando mayores y mujeres, los jóvenes son las jóvenes, que por temas familiares no se pueden ir.

Pero también hay oportunidades. Esa migración sí se puede revertir si damos un poco de inversión en conectividad. La carretera sigue costando lo mismo, pero la digital no tanto. Si se le deja a la empresa privada, aplica criterios puramente económicos, pero ahí el Estado puede subvencionar.

Y también tenemos el boom gastronómico de las clases medias de Chile, Perú, Guatemala, México. Están informadas, demandan y quieren saber de dónde viene ese alimento. Y se sorprenden cuando esa papa rica que comen lo brinda la gente, no viene del gran conglomerado donde todo es uniforme y no tiene sabor, y que impacta en el medio ambiente. Esa es una oportunidad, porque hay mayor conciencia, mayor capacidad de consumo y eso puede beneficiar a los pequeños productores que si se asocian, por ejemplo, pueden avanzar en cosas como autocertificaciones, como lo que hace Slow Food, Mistura en Perú, pueden llegar incluso a etiquetados sociales que los ayuden a vender mejor.

– En relación a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ¿cuáles son, en su opinión, los logros concretos del trabajo de FIDA en América Latina?

– Todos los ODS son relevantes, pero como nosotros somos especializados, nos toca directamente los primeros dos: Reducción de pobreza y hambre cero. También nos toca el de género, el ambiental. En la parte nutritiva hemos trabajado con muchos gobiernos, en alianzas no solo con Agricultura, que es nuestro socio principal, sino también con Ministerios de Salud, ministerios sociales. Cuando se habla de anemia o desnutrición infantil, ahí decimos: nuestros pequeños productores no solo producen para el mercado, sino también trabajamos para que una vez que tengan ingresos, no se lo gasten en productos basura. Una mejora de ingresos no se traduce automáticamente en una mejora alimentaria, primero porque hay necesidades distintas y porque puede haber falta de información. Y tú puedes, irónicamente, decidir producir un producto sano y acabar comprando un producto no sano que está en el mercado, con mucha azúcar, o desequilibrados calóricamente. 

Con la meta de reducción de pobreza hemos tenidos logros muy importantes, en países como Bolivia, Haití, en Centroamérica. En Perú, por ejemplo, hemos estado presentes 20 años y hemos logrado como FIDA, junto a los gobiernos y los beneficiarios, logros conjuntos y demostrables. Tenemos una oficina de evaluación independiente que se encarga de eso, ni siquiera reporta al presidente, sino a la junta, y también por evaluaciones de impacto.

– En el foro de Pueblos Indígenas, un representante habló y agradeció la oportunidad de estar acá, en Roma, de escucharlos. Y dijo: “para nuestros gobiernos somos un obstáculo, nos ven como un obstáculo para el desarrollo”. En América Latina, la agricultura y el desarrollo rural están muy ligados a comunidades indígenas en todos los países.

– Lo que ocurre es que durante mucho tiempo la agenda ha sido reivindicativa y de lucha. Y lo ha sido con justicia, viendo lo que ha pasado en la región. Pero siento que ya bastante ha cambiado. Siempre hay que estar vigilante, claro, pero creemos que la agenda de los pueblos indígenas y afro originarios, la propuesta es más proactiva porque las condiciones lo permiten. Pero también hay más receptividad en los gobiernos. Desde nuestra óptica, en FIDA y Naciones Unidas no tomamos partidos, hay otras agencias que sí lo hacen, como el Comité de Derechos Humanos. Nosotros intentamos mantener un equilibrio, acercar posturas, buscar consensos. Es claro que siempre hay disensos, pero buscamos los consensos y las oportunidades, que siempre las hay porque hay gente bien intencionada en todos los gobiernos, incluso en los que nos parecen peores. Y buscamos inversiones también. Respecto a la consulta previa, cuando existe institucionalmente, decimos que hay que usarla porque es una herramienta. Si el país no la ha instalado, recomendamos que lo haga, que hable con la OIT para promoverla. Siempre buscamos acercar posturas.

– ¿Cuál es el rol de la sociedad civil en todo esto?

– Algunos son complementarios, porque también invierten, como las ONG de desarrollo, otros son veedores o cuidadores de que ciertos derechos o visiones se defiendan. Esto que viste en el foro de Pueblos Indígenas, es un foro único, porque ocurre en una agencia de inversión, y no en un foro de defensa de derechos, donde tiene más sentido tenerlo. Ahí no vienen ONGs, vienen representantes de pueblos indígenas. Es bi anual, porque el otro año es con representantes de organizaciones campesinas, con sus visiones y demandas. Eso nos refresca como organismo, porque es cierto que tenemos mucha burocracia dentro de Naciones Unidas.

– Eso es interesante, porque estrictamente ustedes se relacionan con gobiernos para beneficiar a la gente.

– A ellos tenemos que escucharlos, colectivamente, porque nos presentan demandas, pero también nuestro trabajo puede ser muy burocrático, por la forma de trabajar que nos protege, pero también nos deja pegados a papeles, reglas y procedimientos. El riesgo es que nos alejemos de la realidad.

– El trabajo de FIDA y otras organizaciones ha permitido evidenciar las desigualdades territoriales en la región. Sabemos qué pasa con las mujeres rurales, con los jóvenes, hay evidencias de qué forma es más eficiente promover el desarrollo de las comunidades rurales, se sabe cómo avanzar en agricultura sostenible, pero las desigualdades siguen siendo tema de cada día. ¿Qué falta?

– Mucho. Nos faltan herramientas nuevas porque la situación es muy fluida, ha cambiado. Por ejemplo, Rimisp nos ayuda mucho, porque nos permite decir no cosas genéricas como ‘los jóvenes están mal’ o ‘las mujeres están mal’. Podemos hablar de migraciones, cambio climático, cosas concretas que pueden ser analizadas caso por caso. Nos faltan más de esas herramientas y fondos para llevar todo eso que dices a cabo. Las estrategias sin recurso son papel mojado. Te pongo dos ejemplos: En Colombia, con Rimisp hemos trabajado la economía de la ilegalidad. Minería ilegal, la coca, cultivos ilegales, extracción de áridos. Eso se puede hablar genéricamente: que hay que dar una solución, que tenemos que tener cultivos alternativos. Cuando uno baja a esas regiones, Nariño, una región que tiene más coca que todo Perú, ves cosas chocantes. ¿Sabes qué hemos descubierto gracias al trabajo de Rimisp? Que la gente que está alrededor de la economía de la coca en realidad está igual o más pobre que la de otras regiones. Y eso pasa porque hay una explotación de esas personas, y no un beneficio como uno habría pensado, siendo simplista. Pero sabemos ahora que están explotados y el plus grande se lo llevan las mafias. Sí, hay mucho dinero, pero no llega a esos jóvenes agricultores, los que han ido migrando porque hay circulación, no porque hayan mayores ingresos. Ese conocimiento, tan concreto, pero tan importante, le da al Estado de Colombia una herramienta poderosísima. Ellos ya no están con las manos atadas o con el lamento de ‘cómo vamos a combatir la coca’. Sí se puede, porque los agricultores no tienen más ingresos, tienen los mismos o menos. Por lo tanto cualquier programa social o económico que hagas ayuda.

Lo que hacemos también con los Grupo de Diálogo Rural, una herramienta poderosa que tenemos en México, Colombia, Ecuador y Perú. Se hizo un trabajo sobre mujeres jóvenes, desagregado por etnias. Descubrimos cosas llamativas en temas de educación, salud, qué es lo que piden las mujeres, que tienes que tener políticas muy diferenciadas en los grupos étnicos, donde el tema de salud reproductiva es lo que más les preocupa, junto a la educación y no tanto lo económico. FIDA es una agencia de inversión, de apoyos técnicos, entonces no estamos equipados para todo esto. Por eso la alianza con socios que hacen investigación aplicada, con la academia, como Rimisp, nos da una herramienta para llegar ante los gobiernos y decirles: esto es lo que hay que hacer, no es tan costoso, tiene que ser focalizado.

– ¿Qué importancia le dan a este tipo de procesos de participación directa de los beneficiados, considerando el mandato de relacionarse con los gobiernos, que funcionan con una lógica más vertical?

– Ese es el objetivo de los Grupos de Diálogo. Y nos critican porque nos dicen: ustedes solo hacen diálogo. Pues el diálogo es muy importante, porque aunque parezca obvio, los gobiernos no dialogan, ni siquiera internamente. Y uno de los logros que me ha tocado conocer de cerca, es que poner a hablar el Ministerio de Finanzas, con el de Educación, el de Agricultura, entre ellos, ya es un avance, un logro, porque facilitar un foro, una plataforma que crea la confianza. Para trabajar juntos, necesitas crear confianza y la gente se da cuenta que charlar no es dialogar. Dialogar es buscar puntos de consenso que sirvan para construir planificaciones, inversión. Y además hemos incluido a otros actores, lo que es relevante. Hemos visto en casos difíciles como Ecuador y Colombia. En uno había una tradición de todo de arriba a abajo y en el otro no había diálogo de ningún tipo. En uno se habló más de incluir sectores organizados, escucharles. Hablo de sectores organizados, empresas, sociedad civil, agricultores indígenas. En el otro se empezó a trabajar la visión de desarrollo rural territorial, que viene de abajo arriba, en el caso de Colombia, aprovechando el proceso de paz. En los dos casos fue revolucionario. En uno, en Colombia, como parte de los Acuerdos de Paz, donde no existía nadie que hiciera esa experiencia, y en el otro con un estilo de gobierno que planificaba a nivel central. En ambos se consiguieron cosas concretas, de políticas a reformas institucionales. El Banco de Desarrollo de Rural de Ecuador, y en el segundo, conseguimos instalar en la agenda del gobierno la visión de desarrollo rural territorial que, incluso con el cambio de gobierno, ha seguido trabajándose con el plan de desarrollo 2018-2022. Son grandes logros, no creo que sea el momento de hablar de paternidades, porque hay que ser generosos y cuidadosos, pero sin duda en ambos casos el trabajo conjunto de Rimisp con Fida ha sido un gran aporte. En Perú, es distinto, pero se aprovechó una comisión multisectorial de Agricultura Familiar que existía y sobre eso, seguimos con los Grupos de Diálogos Rurales, trabajando con Educación, Agricultura, etc. En México también, este nuevo gobierno se encontrará con esta herramienta poderosísima.