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México

Jóvenes no-conectados, víctimas de la desigualdad

3 diciembre, 2018

Los jóvenes no conectados representan dos de cada diez, o incluso tres de cada diez jóvenes en el país. El Banco Mundial advierte los riesgos de profundización de desigualdad, violencia y pérdida de bono demográfico. Rimisp trabaja en esto como asunto prioritario; le preocupa incumplimiento de ODS.


 

El 21.3% de los 31 millones de jóvenes mexicanos, de 15 a 29 años de edad, no estudia ni trabaja en actividades remuneradas (esto es, son jóvenes no-conectados, JNC), y la situación es más grave en las zonas rurales (con 28%), y particularmente en las mujeres de este ámbito, donde la proporción alcanza el 45%, en contraste con el 29% de sus contrapartes urbanas, señala información del Grupo de Diálogo Rural México (GDR México).

Desde la mirada económica-financiera este es un problema mayor. Según el reporte Observaciones sobre las políticas de estrategia de habilidades: México 2018, elaborado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), esos jóvenes no-conectados cuestan al país 0.9% del Producto Interno Bruto (PIB) cada año: alrededor de 194 mil 90 millones de pesos, o 9 mil 436 millones 457 mil dólares (con cifras del PIB del tercer trimestre), esto se equipara con el doble del presupuesto anual de la Secretaría de Desarrollo Social y cuatro veces el de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Desde la mirada social, el asunto resulta brutal. La falta de oportunidades, aunada a otros factores, como conflictos familiares, entornos agresivos y penetración del narcotráfico en la vida de las ciudades y comunidades rurales, arroja estadísticas tales como que entre 2012 y 2016 una de cada cinco víctimas de homicidio fue un joven de entre 15 y 24 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

El Banco Mundial, en su informe Ninis en América Latina: 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades, dice que en la región uno de cada cinco personas de 15 a 24 años de edad padece la condición de “nini” (así los denomina, refiriéndose a los jóvenes no-conectados) y este problema ha demostrado ser persistente. Pero los gobiernos y la sociedad en general deben prestar atención al fenómeno por tres razones: 1.- Contribuye a la transmisión intergeneracional de la desigualdad social y de género. Casi 60% de estos jóvenes no-conectados de la región provienen de hogares pobres o vulnerables localizados en el 40% inferior de la distribución del ingreso, y el 66% de los JNC son mujeres. “Este desequilibro […] tiende a perpetuar la transmisión de la disparidad de género y de ingresos de una generación a la siguiente, obstruyendo la movilidad social y la reducción de la pobreza en la región”. 2.- En algunos contextos, está vinculado a la delincuencia y a la violencia. “En Colombia, México y América Central, donde la proporción de ninis está por encima del promedio regional, el problema se agrava por la presencia generalizada del crimen organizado”. 3.- No abordar el problema podría impedir que la región se beneficie de la transición demográfica que recién comienza. “En toda la región, la proporción de niños y personas mayores en relación con la población en edad de trabajar llegará pronto a un mínimo histórico. […] bajas tasas de dependencia crean oportunidades económicas sustanciales. Pero para aprovechar este momento propicio, América Latina debe formar el capital humano entre una población de jóvenes cada vez más numerosa y proporcionarle oportunidades en el mercado laboral. Si no lo hace, el creciente número de ninis puede frenar, por completo, las ventajas del dividendo demográfico en la región”.

Si bien algunas fuentes afirman que el número de JNC en México ha tendido a la baja (al sumar seis millones 600 mil en 2017, esto es 400 mil menos que en 2014, debido a una menor deserción escolar), según Rafael de Hoyos, economista del Banco Mundial y uno de los autores del arriba citado informe de este organismo), hay otras fuentes, como el Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad 2017. “No dejar a ningún territorio atrás”, elaborado por Rimisp, que afirma que México es el país que ha tenido un mayor aumento del porcentaje de jóvenes no-conectados: el promedio simple pasó de 24.9% a 33.6% entre 2010 y 2015. Cifras que muestran que poco más de tres de cada diez jóvenes estarían en esta condición.

Más aún, dice el Informe Latinoamericano 2017, durante ese periodo cerca del 98% de los municipios de México aumentaron el porcentaje de JNC, aunque con importantes variaciones entre las distintas localidades. Los municipios con un mayor aumento, ambos de Oaxaca, son Santiago Tepetlapa y San Martín, que pasaron de 12.5% a 85.7% y de 27.1% a 77.2%, respectivamente, en el mismo lapso. Y este aumento, que va en sintonía con alzas en toda América Latina, pone en riesgo el cumplimento de la meta 6 del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas Número 8, que dice “De aquí a 2020, reducir considerablemente la proporción de jóvenes que no están empleados y no cursan estudios ni reciben capacitación”, advierte Rimisp.

Como se señaló antes, en México el ámbito rural es el más afectado por el fenómeno de los JNC, y en especial las mujeres. Un dato significativo es que si bien las juventudes de 15 a 29 años de edad representan el 26% de la población total del país, en 12 estados de la República alcanzan más de 50% y en entidades altamente rurales (ubicadas sobre todo en el sur) rebasan el 60% es el caso de Chiapas, Tlaxcala, Tabasco, Hidalgo y Oaxaca, de acuerdo con el GDR México.

Y al mismo tiempo, paradójicamente, según destaca Héctor Robles, de Rimisp, la población campesina poseedora de tierras tiene un promedio de edad de 58 años (en una tendencia de cada vez mayor envejecimiento), “y hay unos 15 millones de jóvenes en las localidades rurales (de hasta 15 mil habitantes) que no tienen tierra y difícilmente tendrán acceso a ella, por lo cual deben buscar alternativas de vida ajenas al agro”.

En el marco del proyecto Red de Extensionismo Rural que Rimisp ejecuta con la Secretaría de Agricultura, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) y con la Coordinadora de Fundaciones PRODUCE (COFUPRO), se realizaron en octubre talleres en espacios rurales en los estados de Chiapas, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit y Puebla. Allí se hicieron observaciones sobre productores, jóvenes y mujeres y se recogieron testimonios de ellos. La reseña relativa a jóvenes destaca, entre otras cosas:

“Los menores de 15 años por lo general asisten a la escuela, aunque ya desde temprana edad hay casos de abandono escolar por falta de recursos en el núcleo familiar o por falta de apoyo […] Los mayores de 15 años tienen una prevalencia mayor al abandono de las labores educativas por actividades remuneradas. No obstante, esto no se traduce en un arraigo mayor al campo. Por el contrario, se prioriza la incorporación en actividades del sector terciario de la economía, lo que en muchos casos implica la migración en el ámbito nacional o la búsqueda de oportunidades en Estados Unidos […] Los jóvenes en general relacionan la vida en el campo con el rezago social y la falta de oportunidades.

“Una situación común a los jóvenes es la presencia creciente de las drogas en su cotidianidad. Esto como forma de socialización (sobre todo en las fiestas) y como parte de la penetración que ha tenido la narco-cultura en el ámbito rural, tanto en términos de estatus como definición de éxito económico […]- Se observa un desinterés hacia el trabajo y el estudio por parte de buena parte de la juventud. Al dejar el estudio se ven obligados a trabajar, en muchas ocasiones en actividades rurales. Sin embargo, no se hace por convicción sino por necesidad.”

La mayor prevalencia de mujeres jóvenes no-conectadas en el medio rural se entiende en buena parte porque dedican su tiempo y vida a trabajo no remunerado. Así lo evidencia la reseña de los talleres:

“Las mujeres atienden animales de engorda, cuidan niños y ancianos, preparan alimentos; algunas trabajan, aunque la mayor parte se dedica al hogar. […] Los cuidados e higiene de los niños pequeños y los ancianos siguen siendo responsabilidad de las mujeres. Los hombres prefieren pagar antes que tomar responsabilidad por cuenta propia. Ellas carecen de un tiempo establecido de ocio y esparcimiento, a diferencia de los hombres, que tienen tiempos fijos para practicar deporte o ver televisión”.

Un cierre positivo de este texto es que a partir del 1 de diciembre echará a andar el programa Jóvenes Construyendo el Futuro (JCF, uno de los 25 programas estratégicos que operarán en el sexenio 2019-24). Este programa implica becas para la capacitación en el trabajo, con el método de aprender haciendo, y aspira atender a la totalidad de jóvenes que censalmente se tienen identificados como desocupados y disponibles para laborar, esto es 2 millones 300 mil. Dada la mayor practicidad, el grueso de estas becas se colocarán vía empresas de todo tamaño (que obviamente operan en centros urbanos), pero se tiene contemplado que una parte específica, un 20% del presupuesto del programa, se aplique vía programas e instancias gubernamentales, lo cual abre oportunidades para el medio rural, por ejemplo con el programa público, que también iniciará ya, Sembrando Vida, de siembra de árboles maderables y frutales. Rimisp, por medio del GDR está incidiendo, con información y detalle de la juventud rural, en decisiones de JCF. El programa da una señal optimista.

La Agenda de investigación e incidencia de Rimisp en México para 2019 se conforma de cuatro puntos: 1.- Caracterización de los jóvenes rurales en México (énfasis en diferencias de género y territoriales); 2.- Articulación entre distintos esfuerzos de política pública (e.g. Jóvenes Construyendo el Futuro y programa de extensionismo); 3.- Insumos para la focalización de esfuerzos de política pública (e.g. criterios de elegibilidad), y 4.- Mecanismos de seguimiento y evaluación.