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Inclusión Social y Desarrollo

Editorial

Inclusión de las juventudes rurales y desarrollo territorial: una agenda en curso

3 septiembre, 2018

Por: Juan Fernández

Investigador 


El pasado 12 de agosto se conmemoró el Día Internacional de la juventud, declarado por Naciones Unidas con el objetivo de mejorar la situación de los y las jóvenes y promover su desarrollo integral.

 

En América Latina aproximadamente el 20% total de la población es joven (entre 15 y 29 años), es decir, unos 140 millones de personas, de los cuales 31 millones vive en zonas rurales. Estas cifras representan un “bono demográfico”, pues significa la posibilidad de aprovechar un potencial de población activa que puede aportar al crecimiento económico y a la expansión de la creatividad de las sociedades. Sin embargo, esa ventana demográfica se va cerrando y el panorama actual exige actuar rápido, especialmente en cuanto a los jóvenes rurales.

Los jóvenes rurales de hoy son más educados que sus padres, están más conectados con el mundo (uso de nuevas tecnologías), tienen acceso a participar de actividades económicas agrícolas y no agrícolas y se mueven más fácilmente entre lo urbano y lo rural. Sin embargo, gozan de menos oportunidades de desarrollo que sus pares urbanos y enfrentan “cadenas limitantes”: experimentan mayor abandono escolar, menor acceso a educación superior, más embarazo adolescente y las reducidas oportunidades laborales que les ofrece su contexto no les permiten desplegar su potencial.

En Rimisp trabajamos con una estrategia de diálogo de políticas, que busca mejorar el conocimiento y la comprensión acerca de las dinámicas de generación de ingresos de los jóvenes rurales a nivel territorial y conocer cuáles son los marcos institucionales, políticas y presupuestos dirigidos a este grupo. Desde los Grupos de Diálogo Rural (GDR) estamos promoviendo una mayor inclusión económica de la juventud rural a través de una mejor comprensión del fenómeno, de la generación de espacios inclusivos de diálogo de políticas y de la realización de propuestas a los gobiernos en Ecuador, Colombia, Perú y México.

En esta edición recorremos la realidad y situación actual de los jóvenes rurales de México, Colombia, Ecuador y Chile.

César Suárez, investigador de Rimisp en la Oficina para México y Centroamérica,  realiza un análisis basado en las propuestas que impulsa el equipo de gobierno federal entrante y una recopilación de políticas a favor de la juventud que se aplican o se han aplicado en diversas regiones del mundo. El documento fue generado en el marco de las deliberaciones de co-convocantes del Grupo de Diálogo Rural México (GDR), donde el tema central es juventudes rurales, y sirve de insumo de análisis y guía para este Grupo.

Por su parte, desde el GDR Colombia se presenta un diagnóstico de la juventud rural en cuanto a brechas de género, especialmente en los ámbitos educativo y de generación de ingresos. Las mujeres jóvenes participan menos que los hombres en el mercado laboral, acceden menos a empleos formales y sus ingresos laborales son más bajos. A ello contribuyen las altas tasas de embarazo adolescente en el medio rural y la relevancia de la dedicación a actividades no remuneradas en el hogar. Para promover la equidad y el desarrollo de las juventudes, las políticas públicas deben abordar esta realidad.

Desde Ecuador Teresa Quizhpe, emprendedora de la serranía ecuatoriana y vice-coordinadora de la Red Nacional de Jóvenes Emprendedores Rurales (RENAJER) cree que los jóvenes rurales pueden evidenciar la importancia de la ruralidad. Son 1,5 millones de jóvenes, entre los 15 y los 29 años que viven en las zonas rurales del Ecuador y su existencia está marcada por condiciones mucho más difíciles que las de sus pares urbanos, pero también por el deseo de cumplir sus sueños y mejorar su situación. Desde su experiencia hace un llamado a revalorizar el campo y a que se promueva el aporte que pueden hacer los jóvenes en las zonas rurales, compartiendo sus conocimientos en las comunidades y ayudando a la seguridad alimentaria.

En Chile, se vive un recambio generacional en las zonas rurales y rural-urbanas con jóvenes que tienen una escolaridad mayor que sus padres y abuelos, lo que ha generado un razonable aumento de expectativas respecto del trabajo, tanto desde el punto de vista de desarrollo profesional como de las remuneraciones. Ante las expectativas frustradas por una oferta que no posibilita una movilización ascendente y una trayectoria fragmentada y sentida como transitoria, se han implementado desde la institucionalidad pública acciones como las Mesas Jóvenes Rurales que buscan reconocer y generar los instrumentos para promover la permanencia de los jóvenes rurales en la agricultura familiar campesina.