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México

Escasa oportunidad en el agro afecta a la mujer rural

10 diciembre, 2018

Talleres realizados por Rimisp, en convenio con la Secretaría de Agricultura y COFUPRO, mostraron la percepción que tienen las mujeres en el ámbito rural en cuanto al trabajo que realizan en casa y en el campo; para ellas predomina la falta de remuneración y el apoyo escaso; estrategia de política pública debe tender a corregir esto.


En las tres décadas recientes la mujer rural ha avanzado de forma significativa en la titularidad de la tierra. Al inicio de los años 80s del siglo pasado su participación en este aspecto apenas rebasaba el 1% y ahora casi llega a 18%. Así, un millón 877 mil mujeres son dueñas de tierra rural en el país (701 mil son ejidatarias, 201 mil son comuneras y 318 mil están en régimen de propiedad privada).

En septiembre pasado, la representación de Rimisp en México estableció un convenio con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA, institución que a partir de diciembre, con el nuevo gobierno federal, cambia de nombre a Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, SADER) y con la Coordinadora de Fundaciones PRODUCE (COFUPRO), cuyo objetivo es establecer un Modelo de Intervención de Extensionismo y Desarrollo de Capacidades para Pequeños y Medianos Productores,para apoyar sus procesos de innovación tecnológica en la producción y otras actividades, y en ese marco se determinó también “avanzar en la incorporación de la perspectiva de género”, reconociendo la importancia de la labor de la mujer.

El convenio implicó la realización de sendos talleres, planeados, coordinados y realizados por Rimisp, en ocho estados de la República del centro, sur y occidente, donde predominan las y los pequeños y medianos productores (con menos de 20 hectáreas, y la mayoría con menos de cinco): Morelos, Guerrero, Puebla, Chiapas, Nayarit, Jalisco, Guanajuato y Michoacán.

Los talleres sirvieron para conocer la visión que tienen del campo los productores varones, las y los jóvenes y las mujeres. Los talleres se dividieron en esos tres bloques (con 159 personas en el primer caso, 83 en el segundo y 76 en el caso de mujeres).

El informe de resultados de los talleres de mujeres reveló entre sus principales resultados que:

  • Las mujeres tienen una participación más activa en el ámbito público en comparación con las generaciones de sus madres y abuelas.
  • Es considerable el número de mujeres que incursionan en las actividades productivas, pero ello no ha redundado en una disminución de actividades no remuneradas relacionadas con el cuidado de niños, enfermos y ancianos; la preparación de alimentos, y la limpieza del hogar.
  • El trabajo del día a día y las funciones domésticas son percibidas en la mayoría de los casos como inseparables y con una carga emocional muy fuerte, dado que se consideran fundamentales para ayudar a la familia.
  • Las mujeres carecen de un “tiempo libre” que puedan dedicar al ocio y al esparcimiento.
  • En cuanto al campo, las funciones que, dijeron, puede realizar la mujer son esencialmente las mismas en comparación con lo que hace el hombre, aunque se descartan aquellas que implican fuerza, como cargar bultos pesados o desplazar objetos voluminosos como equipo de pesticidas.
  • Las actividades de campo que mencionan las mujeres como propias son la preparación de la tierra y la recolección. “Se observa un grado medio de participación de las mujeres en las actividades agrícolas, aunque la mayoría de las veces su participación no incluye una remuneración”, señala el informe.
  • A las mujeres sí les interesan las actividades en el campo. Generalmente las mujeres que se dedican al agro lo hacen porque hay una tradición familiar y recibieron la tierra de sus padres. Hay mujeres que quisieran realizar actividades agrícolas pero dicen no contar con recursos o facilidades para adquirir tierras.
  • Las mujeres se auto-perciben con alto grado de compromiso, y a veces no se sienten lo suficientemente apoyadas en su trabajo, mismo que califican de “muy cansado” tanto en el campo como en el hogar.
  • Quisieran recibir apoyo pero no lo encuentran suficientemente. El apoyo que reciben, cuando lo reciben, proviene de grupos pequeños, ya sea de familiares cercanos, amigas o vecinas que “echan la mano” en caso de eventualidades.
  • A las mujeres les gusta la crianza de animales de traspatio (gallinas, cerdos, becerros), ya que además de ser una opción de obtención de dinero en efectivo, por la venta de carne y huevos, es un pasatiempo; por lo tanto, les gustaría contar con apoyos para ejecutar estas actividades. Esto representa una oportunidad de que estas actividades se practiquen no sólo a nivel de traspatio, sino con miras a un desarrollo micro-comercial que se acompañe con un trabajo de asesoría y capacitación.
  • Aunque las mujeres han avanzado como titulares de las tierras, persiste la brecha respecto de los hombres, pues hay una tradición familiar de heredar a los hijos varones. Y son pocas las mujeres que buscan obtener tierras a través de la compra.
  • El acceso a los créditos se percibe como una cuerda floja. Por un lado, puede traducirse como un endeudamiento, a menos que se tenga la certeza de la capacidad de pago para hacer frente al pago; por el otro, no observan opciones accesibles a ellas para obtener créditos, por ejemplo, en la banca comercial.
  • Las mujeres no tienen acceso a servicios financieros adecuados. Si requieren un crédito acuden con la familia como primera opción, después con amigos y por último con prestamistas.
  • El grado de participación de las mujeres en el liderazgo de organizaciones civiles o campesinas es muy bajo, pero refirieren como habilidades propias de la mujer el saber administrar mejor y hacer las tareas de forma más cuidadosa que los hombres. Por lo tanto se consideran aptas para asumir puestos directivos. Sólo en Chiapas y en Morelos se encontró la participación de mujeres en organizaciones productivas. En el resto de los estados visitados la participación de las mujeres se reduce a grupos religiosos o de organización de tandas.
  • Las mujeres que se dedican de lleno a las actividades del campo sí han logrado acceder a puestos dentro de organizaciones productivas, lo que les permite conocer el tipo de programas y apoyos a los que pueden acceder tanto como organización como a nivel comunitario.

Para Rimisp, SAGARPA/SADER y COFUPRO, esta información resulta base para el diseño e implementación de acciones, en el marco del convenio de Extensionismo. En el caso particular de la perspectiva de género, sirve para involucrar a las mujeres en la atención desde la gestión de extensionismo y asistencia técnica, con una comprensión de parte de la política pública y de los agentes técnicos de la multiactividad agotadora que realizan ellas, de los esfuerzos mayores que deben hacer respecto de sus pares hombres para acceder y trabajar la tierra y para tener disponibles crédito, seguros, mecanismos de comercialización, tecnología, etcétera. Esto es un reto importante para Rimisp.

Cabe recordar que, en el marco del lanzamiento del Observatorio de Género”Mujeres y Territorios”, de Rimisp, a finales de septiembre pasado, Ximena Andión, directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, participó junto con Celeste Molina, de Rimisp México, en una charla transmitida por Facebook Live.Andión dijo entonces que tanto en el medio urbano como en el rural las mujeres trabajan más horas que los hombres en la sumatoria de las labores dentro y fuera del hogar y “no hay un reconocimiento en los modelos económicos de que el trabajo doméstico y de cuidados es importantísimo para la reproducción social […]”.

En cuanto a las mujeres rurales específicamente, la directora del ILSB dijo que hay fenómenos específicos que complican la situación: la migración nacional e internacional; el hecho de que las familias rurales han pasado de ser productoras a ser consumidoras, y la violencia, ya que han muerto y desaparecido muchos hombres. En ese contexto, las mujeres rurales están asumiendo tareas mucho más amplias, tanto en el trabajo no remunerado, como la labor del traspatio, adicional al trabajo doméstico y de cuidados, y a partir de la migración de los hombres, han ocupado espacios a nivel comunitario y de toma de decisiones.

El trabajo para la mujer rural es extenuante, poco reconocido y mal o nulamente pagado, coinciden los resultados de los talleres organizados por Rimisp y lo dicho por Ximena Andión.