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The Food and Agriculture Organization (FAO)

“En un mundo dominado por hombres, las mujeres rurales permanecen ocultas entre estereotipos de género, números y folios”

3 noviembre, 2018

Carolina Maturana, consultora regional en políticas públicas de la FAO y responsable de la campaña “Mujeres rurales, mujeres con derechos” se refirió a la urgencia de dar a las mujeres las mismas oportunidades que los hombres para que los procesos de desarrollo en el mundo rural no dejen a nadie atrás.  Además, valoró el lanzamiento del nuevo Observatorio de Género, Mujeres y Territorios de Rimisp, y destacó el rol de las jóvenes rurales de Latinoamérica en los procesos de empoderamiento de sus comunidades .


Conversamos con Carolina Maturana, consultora regional en políticas públicas de la FAO, responsable de la campaña “Mujeres rurales, mujeres con derechos”. La encargada de posicionar el tema en Latinoamérica dijo que: “Las mujeres necesitan las mismas oportunidades que los hombres para que los procesos de desarrollo en el mundo rural no dejen a nadie atrás. Porque en realidad no podemos hablar de desarrollo si la mitad de la población permanece relegada en la invisibilización y dependencia económica, social y simbólica”.

Maturana, además, se refirió al lanzamiento del nuevo Observatorio de Género, Mujeres y Territorios de Rimisp, y al rol de las jóvenes rurales de Latinoamérica en los procesos de empoderamiento de sus comunidades .

¿Cómo es el escenario en el que hoy se desenvuelven las mujeres rurales en Latinoamérica? 

Aunque nuestra región ha mostrado importantes avances en las últimas décadas, en la reducción de la brecha de género, la desigualdad todavía es una constante en las vidas de millones de mujeres rurales.

Desde la poca valoración de su trabajo hasta la mínima participación en la toma de decisiones, las mujeres se enfrentan a constantes obstáculos que les impiden desarrollar todo su potencial.

Por ejemplo, sabemos que la división sexual del trabajo sobrecarga a las mujeres rurales, dejándolas sin tiempo ni energía para sí mismas. Y es que son ellas quienes se hacen cargo de trabajo no remunerado como la educación, el cuidado y la alimentación de sus hijos.

Además, en comparación con los hombres, las mujeres rurales tienen un menor acceso a recursos y servicios productivos como tierra, agua y capacitación. En el caso de las mujeres indígenas y afrodescendientes rurales, la situación es todavía más injusta.

Esto se suma a una situación de invisibilidad del trabajo que las mujeres realizan en las actividades productivas y domésticas, pues las encuestas de hogares y censos agropecuarios continúan sin registrarlo adecuadamente.

Esta invisibilidad se profundiza en el caso de las mujeres afro, pues varios países de la región siguen sin registrar adecuadamente a sus poblaciones afrodescendientes.

¿Cuáles son sus principales obstáculos a la hora de desarrollarse íntegramente en la sociedad? 

En suma, los desafíos que enfrentan las mujeres rurales se originan en la falta de autonomía.

En el campo, las niñas, las jóvenes y las mujeres tienen una mínima autonomía física. Es decir, suelen no poder tomar decisiones ni sobre sí mismas, en aspectos básicos como la salud sexual y reproductiva. Y también son más vulnerables a la violencia de género.

Además, las mujeres pocas veces tienen autonomía económica: Cuando dedican su tiempo a trabajos domésticos, no reciben remuneración; y cuando participan en actividades productivas, no consiguen los mismos beneficios que los hombres.

Tampoco tienen una situación fácil para relacionarse con instituciones bancarias y otras entidades que podrían financiar sus pequeños emprendimientos.

La falta de autonomía se completa cuando las mujeres rurales no son escuchadas en los procesos de toma de decisiones de sus familias y comunidades. Así pues, en un mundo dominado por hombres, las mujeres rurales permanecen ocultas entre estereotipos de género, números y folios.

Por qué se instala la frase “mujeres rurales, mujeres con derechos” en la última campaña elaborada por FAO? , ¿Por qué se decide visibilizar esa arista? 

Las mujeres necesitan las mismas oportunidades que los hombres para que los procesos de desarrollo en el mundo rural no dejen a nadie atrás. Porque en realidad no podemos hablar de desarrollo si la mitad de la población permanece relegada en la invisibilización y dependencia económica, social y simbólica.

Por eso es que en la FAO creemos en la premisa de que solamente lograremos el desarrollo sostenible si las mujeres rurales pueden ejercer todos sus derechos.

Las mujeres necesitan que se respeten sus derechos al trabajo decente, a una vida libre de violencia, a la autonomía, a la autorrealización, a la autodeterminación, a la alimentación saludable, a la educación de calidad, a la salud, entre otros tantos, porque sin derechos, las mujeres no tienen garantía de nada. Y todos perdemos.

Porque garantizar mejores condiciones de vida para las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes no sólo es lo correcto, también es fundamental si queremos cumplir con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Y es que las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes han sido, hasta ahora, nuestras aliadas ignoradas en la lucha contra el hambre y la pobreza. Por eso es urgente cambiar esta situación, porque no habrá desarrollo sostenible si primero no eliminamos las desigualdades entre hombres y mujeres en el mundo rural.

Esa es la razón por la cual la FAO, en conjunto con ONU Mujeres, CAC/SICA, REAF Mercosur, la Secretaría Especial de Desarrollo Agrario de Brasil y la Dirección General de Desarrollo Rural de Uruguay, lleva a cabo la Campaña regional por la autonomía plena de las mujeres rurales e indígenas de América Latina y el Caribe, bajo el eslogan #MujeresRurales, mujeres con derechos.

¿Cuál es el rol que la FAO juega hoy para contribuir a la visibilización y al empoderamiento de las mujeres rurales de la región? 

La FAO tiene una política de igualdad de género para cumplir con su mandato principal de lograr el hambre cero hacia el año 2030. Todos sus proyectos y estudios atienden a una serie de estándares mínimos para reducir la brecha de género.

Asimismo, la Organización trabaja con los países para que las mujeres participen como tomadoras de decisiones en las instituciones rurales y la formulación de leyes, políticas y programas.

Actualmente la FAO se dedica a la implementación territorial de la Estrategia de Género del Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre 2025 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

El objetivo es que las acciones cuenten con la participación de las mujeres y asimismo, atiendan las particularidades de las mujeres en las distintas esferas de la seguridad alimentaria y nutricional.

En cuanto al desarrollo rural, la FAO tiene la tarea de contribuir a la mejora de estadísticas desagregadas por sexo para guiar la inclusión del enfoque de género en las políticas públicas de la región. Algunas de las áreas prioritarias son el acceso al mercado laboral, la reducción del trabajo no remunerado, el acceso a recursos productivos y la promoción del liderazgo femenino en las comunidades rurales.

La FAO también trabaja en la inclusión del enfoque de género en las estrategias de adaptación al cambio climático y de gestión de riesgos de desastres.

Para estas áreas de acción prioritaria es clave la difusión de conocimiento. Por eso la FAO se dedica también a compartir buenas prácticas y lecciones aprendidas, así como metodologías, como la GRAST, que permite calibrar la incorporación del enfoque género en los servicios de extensión rural.

A la difusión de conocimiento técnico, la Organización suma la promoción de diálogos de políticas públicas en todos los niveles: desde los procesos locales de toma de decisiones hasta foros internacionales de alto nivel.

La FAO también cree en el poder transformador de las historias positivas de empoderamiento de mujeres rurales. Por eso es que #MujeresRurales, mujeres con derechos – Campaña regional por la autonomía plena de las mujeres rurales e indígenas de América Latina y el Caribe, tiene un componente dedicado a historias que pueden inspirar a otras mujeres rurales, así como a los distintos actores relacionados con el desarrollo rural.

Jóvenes rurales, mujeres y territorios y la articulación Rimisp y FAO

¿Qué rol crees que juegan hoy las mujeres rurales más jóvenes en los procesos de participación política?

Las mujeres jóvenes rurales son clave para el futuro del campo. Diversos acuerdos y compromisos internacionales han señalado el papel central de la juventud para la consecución de un modelo de desarrollo que beneficie a todas las personas.

En el mundo rural, se trata de una premisa y, al mismo tiempo, de un desafío, porque las expectativas de vida de los jóvenes rurales no necesariamente son las mismas que las de sus padres.

Desde la mirada de los derechos humanos, las mujeres y hombres jóvenes no sólo son sujetos de derechos y obligaciones, también son potenciales agentes de cambio para sus comunidades, porque de su involucramiento efectivo depende el éxito de diversas políticas de desarrollo social y el traspaso generacional del desarrollo.

Desde una mirada económica, son los jóvenes quienes pueden dinamizar las actividades productivas rurales y sostener el crecimiento económico en el campo. Por eso, invertir en la juventud rural es una apuesta segura.

Pero aún queda mucho por hacer para incluir a las jóvenes rurales.

A diferencia de los hombres, las mujeres jóvenes se hacen cargo de responsabilidades adicionales como el trabajo doméstico y de cuidados. En consecuencia, tienden a trabajar más horas en total, pero menos horas remuneradas.

De hecho, su implicación en el trabajo doméstico hace que sea alta su proporción entre aquellos que no estudian ni trabajan. Una problemática asociada a esta situación es que, debido a la falta de ingresos y recursos productivos propios, las jóvenes viven una fuerte dependencia del padre o su pareja, lo que resulta en muchos casos en situaciones de control y abuso de poder.

Las jóvenes rurales también necesitan que en sus comunidades se discutan abiertamente temas que las afectan de manera directa, como las desigualdades de género y la violencia sexual y reproductiva, entre otras situaciones que les impiden vivir en plena autonomía.

Por esta razón es urgente generar, mediante políticas de atención específica, oportunidades para que las jóvenes se involucren en actividades económicas con mayor autonomía, para que así puedan formar parte de otros procesos de desarrollo rural.

¿Cómo consideras que puede aportar el recién lanzado Observatorio de Género Mujeres y Territorios de Rimisp? 

El observatorio de género de Rimisp aporta claramente en señalar que la brecha de género tiene múltiples manifestaciones y efectos en los territorios rurales de nuestra región. Su información actualizada nos permite constatar que aún hay mucho por hacer.

Pero también nos adelanta los caminos que debemos tender para reducir las desigualdades que diariamente enfrentan las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes.

Con esta información valiosa en las manos, sobre desigualdad en el acceso al empleo decente, al trabajo remunerado, a la capacitación y los recursos productivos, es posible fundamentar la formulación de políticas específicas para las mujeres, considerando sus particularidades: j