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Conflictos Socio-Territoriales

El ordenamiento territorial y la articulación Nación-territorio: muchos intereses y un solo territorio

25 marzo, 2019

Así se titula el capítulo del libro escrito por Ángela María Penagos Concha, directora de la oficina de Rimisp en Colombia. En él hace una reflexión y una serie de recomendaciones sobre cómo la configuración del territorio desde una perspectiva funcional puede ser la puerta de entrada para avanzar en un desarrollo con cohesión territorial.


En el marco del proyecto “Calidad Institucional: Fundamento del desarrollo económico y el progreso social”, el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga y la Fundación Konrad Adenauer convocaron una serie de mesas de trabajo integradas por funcionarios públicos, líderes gremiales, académicos, formadores  de opinión y representantes de diversas organizaciones para realizar el diálogo colectivo sobre la calidad de las instituciones colombianas e identificar los cuellos de botella y oportunidades en torno a tres ejes fundamentales: la calidad normativa y la seguridad jurídica; la calidad de la acción gubernamental; y las implicaciones y los desafíos políticos y económicos del post-acuerdo.

Las reflexiones de esta iniciativa están plasmadas en el libro “Calidad Institucional: Fundamento del desarrollo económico y el progreso social”. En él, Ángela Penagos, directora de la Oficina de Rimisp en Colombia participa como autora del capítulo 6: “El ordenamiento territorial y la articulación Nación-territorio: muchos intereses y un solo territorio”.

Este documento realiza una reflexión sobre cómo la configuración del territorio, desde una perspectiva funcional puede ser una puerta de entrada para avanzar en una mayor cohesión territorial. Para ello, su reflexión se concentra en el rol del ordenamiento territorial y en la modificación de las estructuras e instituciones que favorecen los desbalances territoriales que profundizan aún más las condiciones de rezago, especialmente en las zonas más alejadas y rurales.

Afirma que la desigualdad territorial no es un tema menor y debe ser una preocupación de los gobiernos nacionales, territoriales y locales por cuanto los desbalances que se presentan en los territorios ameritan considerar elementos muy propios de los territorios y sus comunidades. Según Penagos, uno de los elementos centrales para abordar esta problemática se encuentra en el ordenamiento territorial. “Ordenar el uso del suelo de una manera funcional para el desarrollo, permite configurar un modelo de ocupación más sostenible para favorecer la conectividad entre territorios a través de diversos flujos que permitan a sus pobladores contar con más oportunidades para realizarse como individuos y ciudadanos” señala en el libro.

Para realizar un análisis de esta situación, presenta una descripción conceptual de lo que es el desarrollo territorial, el ordenamiento territorial y la funcionalidad territorial.

El desarrollo territorial parte por reconocer que los territorios presentan un conjunto de desequilibrios espaciales asociados a factores sociales, económicos e institucionales que perpetúan las desigualdades y limitan los procesos integradores de mercados y la convergencia regional. Para revertir esta situación, afirma que se requieren dinámicas de desarrollo territorial que apunten a procesos de transformación productiva, social e institucional y promover dinámicas en las que el crecimiento económico este acompañado de reducciones en los niveles de pobreza y desigualdad.

En este sentido enfatiza que el ordenamiento territorial se convierte en una herramienta poderosa para avanzar en estos procesos de transformación. “El ordenamiento debe apuntar a la armonización de las dimensiones social, institucional, biofísica y productiva del territorio, con el propósito de equiparar las condiciones básicas de desarrollo y la solución de los conflictos que se presentan frente al uso del suelo por la superposición de estas dimensiones y de las decisiones de política en todos los niveles de la institucionalidad” afirma Penagos.

Los procesos de ordenamiento territorial se apalancan en el reconocimiento de la funcionalidad territorial para aprovechar e impulsar los vínculos entre áreas rurales, periurbanas y urbanas, de tal forma que plasmen en herramientas de planeación supramunicipales para lograr ampliar su impacto.

Seguidamente, presenta un diagnóstico de la situación en Colombia respecto a cómo la enorme desigualdad territorial puede estar relacionada con la baja capacidad de avanzar en un modelo eficiente de ocupación del territorio que responda a un proceso funcional de ordenamiento territorial. Así mismo, describe el desorden normativo existente y presenta las limitaciones que genera el modelo institucional y de coordinación para realizar una gestión eficiente en términos de una ocupación del territorio más funcional.

Finalmente, presenta algunas recomendaciones para superar estos desafíos. “Dentro del proceso de ordenamiento territorial, es necesario incentivar y promover la adopción de las innovaciones para el componente rural del POT que viene proponiendo el Departamento Nacional de Planeación a través del Programa POT Modernos. Es necesario, entonces, fortalecer los vínculos urbano–rurales, incorporar la visión regional dentro del proceso de ordenamiento, y así conectar y aprovechar las interdependencias”, señala.

Así mismo, enfatiza que Colombia tiene la ventaja de contar con un número importante de pequeñas y medianas ciudades que pueden convertirse en nodos dinamizadores, especialmente de zonas rezagadas, por lo cual, se deben concretar modelos de ocupación regional funcional que fortalezcan los núcleos urbanos intermedios y pequeños. Para ello resalta que la configuración del suelo y la disposición de sus usos consideren la importancia de ubicar infraestructura, equipamiento de servicios públicos y, en general, bienes públicos que conecten zonas urbanas y rurales. “Avanzar en ello implica que, desde el Gobierno Nacional y a través de los mecanismos de asignación de las inversiones, se deben favorecer proyectos que contribuyan a generar estas funcionalidades y, a través de los diferentes mecanismos de planeación territorial, buscar la coherencia y complementariedad de estas intervenciones”, afirma en el documento.

Sumado a lo anterior, señala que el mecanismo ideal para garantizar la gestión de las interconexiones urbano-rurales, rurales y entre territorios es la asociatividad territorial.

“Finalmente, y no menos importante, es necesario modernizar las fases de gestión pública (planeación, programación presupuestal, ejecución y seguimiento) en la implementación de planes de desarrollo y de instrumentos del ordenamiento territorial. Particularmente se debe lograr la coherencia y articulación de todos los instrumentos de planeación, incorporando explícitamente en cada uno de ellos los programas y proyectos que se harán de forma conjunta para avanzar en una mayor funcionalidad territorial”, concluye Ángela Penagos.

Para conocer los detalles de esta reflexión, consulte el libro aquí