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Inclusión Social y Desarrollo

Desigualdad ciudad-campo

GDR México: Juventud rural, sus aspiraciones y expectativas

12 diciembre, 2017

La reunión contó con representativos del campo y de jóvenes rurales, académicos, legisladores, autoridades estatales y federales y de organismos internacionales.


Con una participación de más de más de 60 personas –de organizaciones sociales, entre ellos representativos del campo y de jóvenes rurales; académicos; legisladores; autoridades estatales y federales, y de organismos internacionales– el pasado 30 de noviembre inició trabajos el Grupo de Diálogo Rural México (GDR México), apoyado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

El enfoque principal del GDR México es la juventud rural, sus aspiraciones y expectativas, y el objetivo del Grupo –que sesionará durante 2018 y 2019– es impulsar el diálogo entre los diversos sectores de la sociedad, incluido el gobierno, con miras a incidir en las decisiones de política pública a fin de mejorar las condiciones y oportunidades de desarrollo de este grupo de la población, el cual hoy por hoy enfrenta desventajas y potenciales desaprovechados.

En el auditorio “Raúl Prebisch” de la Sede Subregional de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en México, este 30 de noviembre el GDR México realizó su primera reunión formal, y allí el Secretario Técnico del Grupo, Jorge Romero León, presentó el Diagnóstico de la juventud rural en México y acciones para atenderles, documento que fue preparado y afinado a lo largo de varias reuniones previas realizadas desde marzo pasado por los co-convocantes del Grupo, que son la propia Sede Subregional de la CEPAL, la Cátedra de Dinámicas Territoriales y Bienestar de la Universidad Iberoamericana, el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, y cuatro organizaciones de la sociedad civil: el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, México Social, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias y Oxfam México, además, por supuesto, de Rimisp.

El Diagnóstico ofrece una revisión del perfil socio-demográfico de las y los jóvenes rurales de México y los problemas que enfrentan. E incluye nueve apartados: pobreza, situación civil, vida sexual de las mujeres, educación, condiciones de empleo, afiliación a regímenes de salud, migración, violencia y participación social y política.

Destaca que, en términos normativos y programáticos —es decir, desde la perspectiva de las políticas públicas— la juventud rural del país no es ampliamente reconocida como grupo de población objetivo, con excepción de un par de programas de apoyo con escaso impacto. La juventud rural se beneficia sólo de manera limitada e indirecta tanto de marcos regulatorios, como de políticas públicas y asignaciones presupuestales, ya sea en su calidad de jóvenes o de integrantes de poblaciones rurales, pero no como un grupo determinado e identificado.

Según la Encuesta Intercensal 2015, en México viven 37 millones y medio de jóvenes; 49.3% de ellos son hombres y 51.7% son mujeres. Si tomamos como zonas rurales las que tienen menos de 2 mil 500 habitantes (como hace el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, INEGI), 27 millones y medio de personas viven en estas localidades, y ahí habitan 8 millones y medio de jóvenes entre 12 y 29 años (es decir, 30% de su población, o el 6.5% de la población total del país). Si consideramos como zona rural a la población que habita en localidades de 15 mil habitantes o menos (lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, y otros llaman localidades semi-urbanas), 45 millones de personas viven en zonas rurales, y de éstas 14 millones son jóvenes entre 12 y 29 años (también aproximadamente 30% de la población en estas localidades, que representan el 11.5% de la población del país).

El Diagnóstico destaca que la desigualdad social ciudad-campo, norte-sur, es algo que atañe y afecta negativamente a los jóvenes. Mientras que 39.2% de la población urbana se encuentra en pobreza y 4.7% está en pobreza extrema, 65% de la población rural se encuentra en pobreza y una cuarta parte de ella sufre pobreza extrema. En el sur-sureste y en las poblaciones indígenas es donde se concentra la pobreza y particularmente la pobreza extrema.

Bajo la pregunta “¿qué hacen los jóvenes”, el ST del GDR México señaló que, “casi el 40% de quienes viven en localidades de hasta 15 mil habitantes solo estudia, lo cual es similar a las zonas urbanas. Pero el porcentaje de las y los jóvenes que no estudian ni trabajan es mayor en el medio rural que en el urbano”. El 9.5% de las personas de 20 a 24 años de edad rurales están en esta condición, contra 7% en el medio urbano; en el rango de 25 a 29 años de edad es 8.8% contra 6.7%, y de 15 a 19 años, 6.3% contra 4.1%. En el ámbito rural profundo (localidades con menos de 2 mil 500 habitantes) los jóvenes que no estudian ni trabajan suman más: el 25.2% de las mujeres y 7.6% de los hombres, en comparación con el ámbito urbano, donde los porcentajes en este rubro son 14.3% en mujeres y 4.8% en hombres.

En cuanto a condiciones de empleo, el Diagnóstico destaca que hay una marcada disparidad en oportunidades por sexo. La población económicamente activa está conformada en gran parte por hombres; de las mujeres que no trabajan, un gran porcentaje tampoco estudia, los salarios suelen ser discriminativos y las mujeres están excluidas de varias ocupaciones. En las comunidades rurales aisladas (con menos de 2 mil 500 habitantes), una importante proporción de jóvenes entre 15 y 19 años deja de estudiar y se incorporan al trabajo no remunerado (0.9%) o a trabajar como peones o jornaleros (1.5%), grupos que crecen en proporción cuando pasamos de la ciudad al campo y que pueden no implicar un incremento en su calidad de vida a largo plazo, pues han abandonado sus estudios por actividades que no van a mejorar su ingreso futuro. Por necesidad. Alrededor del 8.8% de los jóvenes de 15 a 19 en comunidades rurales aisladas no estudia ni trabaja.

En materia de educación, el Diagnóstico señala que la escolaridad y las expectativas de avance de las y los jóvenes aumentan conforme su residencia es más urbana. En general, el promedio de años de escolaridad de las mujeres es más alto que hombres. En zonas rurales de menos de 2 mil 500 habitantes, la expectativa es que los jóvenes terminen por lo menos la primaria. En localidades con menos de 15 mil habitantes se espera que terminen también la secundaria.

Asimismo, se observa que los niveles de calidad educativa son bajos. El sector rural está rezagado en la producción de alumnos de excelencia. En comunidades con menos de 2 mil 500 habitantes, el porcentaje de jóvenes con resultados de excelencia en la prueba ENLACE es de 4% en español y 11.1% en matemáticas, y para poblaciones con menos de 15 mil habitantes, los datos son de 4.7% y 9.8%, respectivamente. Ello contrasta con 6.1% y 15.1% en el medio urbano.

De igual forma, el analfabetismo (en general, no específico de jóvenes) está acentuado en el medio rural, y particularmente entre la población indígena y afrodescendiente. En localidades con menos de 2 mil 500 habitantes, el 2% de los hombres y 1.5% de las mujeres son analfabetas (lo cual sube a 4.4% y 6.1% en población indígena). En poblaciones con menos de 15 mil habitantes los porcentajes son 1.3% y 0.9%, respectivamente (con 3.0% y 3.8% en población indígena). En cambio en el medio urbano 0.6% de los hombres y 0.4% de las mujeres son analfabetas (con 1.4% y 1.6% para el caso de indígenas).

Por otro lado el Diagnóstico señala que la migración rural al extranjero registra menores índices en el medio rural que en el urbano. El 6.3% de la población de comunidades menores a 15 mil habitantes migra internamente (dentro del país) y 0.5% lo hace al exterior. Los datos para población urbana son 7.7% y 0.4%. La migración se puede entender como la falta de oportunidades en el lugar en que se vive. Los jóvenes rurales tienden a buscar oportunidades en el extranjero. En cambio, los jóvenes urbanos se desplazan dentro del país señala el documento.

En materia de violencia, destaca que hay una mayor proporción de homicidios de mujeres asesinadas en zonas rurales con menos de 2 mil 500 habitantes, en comparación con poblaciones de hasta 15 mil y de localidades urbanas.

Un hallazgo importante del Diagnóstico en la revisión de políticas públicas es que existen componentes aislados de programas (por ejemplo el denominado Arráigate, de la Secretaría de Agricultura) con baja cobertura y cuyos efectos no han sido evaluados. Otros apoyos productivos –de PROSPERA, del Instituto Nacional de Economía Social (INAES) y del Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM)– prometen, pero tienen recursos limitados y no se sabe si llegan a las y los jóvenes. Asimismo, falta coordinación entre los apoyos que requiere la juventud a lo largo de su vida (en educación, para incorporarse al mercado laboral, emprendimiento donde la inclusión laboral es limitada, entre otros). Por último, la cobertura rural de programas laborales y de emprendimiento es casi nula.

Las recomendaciones que hace el Diagnóstico para fortalecer las acciones y programas de atención a las y los jóvenes rurales son:

  1. Hay que integrar plenamente en las acciones y programas de política pública del Estado mexicano el concepto de ciclo de vida y trabajar desde ahí en la desigualdad específica que enfrentan niñas, niños y jóvenes en el ámbito rural (incluyendo comunidades rurales aisladas e intermedias).
  2. Ampliar las funciones y el margen presupuestario de las acciones para fortalecer la infraestructura educativa, los programas que trabajan con jóvenes (particularmente los del Instituto Mexicano de la Juventud, IMJUVE) y que dirigen programas de fomento productivo a jóvenes (los cinco programas identificados en el anexo 17 del Presupuesto de Egresos de la Federación). En todos los casos, los presupuestos son muy bajos en relación con las necesidades.

El documento también hace recomendaciones en materia de información, estadística socio demográfica y bases de datos.

Jorge Romero León destacó que, “una primera tarea del GDR México será encaminar la creación de un padrón de jóvenes rurales, que en el pasado existió en forma de listado de beneficiarios de un programa público que existió en manos de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), pero que se desvaneció al integrarse este programa a un esquema presupuestario de apoyo productivo en general (sin orientación específica a jóvenes) hace dos años”.

Cabe decir que el pasado 6 de diciembre, en la Segunda reunión ordinaria 2017 del Comité Especializado de Información en Juventud, Jorge Romero León hizo una presentación del Diagnóstico de la juventud rural de México, ante representantes de las instituciones miembros del Comité, como el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y el Consejo Nacional de Población (CONAPO), instancias éstas responsables de generar la información y estadística necesaria para poder atender de mejor manera a los jóvenes rurales.