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Editorial

Cinco áreas temáticas para enfrentar la desigualdad territorial

31 enero, 2019

Comprometidos en impulsar una verdadera transformación para la equidad territorial de América Latina, Rimisp definió cinco grandes áreas de trabajo que orientarán los ejes de nuestro trabajo en el nuevo año que comienza.


En Rimisp estamos iniciando un nuevo año de trabajo, más comprometidos que nunca con nuestra misión de impulsar estrategias de transformación para la equidad territorial, basadas en una mejor comprensión de los desafíos que enfrentan los territorios rurales de América Latina.

Los pilares sobre los que se cimenta esta aspiración son los mismos que definimos hace ya algunos años, respaldados en la evidencia de más de 15 años de investigación sobre dinámicas territoriales rurales, y apuntan a promover la cohesión territorial, entendiendo por tal, una condición por la cual todos los territorios de un país aseguran para sus habitantes el ejercicio pleno de derechos y oportunidades equivalentes, y que ninguno sea persistentemente marginado.

Lo que es nuevo, y que damos a conocer por primera vez a nuestros socios, aliados y colaboradores a través de este primer boletín de 2019, es la organización de nuestro trabajo en torno a cinco áreas temáticas: agricultura familiar sostenible, jóvenes y territorios, mujeres y territorios, conflictos socio-territoriales e instituciones inclusivas, son los ejes a través de los cuales nos proponemos enfrentar la desigualdad territorial.

Así como determinadas configuraciones territoriales tienen el potencial de revertir tendencias de rezago y marginación o contribuir a gestionar de mejor forma los conflictos, también creemos que es posible desplegar el potencial que tienen grupos sociales persistentemente excluidos para sumarse a los procesos de transformación rural. 

Las oportunidades de diversificación de ingresos y acceso a empleos no agrícolas de calidad siguen siendo limitadas para mujeres y jóvenes, especialmente en aquellos territorios rurales que se quedan rezagados en términos de dotaciones básicas de infraestructura y bienes y servicios públicos. Pero igual como ocurre con los procesos de migración, urbanización y otras tendencias de cambio aceleradas por la transformación estructural, la feminización de la agricultura puede devenir tanto en mayores oportunidades para las mujeres como en acrecentar su vulnerabilidad y marginación. El grado en que el reciente rol de la mujer en la agricultura puede contribuir al empoderamiento de las mujeres está fuertemente vinculado con la posibilidad de que ellas consigan incrementar su control sobre los recursos del hogar y sobre la toma de decisiones, así como sobre la posibilidad de que esta mayor autonomía trascienda la esfera doméstica. Algo similar ocurre con los jóvenes, cuyo potencial radica en su mejor preparación, respecto de sus pares adultos, para sumarse a las demandas de productividad e innovación de los procesos de transformación estructural: tienen más años de escolaridad, hacen un mejor uso de las tecnologías, se mueven con mayor fluidez -tanto cultural como físicamente- entre zonas urbanas y rurales.

Del mismo modo, entendemos la agricultura familiar no sólo en su rol de refugio y subsistencia de los hogares más pobres, sino en su rol clave en la provisión de alimentos y la transición hacia un sistema agroalimentario sostenible e inclusivo. La Agricultura Familiar y de pequeña escala puede contribuir al desarrollo equilibrado de los territorios rurales, mediante la preservación de especies, sus fuertes redes de protección social, y la preservación de la cultura y las identidades locales, mostrando en muchas ocasiones un alto grado de resiliencia y adaptación al cambio climático.

Entender las condiciones para el despliegue de estos potenciales, así como su interacción con las condiciones territoriales, constituye una parte central de nuestra agenda de trabajo.

Pero nuestra agenda no es sólo de investigación, sino que está fuertemente orientada a contribuir a generar procesos de cambio institucional. Por eso es que hemos definido que nuestro trabajo de incidencia en políticas públicas y acompañamiento a gobiernos nacionales y locales estará permanentemente orientado a promover instituciones inclusivas, en el sentido acuñado por Acemoglu y Robinson (2012).

La fortaleza institucional de un país es una medida crítica de la calidad y sostenibilidad del desarrollo. Instituciones inclusivas -que aseguran una distribución amplia del poder político y económico, garantizan el uso óptimo de los recursos de interés público, y promueven la construcción de alianzas- son necesarias para el logro de un desarrollo con cohesión territorial.

Valoramos los avances de la región en materia de políticas públicas y reformas institucionales tendientes a ampliar las oportunidades de grupos vulnerables y territorios rezagados. Pero creemos que la complejidad de los desafíos que plantea un escenario como el que atraviesa la región, requiere de transformaciones institucionales mayores tendientes a disminuir la asimetría de poder entre distintos actores territoriales con intereses y visiones muchas veces contrapuestos y en conflicto; e innovar en la arquitectura institucional para abordar de manera integral estos desafíos.

Los invitamos, a través de este boletín, a conocer más de nuestro trabajo en estos cinco ejes y a acompañarnos en este desafiante camino de investigación, diálogo, incidencia y desarrollo de capacidades para aportar a una América Latina territorialmente más equitativa.