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Juan Fernández, investigador principal de Rimisp

“Buscamos entender, proponer e intervenir en la realidad territorial”

5 julio, 2019

El investigador principal, junto a la directora ejecutiva de Rimisp, María Ignacia Fernández e Isidro Soloaga, investigador asociado a la organización, trabajaron en un informe para la oficina de México de Cepal, con casos de México y Guatemala. En esta entrevista, Juan Fernández profundiza en qué significa este enfoque que marca el trabajo del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural.


El enfoque territorial que ha desarrollado Rimisp desde hace años, adquiere fuerza en el estudio de Dinámicas Territoriales, que ponía sobre la mesa los vínculos rural-urbanos y su conexión con mercados dinámicos como elementos claves para que un territorio tuviera un crecimiento económico inclusivo.

Desde esta perspectiva, según explica Juan Fernández, investigador principal de Rimisp, permite comprender, investigar y analizar, “pero también pensar la política pública para intervenir, y esa es nuestra apuesta. No es solo entender mejor, es entender para transformar, esto tiene que ir de la mano de cambios, de nuevas políticas, nuevas articulaciones. No es un paradigma académico, es una manera de entender, proponer e intervenir en la realidad territorial”, explica.

Junto a la directora ejecutiva de Rimisp, María Ignacia Fernández, trabajaron en un informe para la oficina de México de Cepal, con casos de México y Guatemala. Y en esta entrevista, profundiza sobre qué significa este enfoque que marca el trabajo de Rimisp.

  • ¿Cómo el enfoque territorial contrasta con los imaginarios clásicos de la ruralidad?

Son imaginarios bastante instalados: La idea de lo rural como lo agrícola, atrasado, aislado, distinto de las dinámicas del mundo moderno. Y al mismo tiempo es un espacio de tranquilidad, de descanso, un escape de la vorágine de lo urbano. Pero si investigas y estudias, y lo miras desde lo territorial, te das cuenta que lo rural está en un proceso de transformación muy notorio. La vinculación entre espacios rurales y ciudades intermedias o pequeñas es muy importante y muy dinámica, y la gracia que permite el enfoque territorial es salir de esa mirada tan parcelada de lo rural y tan dicotómica de o es rural o es urbano, y ponerlos en relación. Eso es un valor del enfoque territorial: mirar el territorio, construirlo a partir de esta relación social entre los actores, y ver las dinámicas entre las gradientes de ruralidades -de algo muy profundo, muy aislado- hasta algo muy conectado con ciudades intermedias. Ver esa gradiente, comprenderla, permite mejorar no solo la evidencia de esos territorios, sino que mejores intervenciones en políticas públicas. Es muy distinto que una política pública piense lo rural como sólo agrícola, desconectado, versus entender que sí está en dinámica, en transformación y conectado con espacios urbanos no metropolitanos, de mediano tamaño. Es otra la comprensión y eso es clave.

  • ¿Cómo es que dialogan estas dinámicas territoriales?

Hay dos grandes transformaciones ocurriendo en América Latina: La primera son los cambios en los patrones de urbanización. Hasta hace un tiempo, tenían que ver con la migración del campo a la gran ciudad, a la metrópolis. Aquí surgieron grandes ciudades, capitales que aglomeran y aglomeran población, como Santiago o Sao Paulo. Ese patrón está cambiando y las ciudades intermedias han empezado a cobrar mucha importancia. Lo que se ve en los datos es que el 40% de la población urbana en realidad habita en ciudades intermedias, pequeñas, medianas. Eso te da otra mirada, está en la evidencia y te permite decir que aquí hay un espacio que no se está mirando desde la política pública y que tiene que ver con cómo, en algún minuto, se proyecta que de aquí al 2050, la mayoría de la población en América Latina, va a habitar estas ciudades intermedias, no en la gran ciudad ni tampoco en el campo. Ahí viene la reflexión sobre estas ciudades intermedias que están profundamente vinculadas con su entorno rural. O dicho al revés, ese entorno rural está muy vinculado a las ciudades intermedias. Entonces tampoco es que la ciudad intermedia sea un espacio cerrado, sino que está en constante interacción porque hay más servicios de educación, comercio, empleo, por lo tanto la gente de zonas rurales acude ahí. Y desde las zonas rurales está la disponibilidad de diversidad de recursos naturales y de producción de alimentos que demanda la ciudad. Ahí hay una relación cotidiana y permanente, donde hay vínculos efectivos.

La otra transformación tiene que ver con cómo se han modificado los sistemas agroalimentarios. Este mismo surgimiento de ciudades intermedias al tener mayor cantidad de habitantes, al crecer las clases medias y demandar otro tipo de consumo de alimento, genera una modificación en los sistemas agroalimentarios. De la preminencia de las ferias, de los mercados, a los supermercados que rompen y estructuran otra dinámica.

 

  • ¿Qué es lo que definen por territorios funcionales?

La lógica del territorio funcional dice que  un territorio es un espacio social, no solamente geográfico y que, depende de una relación, de una interacción entre las personas respecto de algo. En términos metodológicos, la manera en que se aborda es en espacios laborales: Dónde vive la gente y dónde trabaja. Y pasa mucho que la gente trabaja en comuna que no es donde vive. Ese tipo de relación es muy potente porque el trabajo genera una cantidad de tiempo y movilización muy importante y además supone otro tipo de intercambios, porque la gente trabaja en un lugar y es muy probable que en ese mismo lugar acuda al comercio, compre cosas, interactúe en distintos espacios. Esa fue una primera aproximación para decir que un territorio funcional es aquel donde hay estos movimientos laborales de la población que configuran que su territorio no sea la comuna donde vive solamente, sino que su cotidianidad se mueve entre esos dos o más espacios. Y eso es un territorio funcional, lo que después fue perfeccionado, ajustado, complementado, con la luminosidad de imágenes satelitales, que permite ver la delimitación de esa movilidad. Donde hay luz es porque hay vías, caminos que conectan, actividad entremedio, territorios que no están aislados entre sí. Territorios funcionales lo son porque hay algo que pone en interacción a las personas entre dos o tres municipios.

 

 Esta construcción de la agenda de investigación de Rimisp viene de hace tiempo. ¿Cómo proyectan el trabajo al futuro?

En cómo interactúan las dinámicas territoriales con los individuos, sobre todo cuando pertenecen a grupos excluidos, es una cosa que tiene todo un potencial para adelante. Comenzó con la mirada sobre género y territorios, que puso el foco en las desigualdades de género en los territorios y ha arrojado algunas conclusiones sobre qué tipo de dinámicas territoriales favorecían o no la inclusión de las mujeres y de vuelta, cómo la inclusión y empoderamiento de las mujeres puede contribuir a territorios más desarrollados y sustentables. Lo estamos siguiendo en el tema jóvenes con proyectos de FIDA, el Informe Latinoamericano, vamos a ir acumulando información sobre qué pasa con los jóvenes insertos en dinámicas territoriales y ahí hay más agendas para adelante como, por ejemplo, con pueblos indígenas. Más allá de la desigualdad con estos grupos excluidos y el modelo socio económico estructurado que los deja en situación precarizada y de rezago, aquí hay que agregarle la dinámica territorial. Cómo es que en territorios concretos esos grupos pueden incluirse o generar niveles de desarrollo y bienestar mayores que simplemente verlo a nivel nacional, nivel general.

 

  • ¿Cómo las conclusiones de estas investigaciones se pueden aplicar en políticas?

Lo que venimos diciendo es que lograr que haya un desarrollo con equidad territorial supone distintos niveles de políticas y distintos procesos en esas políticas. No es solo políticas de desarrollo territorial en el territorio. Aquí se necesita una articulación entre distintos niveles de políticas que permitan reducir brechas a nivel nacional, políticas sectoriales que sean fuertes pero articuladas, políticas de descentralización, entendiendo que es clave que los actores territoriales tengan sus espacios de poder político, manejo de recursos, competencias para actuar, y finalmente programas de desarrollo territorial que surjan desde abajo, que tengan una agenda de desarrollo desde los territorios, pero aislado o solo, no es suficiente, tienen que ir de la mano todo esto. Y ahí es donde decimos que, junto con esta articulación de distintos niveles de política, necesitamos que la política considera centralmente la articulación no solo institucional al interior del Estado, sino que además, articulación pública privada y con la sociedad civil para todo tipo de relaciones de gobernanza. Y que considere no solo incluir a actores territoriales, sino que empoderarlos. Ante asimetrías de poder, es muy fácil decir participen, pero queda demasiado desigual la relación. Es fundamental que la política considera empoderar, fortalecer y generar equilibrio en esa relación de poder, para que ahí si haya un diálogo, participación y trabajo articulado en igualdad de condiciones.