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Ecuador

Brechas y marginación a la mujer, un reto ético y una demanda para el desarrollo sostenible

13 septiembre, 2018

Como revela el análisis propuesto por el Observatorio de Género Mujeres y Territorios, de Rimisp, sobre indicadores socio-económicos relevantes, en pobreza por ingresos, por ejemplo, las mujeres se encuentran un punto porcentual debajo de los hombres, sin embargo, esta desigualdad es 2 veces mayor en las zonas rurales y las indígenas se encuentran en la peor situación, con más del doble de pobreza que el promedio de las mujeres a nivel nacional.


La realidad actual de las mujeres en Ecuador, en términos de autonomía económica, se caracteriza por la persistencia de brechas de desigualdad frente a los hombres, que se acrecientan a nivel de las mujeres jóvenes, rurales e indígenas y las sitúa al margen de las oportunidades y de los derechos.

Como revela el análisis propuesto por el Observatorio de Género Mujeres y Territorios, de Rimisp, sobre indicadores socio-económicos relevantes, en pobreza por ingresos, por ejemplo, las mujeres se encuentran un punto porcentual debajo de los hombres, sin embargo, esta desigualdad es 2 veces mayor en las zonas rurales y las indígenas se encuentran en la peor situación, con más del doble de pobreza que el promedio de las mujeres a nivel nacional.

Los hallazgos de la investigación evidencian también que el desempleo es un 38% mayor en las mujeres que en los hombres, mientras que el trabajo informal es el doble en mujeres rurales frente a sus pares urbanas y 7 de cada 10 mujeres indígenas que trabajan lo hacen en la informalidad; a esto se agrega que las mujeres laboran alrededor de 16 horas semanales más que los hombres en trabajo no remunerado en el hogar, pero como media perciben ingresos un 22% inferiores a los hombres, escala de ingresos que van en descenso en función de su pertenencia a la ruralidad, a ser jóvenes y ser indígenas.

Tales brechas y situación de marginación de la mujer obedecen desde mi perspectiva, a causas estructurales relacionadas con la propiedad sobre los medios de producción y la distribución de la riqueza, al acceso a la educación, a los derechos de representación política y a factores culturales, con una pesada carga de machismo en las relaciones de toda índole dentro de la sociedad, incluyendo la violencia que se ha ejercido en su contra.

Llama la atención que mientras en las variables de autonomía económica las brechas de desigualdad de género continúen siendo altas, en escolaridad prácticamente se han cerrado, aunque en este ámbito las marginadas siguen siendo las mujeres rurales e indígenas.

Lo observado en escolaridad a nivel nacional, nos conduce a la pregunta ¿por qué en ese indicador se ha logrado cerrar la brecha y en otros no? Parte de las respuestas a esta interrogante se las podrá encontrar en una política pública activa y de larga trayectoria, presionada por una creciente conciencia social sobre la necesidad de que la mujer acceda a la educación en sus diferentes niveles y a la propia lucha de los movimientos sociales y políticos desde la revolución liberal de 1895 para hacer realidad ese derecho.

El camino para cerrar las brechas en autonomía económica, sacar a las mujeres de los márgenes y ponerlas junto a sus pares complementarios en el epicentro de la toma de decisiones, en igualdad de condiciones en la generación y distribución de la riqueza, como una demanda ética y del propio desarrollo sostenible, es largo y requiere de la toma de conciencia del problema,- tal como aporta el trabajo del Observatorio de Género de RIMISP -, a nivel de la sociedad y de sus liderazgos políticos. Porque sin presión social y cambios en las políticas públicas que favorezcan la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres, sin importar su edad, pertenencia étnica y territorial, las brechas tienden a  transformarse en grietas insalvables.