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México

Aplastantes desventajas sufre la mujer rural en acceso a tierra, a trabajo e ingreso; necesario empoderarla para fortalecer el agro nacional

29 octubre, 2018

Diversas fuentes demuestran cómo la mujer rural enfrenta brechas respecto de sus pares hombres, que se ven profundizadas por actitudes y decisiones machistas. Instancias internacionales urgen a apoyar a la mujer para que se empodere; ello le permitiría fortalecer su capacidad productiva.


Si bien es cierto que son las mujeres rurales un factor clave para garantizar la producción agrícola y la reproducción familiar, también lo es que enfrentan un sinfín de desigualdades frente a sus pares varones e injusticias sociales, legales y culturales que les impiden desplegar todo su potencial. Las brechas que las limitan van desde el acceso a al trabajo, a créditos y a la tierra, hasta el menoscabo en el pago por su trabajo (tanto el doméstico y de cuidados como el que teóricamente es remunerado).

La estadística y testimonios disponibles son reveladores. Pero, por fortuna, del otro lado de la moneda hay una serie de instancias que están llamando la atención a este hecho. Es el caso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, que plantean en su Objetivo 8 la meta 5: “De aquí a 2030, lograr el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todas las mujeres y los hombres, incluidos los jóvenes y las personas con discapacidad, así como la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor”.

También es el caso del Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad 2017. “No dejar a ningún territorio atrás”, elaborado por Rimisp, el cual ofrece datos sobre la desigualdad de género en el subcontinente, con una visión territorial y desagregada, y llama a cerrar brechas para avanzar en línea con los ODS. Y es el caso también de The Hunger Project, que, al destacar el papel de la mujer en la agricultura familiar, impulsa una campaña para que: 1.- se reconozcan los derechos humanos básicos de la mujer campesina; 2.- se reconozca el papel de la mujer rural en el derecho a la alimentación, pues, dice, “de cumplirse los derechos de las mujeres rurales, se podría producir entre 20% y 30% más de alimentos […] El mundo no logrará erradicar el hambre y la pobreza extrema si no garantiza a las mujeres los recursos necesarios –como acceso a la tierra– para lograr el derecho a la alimentación”; 3.- se promueva el empoderamiento económico de las mujeres rurales, y 4.- se promueva la participación política de las mujeres rurales. “La gran mayoría de las políticas públicas vigentes, dice sobre este último punto, distribuyen recursos financieros con enfoques asistencialistas sin generar los cambios necesarios a largo plazo. También discriminan a las mujeres considerando sus actividades como marginales y relegando a las mujeres a la esfera doméstica. Por lo tanto, es necesario que las mujeres participen activamente en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de las políticas dirigidas a ellas mismas”.

Consideraciones y cifras para México

Héctor Robles, investigador asociado de Rimisp, destacó el hecho de que “las mujeres en el campo participan en el desarrollo de México con su trabajo cotidiano, en el ámbito doméstico, agropecuario y artesanal, sin que hasta el momento se reconozca suficientemente su aporte a la actividad nacional”.  Agregó: “Hace poco más de 30 años las propietarias de la tierra eran muy pocas, su número apenas rebasaba un punto porcentual y ahora –no obstante los obstáculos sociales que existen para que asuman la titularidad de la tierra–  representan cerca de 18%. En suma, estamos hablando de 701 mil ejidatarias, 201 mil comuneras, 656 mil posesionarias y 318 mil propietarias privadas, es decir, un millón 877 mil mujeres actualmente son dueñas de la tierra” (RAN, 2016 e INEGI, 2007).

En cuanto a acceso al trabajo y al ingreso: la Encuesta Nacional Agropecuaria 2017 (ENA), hecha pública por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) en julio pasado, señala que tres de cada diez mujeres mexicanas empleadas en labores del campo: agrícolas, ganaderas y forestales, perciben un salario por su trabajo y ello contrasta con el dato para los hombres, que es seis de cada diez. Destaca también que de un total de 11.8 millones de puestos de trabajo (contratos) como jornalero en las unidades de producción, 87.2% son ocupados por hombres y solo 12.8% por mujeres (en promedio, cada puesto de trabajo como jornalero tiene un contrato de 25 días; el trabajo de jornalero es de 7.2 horas al día con un salario de 167.70 pesos mexicanos (unos 8.75 dólares estadounidenses).

Estos datos se complementan con información que ofrece el Observatorio de Género “Mujeres y Territorios” de Rimisp: las mujeres realizan trabajo no remunerado que suma 19 horas semanales más que el de los hombres. Esta brecha, que es significativa, se amplía, para algunos grupos específicos. Por ejemplo, las mujeres jóvenes que viven en territorios rurales trabajan semanalmente hasta 23 horas más que sus pares varones.

Por su parte, el Informe Latinoamericano de Rimisp evidencia que las desigualdades se pronuncian en estados pobres e indígenas: muestra que en México, la relación de las tasas de participación laboral entre hombres y mujeres subió de 3.65 veces en el año 2000 a 3.86 en 2010. Las elevadas brechas promedio, dice, se explican por un conjunto de municipios, donde, en la práctica, la mujer no tiene participación en el mercado laboral formal. De hecho, en el 2010 hubo 21 municipios, casi todos en los estados de Oaxaca y Chiapas, donde la tasa neta de participación laboral de la mujer no superó el 5%. Incluso, sólo en tres de los dos mil 456 municipios mexicanos, las mujeres tuvieron una tasa neta de participación laboral mayor que la de los hombres. De todas formas, entre 2000 y 2010 cerca del 60% de los municipios mexicanos redujeron la brecha de género en la participación laboral. “No hay un patrón geográfico claro en los cambios de esta variable. Sin embargo, los casos de mayor aumento de la brecha de género en las tasas netas de participación laboral se tienden a concentrar en Oaxaca”.

The Hunger Project señala que en América Latina y el Caribe 38% de las mujeres campesinas no tiene ingresos propios, en comparación con 14% de los hombres. Respecto de México, señala que las mujeres rurales trabajan 89 horas semanales, 31 horas más que los hombres. Ellas son “productoras de alimentos y guardianas de la salud familiar, sin embargo, al momento de distribuir los presupuestos, son las que menos voz tienen.

En cuanto al acceso a la tierra, el Informe/país “Mujer rural y derecho a la tierra” para México, de la Coalición Internacional por el Acceso a la Tierra (ILC) América Latina y el Caribe, señala que “en México, las mujeres ejidatarias y comuneras acceden a la posesión de la tierra por medio de la herencia, el matrimonio o la posesión conjunta, en algunos casos por compra. En el caso de las mujeres que adquieren derechos ejidales, sea por herencia o por asamblea ejidal, se le asignan cuando enviudan y solo así son reconocidas mediante certificación de derechos agrarios. A las comuneras, por lo general, se les reconoce la posesión familiar, en su mayoría con el hombre como jefe de familia y, en caso de quedar viudas, se les reconoce como posesionarias. Existen casos en que las mujeres que adquieren tierra por medio de compra solo pueden tener una constancia de posesión por parte de sus autoridades agrarias.

Precisa que en México existen diferentes tipos de propiedad: la social (ejidos y comunidades), la privada y la pública. Oficialmente los núcleos agrarios suman 32 mil 82. La propiedad social representa 50.8 % del territorio nacional (con 29 mil 690 ejidos y 2 mil 392 comunidades).

“Según las estimaciones del Registro Agrario Nacional (RAN), solo 21% son mujeres ejidatarias en contraste con 79% de hombres. En lo que respecta a comuneros, 25% son mujeres, mientras que 75% son hombres. En el caso de los posesionarios, solo 27% son mujeres, mientras que 73% son hombres; en algunas comunidades de México este derecho lo adquieren las mujeres cuando enviudan. Por último, 29% corresponde a mujeres avecindadas y los varones representan el 71%, esto significa que las mujeres tienen menos posibilidades para la posesión de parcelas y acceso de uso común”.

Estas desventajas numéricas afectan su participación en los órganos de representación ejidal y comunal, señala el propio documento y también publica algunos testimonios como los siguientes que reflejan cómo las desventajas en el acceso a la tierra y a la participación política en sus núcleos agrarios se ahondan por decisiones discrecionales y por la visión machista que prevalece en el medio rural:

“Si las mujeres tenemos terreno propio podemos hacer muchas cosas, hay garantía para producir mi alimento y de construir mi casa. Pero lo que me limita es la ausencia de participación en la Asamblea, las mujeres no tienen voz ni voto para decidir, en el caso de ser ejidatarias reconocidas solo tienen voz, en mi comunidad solo son 5 ejidatarias. Son los hombres quienes deciden si pueden las mujeres heredar o tener posesión. Otra limitante es que también hay requisitos en el ejido: una vez fui al ejido a solicitar una parcela y me dijeron que la mujer debe estar casada con un hombre de la comunidad y no de fuera, hasta me dijeron que yo ni tenía novio. Para ser derechosa, hay que tener familia y por el simple hecho de ser mujer sin familia no puedo tener posesión”. Testimonio de Florinda Ramírez, 27 años, indígena otomí, Veracruz, México.

“[…] he visto de casos de herencia, a la mujer lo mandan en un lugar muy apartado, donde no se da el maíz; la familia pone de pretexto que ya no hay tierra y a las mujeres las mandan en lugares difíciles de frecuentar y dan prioridad a los hombres en los terrenos más productivos y más cerca de la comunidad”: Doila, 36 años, Tamazulápam mixe, Oaxaca, México.

En cuanto al acceso al crédito, tecnología y medios de trabajo, la ENA 2017 evidencia cómo hay un rezago tecnológico y un abandono financiero en el campo en general. Algunos datos: 1.- solo 9.9% de las unidades de producción obtuvieron crédito o préstamo (en 2017) y la mayor parte se destinó a la compra de materia prima y pago de mano de obra. 2.- solo 33.4% de las unidades de producción utilizaron alguna tecnología de la información y las comunicaciones (TIC´s). La más utilizadas por estas unidades fueron la telefonía celular 90.8%, seguida por la telefonía fija 20.8%. En 9.6% de las unidades de producción recurrieron al uso de Internet durante 2017.

En este contexto, es evidente que la mujer entra en este abandono, pero de manera pronunciada, dadas las desventajas respecto de sus pares varones.