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México

Agricultura familiar en el corazón de las políticas públicas

28 febrero, 2019

Rimisp participó en el diseño de un nuevo programa del gobierno de México que apunta hacia la autosuficiencia alimentaria, y para ello apoya a los productores de pequeña y mediana escala.


Uno de los 25 proyectos claves del gobierno mexicano en el actual sexenio 2018-24 es la autosuficiencia alimentaria. Es por eso que, para avanzar hacia esa meta, la nueva administración ha puesto en marcha un programa denominado “Producción para el Bienestar”, en cuyo diseño participó Rimisp por medio de su oficina de México y Centroamérica, como parte de un conglomerado de investigadores e instituciones de investigación e incidencia.

El nuevo programa sustituye a Proagro (antes llamado Procampo), el cual estaba vigente desde 1994, pues fue uno de los pilares de la política pública en ese entonces, cuando entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y cuyo propósito inicial fue otorgar apoyos desvinculados de la producción por hectárea a las superficies graneras, con una cuota igual si se tuviera una o cien hectáreas.

“Producción para el Bienestar” es operado por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER, antes SAGARPA) y se enfoca en la producción de granos básicos (maíz, frijol, trigo y arroz), pero establece diferencias respecto del Proagro: se orienta exclusivamente a los productores que tienen hasta 20 hectáreas, con cuotas de apoyo por hectárea por ciclo diferenciadas: mil 600 pesos mexicanos (83 dólares) para quienes tienen predios de hasta cinco hectáreas, y mil pesos (52 dólares), para quienes tienen más de cinco y hasta 20 hectáreas.

Otra distinción con la política anterior es que la entrega de los recursos es antes de la siembra (lo cual busca dar liquidez a los productores y permite que éstos adquieran oportunamente los insumos y servicios que requieren para la siembra). Se trata, según ha dicho la SADER, de movilizar todos los recursos productivos para elevar la producción y la productividad, y ello, con sustentabilidad. Otra característica es que induce a los productores a utilizar prácticas agroecológicas y también se articula con un conjunto de programas de la propia SADER, como Asistencia Técnica, Precios de Garantía, Apoyo a Fertilizantes y Crédito Ganadero a la Palabra, a efecto de dar integralidad a la política de la institución.

Héctor Robles, de Rimisp México y Centroamérica, señala que el diseño del Programa (en el cual participó también la RED GTD y varios investigadores) establece que éste busca incrementar la productividad de los productores efectivamente, y eso es viable porque las unidades de producción pequeñas y medianas, al haber sido soslayadas por la política pública de fomento productivo durante las tres décadas pasadas, tienen potenciales sin aprovechar para elevar sus rendimientos por hectárea, con la utilización de tecnologías propias para predios pequeños. El nuevo programa inducirá a los productores para que apliquen las innovaciones y los desarrollos tecnológicos disponibles y fortalezcan su vinculación con los centros de investigación, y se impulsará la transferencia de tecnología mediante servicios de extensionismo.

Además, agregó que en el diseño del programa también se establece que coadyuvará en el combate al hambre, la pobreza y las carencias alimentarias; la agricultura de pequeña y mediana escala se encuentra principalmente en localidades de media, alta y muy alta marginación.

Del total de beneficiarios programados en 2019 –2.8 millones, con una superficie de 8 millones de hectáreas–, más del 50% están en la región del sur-sureste (tradicionalmente rezagada) y 32.5% son pobladores de localidades netamente indígenas.

En la base argumental de la SADER para este programa destaca que una característica que distingue la estructura agraria y productiva de México es la pequeña y mediana propiedad; nueve de cada diez productores en el sector agropecuario, forestal o pesquero pertenecen a estos grupos, y ellos generan la mitad de la producción nacional, contratan más del 60% del empleo pagado en el agro, son abastecedores importantes de materias primas para la agroindustria del país, e históricamente ellos han mantenido la diversidad genética y alimentaria.

Robles comentó que todo esto demuestra la importancia de la agricultura de pequeña y mediana escala. La agricultura familiar, como se le denomina en diversos lugares y como la conceptualiza la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “es muy importante reivindicarla y que gobierno y sociedad la valoren en toda su magnitud, en toda su capacidad para ser el motor de la seguridad alimentaria y de la autosuficiencia alimentaria que se está buscando”, dice el investigador.

Héctor Robles es autor de “La organización económica de los pequeños y medianos productores. Presente y futuro del campo mexicano”. Este documento (que puedes leer en este link) da a conocer experiencias de más de 500 sociedades de productores en los 32 estados de la República, donde se observa la viabilidad de la agricultura de pequeña y mediana escala. Son organizaciones que han logrado permanecer por muchos años a pesar de la política anticampesina que predominó durante décadas en México.