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24% de los jóvenes rurales en Colombia no estudian, ni trabajan

4 diciembre, 2018

Esta situación afecta en mayor proporción a las mujeres jóvenes rurales con un 42% frente a un 8% de los hombres jóvenes rurales.


Según datos Encuesta de Calidad de Vida realizada en el año 2015, se estima que 2,6 millones de jóvenes entre los 14 y los 28 años viven en zonas rurales de Colombia, de ellos, el 24.5% no asisten a un centro educativo ni tienen una ocupación laboral, una situación que los desconecta de sus oportunidades de desarrollo e influye en su decisión de migrar a centros urbanos y vincularse actividades relacionadas con cultivos de coca, catalogados como ilícitos en Colombia.

Según el Diagnóstico de Juventud Rural realizado por Rimisp para el Grupo de Diálogo Rural (año), los datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del 2015 relevan que el 17% de los jóvenes rurales se encontraban en condición de indigencia o pobreza extrema. Este porcentaje, 3.5 veces superior al de los jóvenes en zonas urbanas, indica que el ingreso percápita para estos jóvenes no es es suficiente para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.

Esta situación es ocasionada por dos factores: su desconexión con las oportunidades de vinculación laboral y de educación.

La tasa de ocupación de los jóvenes rurales en 2015 fue del 51%, 70% en hombres jóvenes y solo el 32% en mujeres, lo cual indica una menor probabilidad de ocupación de las mujeres rurales. Sumado a lo anterior, el Diagnóstico evidencia que la tasa de desocupación entre los jóvenes rurales es de 6%, y al desagregar este dato entre hombres y mujeres, la tasa de desempleo es más alta para las mujeres con un 7.5% frente a un 4.4% de los hombres.

Esta situación indica menores oportunidades para las mujeres rurales quienes en su mayoría encuentran trabajos mal remunerados y que no cuentan ninguna remuneración por labores asociadas a la economía del cuidado. En lo que respecta al nivel educativo, según datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares de 2015, un 10% de los jóvenes rurales completan la educación básica, el 21% logra terminar la educación media y solo el 6% continúa con educación postsecundaria.

 

La principal razón para no continuar sus estudios se basa en la necesidad de trabajar en el caso de los hombres, y para las mujeres, la dedicación a los oficios del hogar y la falta de dinero, una situación los pone en clara desventaja para insertarse en el mercado laboral.

Es así, como el 24.5% de los jóvenes rurales en Colombia no estudian ni trabajan siendo claramente las mujeres las más afectadas con un 42% frente a un 8% de los hombres.  

Una situación similar, pero con mayores agravantes ocurre en los territorios con presencia de cultivos ilícitos, cuya expansión en los últimos años ha representado uno de retos más importantes en el marco de las políticas públicas en Colombia. Según datos del Censo Nacional Agropecuario (2014), se estima que en los 183 municipios afectados por cultivos ilícitos en 2017 habitan 1.900.000 jóvenes, de los cuales 51% son hombres y 49% mujeres,

“En cuanto a cobertura de educación, los municipios con cultivos de coca solo cuentan con el 25% de cobertura neta, mientras que los municipios sin estos cultivos tienen una cobertura promedio del 42%. Asimismo, el porcentaje de la población entre los 5 y los 24 años que asistió a alguna institución educativa en los territorios afectados fue del 53% en 2005, frente al 62% de los municipios libres de estos cultivos, tomando las cifras del DANE” afirmó Juan David Quiñones, asistente de investigación de Rimisp.

Según la Encuesta realizada por el Programa Transformando Territorios de Rimisp (año), el 8% de los jóvenes entre 14 y 30 años en municipios con cultivos ilícitos que hacen parte de los territorios priorizados por las políticas del posconflicto no estudian ni trabajan. El 10% corresponden a mujeres y el 5% a hombres. Es por ello por lo que dentro de las alternativas que contemplan estos jóvenes, se encuentra la vinculación a los cultivos ilícitos, otras actividades informales o migrar a los centros urbanos.

Por lo anterior, el Grupo de Diálogo Rural en Colombia focaliza su atención en estas zonas con el fin de comprender con más detalle las necesidades sociales, económicas y culturales que presentan estos territorios para generar alternativas de aprendizaje, que permitan a los jóvenes proponer trayectorias de desarrollo local.