En México se observan amplias brechas de género en torno a la Autonomía Económica de las Mujeres. Estas desigualdades se presentan en todos los indicadores analizados, ya sea entre hombres y mujeres y/o entre las mismas mujeres.

En los indicadores de pobreza y pobreza multidimensional, las brechas entre hombres y mujeres son pequeñas, y se mantienen similares en los distintos grupos estudiados, a excepción de la población joven, urbana y rural, donde la brecha de género es 3,6 veces mayor que la descrita a nivel nacional. Además, se observan amplias brechas entre mujeres de distintos grupos poblacionales. Por ejemplo, la pobreza es mucho mayor en las mujeres rurales, jóvenes rurales e indígenas que para las de zonas urbanas.

En cuanto al empleo (tasa de participación laboral, horas laborales remuneradas, tiempo de trabajo no remunerado), existe una amplia brecha de género, donde las mujeres se encuentran más perjudicadas que los hombres en todos los grupos estudiados. Tales grados de desigualdad no son homogéneos entre los distintos grupos, acentuándose para la población rural. Pese a esto, todos los grupos de mujeres han aumentado su participación laboral en mayor medida que los hombres entre los años 2012 y 2016.

En cuanto a los ingresos, en todos los grupos estudiados las mujeres reciben menos ingresos mensuales que los hombres, y tal desigualdad, en términos relativos, se mantiene similar para todos los grupos, aunque en términos absolutos es mayor en la población urbana. Las brechas entre mujeres también son amplias. Las mujeres rurales reciben un 47% menos de ingresos que sus pares urbanas, y las jóvenes rurales, un 37% menos que sus pares urbanas.

En el ámbito de escolaridad, las diferencias entre hombres y mujeres son pequeñas, aunque significativas. Se observan mayores brechas entre mujeres. La mayor brecha intra-género se observa entre el grupo de las mujeres jóvenes urbanas y las mujeres rurales, con 4 años de diferencia.

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