En Colombia, persisten amplias brechas territoriales y de género. En gran parte de los indicadores, independiente de los promedios nacionales, las mujeres se encuentran en una peor posición para ejercer su Autonomía Económica. Entre ellas, las mujeres rurales y jóvenes rurales suelen ser las más perjudicadas a la vez que enfrentan mayores grados de desigualdad en relación a los hombres.

En el indicador de pobreza por ingresos, la incidencia del fenómeno es mayor para la población rural y en especial para las mujeres, con un 58% más de pobreza que las mujeres urbanas. Además, la brecha de género observada a nivel nacional es considerablemente mayor entre hombres y mujeres rurales, y entre la población joven de territorios urbanos y rurales.

En materia de  empleo (tasa de participación laboral, desempleo, horas laborales remuneradas) las mujeres se encuentran en peor posición que los hombres en todos los grupos estudiados. En particular, las mujeres rurales, así como aquellas jóvenes rurales se ven más afectadas por el desempleo y participan menos en el mercado laboral que sus pares urbanas, a la vez que enfrentan mayores grados de desigualdad en relación a los hombres.

En cuanto a los ingresos, en todos los grupos estudiados las mujeres reciben mensualmente menos que los hombres. En particular, los ingresos son significativamente menores para las mujeres rurales y jóvenes rurales, y presentan las mayores brechas de género. La desigualdad entre las mismas mujeres también es relevante, donde las rurales perciben ingresos un 60% inferiores que las urbanas, lo cual se replica en la población de mujeres jóvenes.

En el ámbito de la escolaridad, se observa una incipiente reversión de la brecha, significativa en la mayoría de los casos.  No obstante, existen diferencias entre las mujeres urbanas frente a las rurales, donde las primeras tienen en promedio 4 años más de educación. La población joven detenta los mayores niveles educacionales.

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