En Chile persisten amplias brechas de género en torno a la Autonomía Económica de las Mujeres. Estas desigualdades se presentan en todos los indicadores analizados, ya sea entre hombres y mujeres y/o entre las mismas mujeres.

En los indicadores de pobreza y pobreza multidimensional, las brechas entre hombres y mujeres son pequeñas, no así entre mujeres de distintos grupos poblacionales. Por ejemplo, tanto en el indicador de pobreza por ingresos como multidimensional, las mujeres indígenas presentan un 50% más de pobreza que la media de mujeres a nivel nacional, y las mujeres rurales el doble que las urbanas.

En cuanto al empleo (tasa de participación laboral, desempleo), existe una amplia brecha de género, donde las mujeres se encuentran más perjudicadas que los hombres en todos los grupos estudiados, y cuya reducción ha sido más lenta que otros indicadores. Tales grados de desigualdad no son homogéneos entre los distintos grupos, acentuándose para la población rural, indígena y joven rural. Pese a esto, el desempleo ha disminuido en todos los grupos de mujeres estudiados, y la tasa de participación laboral se ha incrementado, incluso a una mayor velocidad que la de los hombres.

Esta heterogeneidad de la desigualdad no se replica en el indicador de horas laborales remuneradas promedio, donde la brecha de género a nivel nacional se replica para todos los grupos en igual magnitud.

En cuanto a los ingresos, en todos los grupos estudiados las mujeres reciben menos ingresos mensuales que los hombres. En particular, los ingresos son significativamente menores para las mujeres rurales e indígenas.  Sin embargo, aunque con mayores ingresos mensuales, se observa una mayor desigualdad entre hombres y mujeres en los territorios urbanos que en aquellos rurales, y en la población joven se observan las menores brechas de género.

En el ámbito de escolaridad no existen diferencias significativas entre hombres y mujeres. No obstante entre las mujeres urbanas y rurales existen diferencias importantes. Las mujeres jóvenes urbanas y rurales detentan los mayores niveles educacionales.

El análisis permite identificar diferencias y desigualdades entre las mujeres de distintos grupos. Prácticamente en todos los indicadores, aquellas mujeres rurales y jóvenes rurales se encuentran en una peor posición que sus pares urbanas.

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