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México

Tepoztlán, un pueblo en lucha permanente durante 40 años

12 Octubre, 2017

El Consejo Técnico de Rimisp escuchó el relato de luchas sociales del pueblo de Tepoztlán, Morelos (estado del centro-sur de México). Dialogó con residentes de Tepoztlán sobre las resistencias sociales a proyectos empresariales y las posibilidades de encontrar fórmulas intermedias entre el modelo actual de desarrollo y la persistencia de los pueblos con sus tradiciones y paisaje.


María Rosas y Raúl Benet, miembros fundadores de Radio Tepoztlán, expusieron ante investigadores de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural una charla sobre las luchas sociales que ha protagonizado el pueblo de Tepoztlán.

Describieron en particular la lucha ocurrida entre 1994 y 1996, cuando los siete barrios de Tepoztlán –hoy denominado “pueblo mágico”, ubicado al norte del estado de Morelos– se organizaron y, con la participación de miles de personas, lograron frenar un proyecto de club de golf que era impulsado por el entonces gobernador del estado; que pretendía ocupar 370 hectáreas de bosque de propiedad comunal, y que implicaba la construcción de 750 residencias de gran lujo, algunos edificios, helipuertos y albercas, y que comprometía la inversión de empresarios y banqueros poderosos.

En el marco de la reunión que realizó el Consejo Técnico de Rimisp del 3 al 4 de octubre en Tepoztlán, Rosas y Benet presentaron inicialmente el video titulado “La batalla de las cacerolas”, https://www.youtube.com/watch?v=wiAp8o_fgD8, donde se observa el testimonio de tres mujeres participantes claves en las movilizaciones sociales del pueblo de Tepoztlán. Y luego describieron cuáles fueron los factores que motivaron la movilización frente al campo de golf. Explicaron que los tepoztecos son muy celosos de su identidad y por tanto no es fácil integrarse con ellos, pues en ciertos momentos expresan xenofobia. Y también este pueblo ha buscado preservar sus tradiciones y paisajes –resaltan sus fiestas particulares por barrio, y el cerro El Tepozteco, en cuya cima hay una pirámide prehispánica que data de 1150-1350 dC.

Así, en las cuatro décadas recientes, el pueblo se ha opuesto a varios proyectos que implicaban despojo de tierras comunales, como el de un tren escénico, un teleférico y la construcción de una cárcel. Todo ello, previo a la lucha dada contra el plan de club de golf. María Rosas recordó que en el primer semestre de 1994 se anunció este plan y la gente, preocupada, se encontraba en las calles para comentar el hecho, luego comenzaron a organizarse conscientes de que “se necesitaba una fuerza brutal para poder enfrentarse a las secretarías de Estado, al gobierno estatal, a todos los millones de pesos de los empresarios, a los medios de comunicación que apoyaban el proyecto y al cuestionamiento de por qué oponerse a esto que era tan glamoroso y que daría trabajo a la población local, con empleos de albañiles, choferes, caddies y los relativos a la industria turística”.

Los que empezaron a mostrar resistencia hicieron reuniones, “pero eran muy chiquitas, sobre todo asistían personas mayores”, pero luego, cuando los promotores propiciaron una “asamblea impostada donde participaba gente ajena a los comuneros [a los dueños de las tierras del proyecto]”, la rebeldía creció. “Eso fue detonante para que mucha gente que no había estado diciendo nada, ni manifestándose, saliera a la calle y desmontara la asamblea. La gente corrió a todos los que estaban en esa asamblea a modo: a los funcionarios, al presidente municipal… y ya no regresó a sus casas. Porque regresar a las casas significaba que habría posibilidades de que ese club se construyera”.

La gente construyó retenes o barricadas (con tablas, tecorrales, alambres de púas, etcétera) en las tres entradas principales a Tepoztlán para frenar el paso de los promotores del club y de funcionarios y policías. Asimismo, “tomó” la Presidencia Municipal; “la hizo su casa”. De manera creativa, los siete barrios se turnaron para hacer guardias día y noche. Allí cocinaban, dormían, cantaban, convivían y dialogaban calmadamente respecto de por qué decir no al club de golf. “Las respuestas eran: porque aquí es un parque nacional, porque no queremos algo tan grande, porque nos van a cambiar nuestras costumbres, porque no nos gustan los golfistas… Y resolvíamos en conjunto […] después de cada guardia, el barrio que salía daba reporte de lo que había pasado durante su estancia, y nadie podía decidir solo; las decisiones eran comunes. En caso de emergencia, lo que procedía era tocar las campanas de las iglesias. No había entonces redes sociales como Facebook”. En esa época, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) –defensor de la causa indígena– tenía muchas simpatías de la sociedad, y los tepoztecos, que entraron en diálogo con el EZLN, se sintieron fortalecidos. “El zapatismo ayudó a que nos miraran en todo el mundo”, dijo Rosas.

Raúl Benet comentó que el proyecto del club de golf se canceló en 1996 luego de que la población manifestara su enojo por el asesinato de una persona, Marcos Olmedo Gutiérrez, quien tenía un apodo parecido a uno de los líderes del movimiento de resistencia contra el club y resultó víctima por error. Dijo también que después de eso hubo otras batallas, y actualmente hay un proyecto, ya en marcha, de ampliación de la autopista en Tepoztlán –que va unido a la promoción de este lugar como “pueblo mágico” y como espacio turístico–; al respecto, el pueblo está dividido y en realidad son minoría los que rechazan esta ampliación; ellos han debido enfrentar desalojos y persecución. Por el proyecto se tumbaron más de tres mil árboles alrededor del pueblo. Según Benet, “es un proyecto no razonable, va por una zona sinuosa, destruye árboles y van a meter trailers”.

En la conversación con los investigadores de Rimisp, Benet y Rosas consideraron que Tepoztlán es un pueblo que durante los 40 años recientes ha resistido en contra de un modelo de desarrollo con el que no está de acuerdo. Pero hoy día está permeando el impulso turístico, con hoteles grandes y pequeños. Así, dicho modelo se ha ido metiendo, no lo hizo por medio del club, pero sí por esta vía del turismo.

Ante la pregunta de si hay un espacio intermedio entre el progreso como lo entiende el modelo de desarrollo actual y la preservación de Tepoztlán. Benet y Rosas consideraron que el poder es muy fuerte. En el caso del proyecto de la ampliación de la autopista el pueblo llegó a discutir propuestas intermedias (modificación razonable de la autopista, vs una súper autopista), pero ocurrió una radicalización desde la posición del gobierno y también desde los opositores al proyecto, y ello frenó el diálogo. “Cuando se polarizan las cosas, no puedes estar en medio porque no hay espacio. Políticamente cuesta mucho trabajo. Si quieres quedar en medio te arrasan“, dijo.