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¿Perecer o salir? La migración interna como alternativa de desarrollo en México y Centroamérica

31 Agosto, 2017

Desde hace unos meses, Rimisp está haciendo esfuerzos para entender mejor los cambios en las tendencias de migración en México y Centroamérica con el objeto de apuntalar evidencia y recomendaciones para construir políticas públicas capaces de atender la desigualdad y brechas de atención, las causas y consecuencias de la migración, y para atender mejor a los que se quedan.


Por Jorge Romero, Director de la Oficina de México

 

En America Latina hay muchas personas en condición de pobreza—175 millones, de acuerdo con el último alcance de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2017). 53 millones en México, 9.6 millones en Guatemala, 2.6 millones en El Salvador y 6 millones más en Honduras. Millones de personas marginadas, rezagadas, atrapadas en contextos territoriales con ingresos limitados y nulas oportunidades. Aunque hay una amplia diversidad en las características específicas de ingreso, marginación, ocupación y oportunidades en los países de la región—y en los muy distintos y diversos territorios dentro de cada país—también hay algunas constantes: la pobreza es pertinaz, y no se ha reducido, apenas estabilizado, con las estrategias de combate a la pobreza actuales. La incidencia de pobreza en comunidades rurales (con 2 mil 500 o 15 habitantes), es mayor que en comunidades urbanas o periurbanas, y también más exacerbada. El desempleo es muy alto, cuando existe es comunmente informal y muy precario. No hay soluciones a la vista para atender las brechas de ingreso y de oportundiades, la desigualdad y sus causas.

Tras la crisis global del 2008-2009, la situación se ha estancado, en el mejor de los casos (pobreza por ingreso) o empeorado (condiciones de empleo). Y ante la falta de soluciones a cargo y cuenta de sus gobiernos, en representación del Estado cuyas obligaciones de derechos económicos y sociales no cumplen, los pobres hacen lo que han hecho desde siempre: sobrevivir. Y para sobrevivir tienen diversas estrategias, una de las cuales es migrar. Los pobres, para sobrevivir, migran.

Desde hace unos meses, Rimisp está haciendo esfuerzos para entender mejor los cambios en las tendencias de migración en México y Centroamérica, para entender los cambios en las tendencias macro observadas hasta ahora, nuevos fenómenos, su gravedad y sus implicaciones; para explorar las dinámicas de migración interna, y el papel de las características de los territorios y comunidades de origen en la propensión a migrar; para identificar los márgenes de acción publica en el nuevo contexto. Todo con el objeto de apuntalar evidencia y recomendaciones para construir políticas públicas capaces de atender la desigualdad y brechas de atención, las causas y consecuencias de la migración; para atender mejor a los que se quedan.

Los cambios en las tendencias observadas hasta ahora

Como es bien sabido, desde hace ya varios años México es un país de tránsito y destino, además de origen. Muchos de los migrantes en tránsito por México han decidido quedarse en México, y el número de solicitantes de asilo aquí se ha cuadruplicado, como resultado de las crisis económica, socioambiental y de violencia que atraviesan El Salvador, Guatemala y Honduras (ACNUR, 2017).

Un estudio reciente del Programa Mundial de Alimentos (WFP et al 2017) da cuenta del impacto que han tenido no sólo la violencia (prevaleciente en El Salvador, aunque presente también en Guatemala y Honduras) sino el cambio climático, la expansión del corredor seco, la falta de alimentos, trabajo y dinero en la decisión de migrar de los habitantes del ‘Triángulo del Norte’.

La migración, además, cuando se da en condiciones de emergencia tiende a generar efectos en las comunidades de origen. Los familiares que permanecen usualmente enfrentan mayor riesgo, inseguridad y hambre al menos por un tiempo después de la migración.

Al norte de la frontera, la migración de mexicanos al exterior se ha reducido considerablemente, a una cuarta parte de lo que era hace sólo diez años. Hay un número importante de mexicanos regresando de los Estados Unidos, voluntariamente o repatriados por la fuerza. Y hay un número importante de mexicanos desplazados por la violencia también en México–entre 23 y 35 mil cada año, (CNDH 2016, CMDPDH 2017). Más de 310 mil desde el 2009.

En este entorno, es importante que México y Centroamérica trabajen en conjunto para cambiar el enfoque global de control de flujos y establezcan acuerdos que permitan a los nuevos migrantes establecerse y contribuir al desarrollo en las comunidades de destino. Que establezcan controles al abuso de las fuerzas del estado para garantizar la plena realización de los derechos de las personas migrantes. Y establezcan bases de información confiable para saber quiénes son desplazados, quiénes son repatriados, quiénes tienen necesidades de protección y cómo las cumple el Estado.

Una buena parte de la inmigración reciente es urbana (no tenemos cifras exactas, es importante generarlas), pero es de esperarse que la repatriación de mexicanos se oriente también a comunidades rurales. Ahí les esperan mejores condiciones de ingreso que cuando se fueron, pero las mismas dinámicas e inercias que han obstaculizado el desarrollo por décadas.

Viejas tendencias, nuevos fenómenos

Desde la perspectiva de las comunidades de origen, las razones para migrar son las mismas: pobreza, marginación y falta de oportunidades. Dado que en décadas recientes la emigración fue considerable (11.7 millones de mexicanos viven en Estados Unidos), la reunificación familiar también juega un papel importante, pero es mediada por las oportunidades de ingreso y educación en México.

Para entender a fondo las causas e implicaciones de la migración, hay que diversificarla: la emigración exterior es considerable (alrededor de 400 mil mexicanos tratan de emigrar cada año, alrededor de la mitad lo logra, el resto se reubica en las ciudades a las que son deportados), pero también la inmigración (más mexicanos regresan de estados unidos que los que emigran, y esta proporción va en aumento, PEW Hispanic Center 2017). La migración interna es muy alta, por la reubicación de los mexicanos repatriados en algunas ciudades y por que hay migración interna independiente, mucho mayor en proporción que la emigración, al menos desde 2010. En 2015, las personas que cambiaron de municipio de residencia sumaron 3.5 millones, en comparación con 3.8 millones en 2000 y 3.9 millones en 2010 (según los Censos de Vivienda y Población 200 y 2010 y la Encuesta Intercensal 2015). La estable y alta migración es una señal clara de que la migración interna también es una válcula de escape, y la intensidad migratoria es mayor en hombres y mujeres con edades de 20 a 29 años. Los jóvenes migran más.

 

Está ampliamente comprobado que la desigualdad, la pobreza extrema y el desempleo estructural son detonantes de la migración (FLACSO 2017). Pero no todas migran, también para migrar hay desigualdad en condiciones. La propensión a migrar aumenta en función del ingreso y el nivel educativo (Sobrino 2015). Y tambén influyen las características del territoiro.

El enfoque territorial

En un estudio reciente, sin precedentes en la región o en el mundo, Rimisp dio cuenta de los efectos del contexto territorial de la comunidad de origen en el ingreso de los migrantes internos (Cazzuffi 2016) y en la propensión a Migrar (Cazzuffi y Modrego 2017).[1] Con datos de la Encuesta Nacional sobre Niveles de Vida en los Hogares (ENViH) en México, Cazzufi y Modrego encontraron que aún controlando características individuales (ingreso, ahorros, activos; grado educativo y calidad de la educación), las carcterísticas de la comunidad de origen importan, y explican entre el 9 y 12% de la variación en la probabilidad de migrar por primera vez. La propensión a migrar disminuye en función de los estándares de vida en la comunidad (incluyendo ingreso per cápita, acceso a transporte público e infraestructura educativa).  Ello significa que la población más marginada y geográficamente aislada está en una ‘trampa de migración’. A los habitantes de estas comunidades les es mucho más difícil migrar. Las implicaciones de estos hallazgos para la política pública son considerables. Las políticas de desarrollo territorial, por su diversidad y relación con las características de contexto mencionadas, pueden mejorar el bienestar de las personas de diversas formas.

Aquí, al igual que en Centroamérica, el cambio climático representa un riesgo mayor. De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO), el cambio climático es un factor que influirá en los próximos años en las decisiones de migración. En 2010, 26.7 millones de mexicanos, casi un cuarto de la población nacional, habitaba en 319 municipios vulnerables al calentamiento global. Para el 2020, nueve de esas demarcaciones perderán población por razones ambientales, entre ellas están Zirándaro, Guerrero; El Salvador, Zacatecas; San Pedro Ixtacatlán, Oaxaca, y la delegación Iztapalapa, en la Ciudad de México. Mientras que otros municipios crecerán por las mismas causas; entre ellos, Felipe Carrillo Puerto, Lázaro Cárdenas y José María Morelos, en Quintana Roo, y La paz y Mulegé, en Baja California Sur, todos costeros. Ya vamos siete años tarde al diseño de políticas para atender esta contingencia.

Aun así, por último, a pesar del riesgo, a pesar de la pobreza extrema (y a causa de ella), a pesar de la emergencia, la violencia o la crisis, habrá quienes decidan no migrar o no puedan migrar. Es especialmente importante diseñar políticas públicas con esta población en mente.

Para el corto plazo: generando condiciones para atender a los jornaleros agrícolas (alrededor de 3 millones de trabajadores del campo mexicano migran cíclicamente, siguiendo las cosechas disponibles, para poder sobrevivir, con condiciones salariales ínfimas y nula protección social o acceso a servicios básicos, incluyendo educación y salud), desarrollando mecanismos para potenciar el capital humano disponible en comunidades marginadas (repatriado o no), y promoviendo alternativas para hacer realidad la inclusión laboral y productiva.

Y para el largo plazo: generando condiciones para la inversión en infraestructura educativa y carretera que permita el desarrollo de las comunidades más marginadas, facilite la salida de quienes deben buscar oportunidades fuera, y atienda con oportunidad y de forma comprehensiva a quienes permanecen.

Con esa población en mente, en Rimisp estamos trabajando para articular soluciones. Atingentes a la importancia de los cambios en las tendencias migratorias, y atentos a los que se quedan.

[1] Cazzuffi, Chiara y Félix Modrego. “Place of origin and internal migration decisions in Mexico”. Por publicarse en Spatial Economic Analysis, información pendiente.

 

 

 

Foto: MX066S05 World Bank