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Participantes del Programa Territorios Productivos conocen y aprenden de organización exitosa de Puebla

31 Julio, 2017

Dentro de las “giras vivenciales”, que organizan PROSPERA y Rimisp, productores y promotores del PPTP, procedentes del Estado de México, visitaron a una agrupación exitosa de Puebla. Allí escucharon la historia de la organización, sus esfuerzos y logros; el aprendizaje favorecerá proyectos PPTP.


Con una trayectoria de 17 años, la organización Productores Indígenas del Popocatépetl (PIP), del estado de Puebla, ofrece resultados positivos en diversos ámbitos: orientación hacia la productividad, compra consolidada de insumos, líneas formales de financiamiento de la banca de desarrollo y privada, comercialización de cosechas conjunta y con la utilización de esquemas modernos de agricultura por contrato y aseguramiento de precios, diversificación de ingresos familiares, incorporación de activos para dar valor agregado a la producción, métodos organizacionales, transparencia, etcétera.

Encabezados por el director de la Oficina para México y Centroamérica de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Jorge Romero León, investigadores y consultores de esta Oficina participaron en una “gira vivencial”, realizada en la comunidad de San Marcos Acteopan. Esta gira fue organizada por PROSPERA junto con Rimisp en el marco del Programa Piloto Territorios Productivos (PPTP), con el objetivo principal de que productores líderes de proyectos establecidos en el Estado de México, junto con promotores funcionales y comunitarios del PPTP, conocieran las experiencias de PIP y aprovechen el conocimiento para aplicarlo en sus propios espacios y proyectos.

Según el plan de esta gira, definido por Rimisp, el aprendizaje que aquí se haya obtenido servirá para alimentar el plan de acción del proyecto territorial del PPTP en el Estado de México, dando énfasis “en las vías que la organización anfitriona [PIP] tomó para crecer…”; los productores invitados a esta gira, junto con los promotores, responderán preguntas tales como ¿qué es una organización?, ¿cómo se le hace para “ponerse de acuerdo”? y ¿cuál debe ser el objetivo, método y estructura de la organización?, y visualizarán el alcance de la organización en el mediano y largo plazos.

Productores Indígenas del Popocatépetl nació en agosto del año 2000, apoyado por el programa Fondos Regionales del el Instituto Nacional Indigenista (INI, que poco después de transformó en la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, CDI). Comenzó con 45 miembros integrados en cuatro grupos de trabajo, y ha crecido hasta llegar hoy día a 590 socios que participan en 15 sociedades de producción rural (SPR), siete sociedades de solidaridad social (SSS) y 11 grupos de trabajo, todos ellos ubicados en las faldas del volcán Popocatépetl, en 13 comunidades de seis municipios: Acteopan, Atzilzihuacan, Tochimilco, Cohuecan, Huaquechula y Ahuehuetitla. Según un censo interno del 2013, el 52% de los socios son mujeres.

Esta agrupación es de indígenas náhuatl y produce sorgo, amaranto y alfarería. La mayoría de las localidades de los socios están clasificadas como “de alta marginación” por el Consejo Nacional de Población (Conapo).

Francisco Valencia Lira, gerente de PIP explicó que las tierras de los socios son ejido, nada es propiedad privada, y en promedio cuentan con 4.5 o cinco hectáreas para producir; aclaró que muchos de los productores rentan tierras, no son titulares de las tierras. Y ese es un factor que preocupa, pues los dueños reciben los apoyos públicos a que tienen derecho esas tierras, en particular el Procampo (hoy Proagro, que da apoyos por hectárea desvinculados de la producción), más otros como apoyos para fertilizantes y semillas. Y quien realmente se arriesga en la producción, en la cuestión climática y financiera, el que trabaja la tierra, no recibe apoyo público.

Francisco Valencia realizó una presentación donde explicó la evolución de PIP en cuanto a su figura legal, cómo de ser un fondo se convirtió en una integradora y luego en una sociedad anónima (SA) para tener ahora un doble esquema de SA y una sociedad civil (que aplican para diferentes propósitos); explicó la estructura de la organización, con un consejo de administración y un órgano de vigilancia –que se renuevan periódicamente–; con presidentes de cada agrupación miembro (33) que se reúnen cada lunes; con una asamblea general como máxima autoridad (la única que puede decidir el uso y destino de los bienes de PIP), y con un equipo técnico con “salarios muy castigados” pero con la convicción de servir.

Destacó que la agrupación está orientada exclusivamente al interés económico y excluye filosofías, religión y filiación política.

Desde 2010 Productores Indígenas del Popocatépetl es un dispersor autorizado de crédito. Su producción de alfarería es apoyada por la CDI, pero el avío para el sorgo y amaranto es financiado por la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero (FND), con la cual la organización tiene una línea de crédito abierta por seis millones de pesos, y por Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) por medio de instituciones privadas, fundamentalmente sociedades financieras de objeto múltiple (Sofom).

El acceso al financiamiento es algo fundamental para la agrupación, considerando que el esquema de fondos regionales desapareció en 2012. Y PIP cuida mucho la recuperación de los créditos; los miembros de cada una de sus 33 organizaciones se conocen mutuamente y por lo tanto ejercen una función de vigilancia en la utilización de los recursos financieros. Así la cartera vencida de PIP nunca rebasa el 5%, y la agrupación se sujeta a auditorías semestrales.

Las instancias técnicas y administrativas de PIP –que cubren sus gastos sólo con los intereses que genera el financiamiento que distribuye a los socios– propician la compra consolidada de insumos, lo cual permite ahorros a los productores. “El bulto de glifosato [herbicida] nos cuesta a nosotros 68 pesos, cuando por fuera se vende a 90 o cien pesos […] las empresas semilleras nos abastecen y luego nos esperan dos o tres meses a que recibamos el crédito para pagarles, sin cobraron ningún interés”, comentó Francisco Valencia. También de manera conjunta enfrentan problemas sanitarios, como fue el caso de la plaga pulgón amarillo que se observó en la zona el año pasado. “Contratamos los servicios de un técnico que nos ayudó a terminar con esa plaga”.

La comercialización del sorgo ocurre de manera conjunta y con un esquema de agricultura por contrato (donde el comprador, en este caso una empresa porcícola, se compromete a adquirir toda la cosecha, y los productores se comprometen a vender). Esto implica coberturas de precios en los mercados internacionales, que se financian con apoyos de la Secretaría de Agricultura. El año pasado la organización firmó 13 contratos en este esquema (cada uno involucrando 127 toneladas), diez de ellos a precio fijo y tres a precio libre. El comprador recibe la cosecha en cada predio y al final transfiere el pago a PIP, que luego hace los pagos a cada productor descontado el financiamiento. Esto previene que los productores vendan sus cosechas de forma individual e indefensos ante compradores que no siempre cumplen con los pagos oportunos o que castigan precios por supuestas fallas de calidad o pesaje inadecuado.

La organización ha crecido de tal forma que cuenta con dos centros de acopio con una capacidad conjunta de cinco mil 500 toneladas, con una trilladora para cosechar sorgo y con dos plantas industriales (una es para la producción de alimento balanceado para el ganado, en la cual actualmente realizan pruebas, pero servirá para procesar parte de la cosecha sorguera de este año, y la otra planta es para la elaboración y empaque de barras de amaranto, cuya comercialización, “que tendremos ya con código de barras”, se realizará en principio muy probablemente en los 42 albergues escolares que tiene la CDI, con el plus de que abonará a la nutrición infantil de esos lugares).

Francisco Valencia comentó que es un hecho que la agricultura es insuficiente para sostener a los socios de la organización y por ello la mayoría trabaja también la alfarería, o en las familias el hombre se dedica al sorgo y la mujer a la alfarería. Pero es muy común que el ingreso familiar se complemente por remesas que envían las y los hijos jóvenes, que se van a trabajar a Estados Unidos, fundamentalmente a Nueva York