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Desarrollo con Cohesión Territorial

Boletín Rimisp n° 22

Los desafíos del empleo rural en el postconflicto en Colombia

30 Mayo, 2017

Los municipios del posconflicto no se pueden pensar como islas y desconectados del resto del país. El reto es establecer y profundizar los  puentes con nodos dinamizadores que ayuden a impulsar su transformación territorial.


La Reforma Rural Integral definida en el punto uno de los Acuerdos de La Habana busca una gran transformación del sector rural colombiano para erradicar la pobreza, promover la igualdad, cerrar las brechas entre el campo y la ciudad e integrar las regiones. Se trata de construir la paz territorial que posibilite una vida digna y próspera para los pobladores rurales.

Uno de los instrumentos fundamentales para lograr dicha transformación son los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) que garanticen la coordinación y articulación institucional en la implementación de planes de acción en los municipios priorizados dentro de un enfoque participativo y de fortalecimiento de las capacidades organizativas de las comunidades.

En este contexto, el Foro “Empleo rural en un contexto de Posconflicto”, organizado por la Unidad del Servicio Público de Empleo, entidad adscrita al Ministerio de Trabajo, buscaba identificar estrategias para contribuir a la construcción de paz a través de la generación de empleo en los territorios de posconflicto.

Los estudios y análisis de Rimisp en Colombia contribuyen a dar respuestas a esa pregunta.

En efecto, Rimisp realizó un análisis de 187 municipios priorizados para el posconflicto (municipios PDET) que permite dimensionar los desafíos de las estrategias de empleo rural en un escenario de posconflicto.

El 32% de la población de los municipios PDET vive en territorios rurales con cabeceras urbanas pequeñas y distantes de las ciudades, al tiempo que el 67% vive en territorios rurales urbanos  no metropolitanos (frente al 16%  y al 26% respectivamente en los municipios no PDET). De otro lado, los municipios PDET tienen una mayor pobreza, tanto rural como urbana, una mayor participación de la minería y una menor participación del sector agropecuario en el PIB. Así mismo tienen una menor recaudación de recursos propios y una mayor presencia de población étnica. La heterogeneidad al interior de estos territorios es, sin embargo, importante. Por ejemplo, cerca del 70% de los municipios PDET tienen una participación minera en el PIB menor al 10%, sin embargo, un 17% tiene una participación mayor al 50%. 

Dadas estas características territoriales, las estrategias de empleo, al menos en una parte importante de los municipios PDET deben aprovechar las dinámicas rurales urbanas en torno a ciudades medianas y pequeñas que puedan servir como nodos dinamizadores del desarrollo territorial. Así mismo es crucial la identificación de actividades rurales no agropecuarias que puedan convertirse en ventajas comparativas. El turismo rural es uno de esos ejemplos de gran potencialidad en varios de estos territorios. Sin embargo, en muchos otros casos se trata de actividades productivas que complementan y se articulan a las actividades agropecuarias.

Para el 32% de la población que vive en la ruralidad más profunda es fundamental la conexión a mercados. “El aislamiento es sinónimo de pobreza”, señaló el investigador de Rimisp, Juan Mauricio Ramírez en el Foro “Empleo rural en un contexto de Posconflicto”: “Como lo afirma la profesora Ostrom, premio Nobel de Economía, para mejorar el bienestar de los pobres es necesario conectarlos a los mercados y ayudarlos a mejorar su capacidad de auto organización”. En efecto, los mercados y los grupos auto organizados son los dos canales a través de los cuales interactúan los pobres entre ellos y con el resto de la sociedad  (Ostrom y Kambur, 2006). Las fallas de organización y las fallas de mercado son los dos ejes que deben guiar la intervención en los territorios del posconflicto. .

En este contexto, se consideran elementos dinamizadores del desarrollo territorial,  la conexión a los mercados y el desarrollo y fortalecimiento de redes y organizaciones sociales. Para las áreas rurales la principal articulación a los mercados son las conexiones urbano – rurales, con los sistema de ciudades, las ciudades intermedias y los procesos locales de urbanización. “Pensar que toda la población rural está dispersa o marginada espacialmente, es un error. La verdad, es un territorio más mezclado de lo que se cree, pero claramente debe fortalecerse su conexión con el sistema de ciudades, las ciudades intermedias y aprovechar los procesos de urbanización local”, señaló Juan Mauricio Ramírez.

Rimisp ha abordado el análisis de las conexiones rurales urbanas a partir de la identificación de territorios funcionales que se pueden convertir en núcleos potenciadores de un desarrollo territorial dinámico e inclusivo. Así mismo, a partir de un indicador de nodos dinamizadores construido por Rimisp, el cual se calcula con base en el tamaño de cabecera, la densidad poblacional, la distancia a un centro de 100 mil habitantes y el PIB municipal, se constató que la mayor parte de dichos nodos dinamizadores están, si embargo, por fuera de los territorios PDET, por lo cual el reto es establecer los puentes con ellos. “Por esta razón, no tiene sentido concebir los territorios PDET como islas sin relación con el resto del país. Una estrategia territorial que busque potenciar los territorios funcionales y articular los territorios PDET con nodos dinamizadores está condenada al fracaso”.