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Entrevista a Francisco Mayorga: “Las reformas políticas se logran con diálogo”

30 Septiembre, 2016

Francisco Mayorga Castañeda, empresario del sector agropecuario en el estado de Jalisco –director de Industrias Melder-, y miembro del Grupo Diálogo Rural México (GDR México), ha tenido un papel fundamental en este Grupo pues, junto en el entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles, liderò la conformación del GDR México cuando éste comenzó su gestión a fines de 2010. En aquella época, Mayorga Castañeda era titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (Sagarpa). En la tercera etapa del GDR-México, desarrollada de febrero a julio de 2016, Mayorga fue participante en su rol de empresario y resultó una pieza clave como convocante de otros empresarios del agro que acudieron a los diálogos del GDR.

En entrevista con Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, reflexiona sobre la labor del GDR-México y sobre la incidencia de Rimisp en este país.

-¿Qué le motivó a participar en el GDR-México, particularmente cuando este empezó a operar en 2010-11?

Primero, me interesó mucho que involucrara a actores que no muy frecuentemente están en diálogo con las autoridades, como es el sector académico. Segundo, era una iniciativa a nivel internacional que comprendía a cuatro países de América Latina (México, Ecuador, Colombia y El Salvador) y podíamos aprender unos de otros. Entonces el que convocara una institución respetada como Rimisp, que hubiera la participación de académicos además de campesinos, empresarios, autoridades y legisladores, y que fuera simultáneo en cuatro países me pareció muy interesante.

En el gobierno acudíamos mucho, o por lo menos yo acudía mucho a instituciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para encargarle algunos estudios sectoriales, como el de pesca, y otros sobre política públicas. O al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que implica a la parte sajona del Continente. Siendo Rimisp una organización puramente latinoamericana, me llamó la atención.

-Mantuvo usted una presencia muy constante en las reuniones de esa primera etapa, a la par que lo hizo el entonces rector de la UNAM. ¿Es cierto eso?

Me entusiasmó mucho la participación del doctor José Narro. Se estableció una cercanía entre la UNAM y la Sagarpa, en buena parte facilitada por el GDR. Gracias a ese contacto iniciamos, por ejemplo, unos cursos de capacitación de la Facultad de Derecho de la Universidad a los funcionarios del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), dependiente de la Sagarpa. Fueron cursos sobre normatividad internacional en la materia.

Asimismo, con acuerdos con el IICA y con el doctor Narro –que luego involucraron no sólo a la UNAM sino a otras universidades como la Autónoma Metropolitana y el Colegio de Posgraduados- extendimos becas para jóvenes centroamericanos y de El Caribe, que vinieron a México a tomar cursos de posgrado. Vinieron más de cien jóvenes. Todo esto fue gracias a que Rimisp propició nuestra cercanía. Vi en el doctor Narro mucha voluntad para ayudar en todo.

-¿En México hay la costumbre de dialogar entre sectores diversos para alcanzar acuerdos?

En general, los académicos ven con escepticismo a los políticos, a los representantes del poder público, pues los consideran no muy dignos de confianza per sé. Y los funcionarios muchas veces temen sostener diálogos duros, sustentados, con los académicos. Es difícil concertar este tipo de encuentros. Pero en definitiva el diálogo es el camino correcto para lograr decisiones que influyan en las políticas públicas. Es el camino y no veo otro más. Y la presencia de una institución externa siempre ayuda. Ocurre como cuando un padre le pide a un hijo que haga o no haga tal cosa, y el joven no atiende, pero si el que recomienda es un amigo o alguien a quien el muchacho aprecie, sí hace caso. Aquí ese papel del amigo lo juegan las instituciones internacionales, que no están en el desgaste diario; cuando convocan tienen el cuidado y el profesionalismo de no inmiscuirse en los temas internos del país. No toman partido en las discusiones y los intereses. Eso ayuda mucho. Además traen la perspectiva internacional.

Entonces, Rimisp puede ver al mismo tiempo lo que pasa en seis o siete países de América Latina. Eso enriquece porque uno trae la “ceguera de taller”, nada más ve uno su entorno inmediato. Por ejemplo, en el Seminario de Cierre del Proyecto Impactos a Gran Escala, realizado por Rimisp y FIDA el 1 y 2 de septiembre en Cartagena, en Colombia, yo escuché voces en el sentido de que debe hacerse un énfasis mayor en los bienes públicos que en las transferencias directas o subsidios; esto me da gusto porque esta es una idea que en México empezamos a vislumbrar desde 2010 y la propusimos al Congreso, con la idea de ir migrando algunos de los programas de la Sagarpa hacia los bienes públicos, fue bien recibida la propuesta, aunque su instrumentación no ha sido con acciones radicales, ha sido lenta. El que se escuche en este tipo de seminarios esta idea y que la mencionen los productores agrícolas y campesinos es algo bueno, quiere decir que estos conceptos trascienden.

En México nos cuesta mucho trabajo dialogar. Aunque sí hemos tenido momentos de lucidez. Las reformas políticas se lograron con diálogo. Muchos de los cambios en el área rural que se dieron en el año 2000 –cuando el Partido Acción Nacional (PAN) ganó la Presidencia de la República después de 70 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI)- fueron gracias al diálogo. Hubo diálogo con las organizaciones campesinas y surgió la Ley de Desarrollo Rural Sustentable, y se hicieron cambios fuertes en algunas políticas públicas; sobre todo, sin violencia ni choques, se logró reducir el corporativismo. Pero como país nos falta mucho avanzar.

El Poder Legislativo es muy dado a debatir internamente, y lo hacen de forma acalorada, pero no dialogan con otros; cuando convocan a algún funcionario para que comparezca ante los legisladores, lo ponen en el banquillo de los acusados pero no hay un afán por discutir y generar propuestas. Y muchas veces el diálogo entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo se centra en el gasto, en si hay o no subejercicios, en los montos de presupuestos, pero no hay debate en los grandes conceptos en el contenido de las políticas públicas. También se dificulta el diálogo entre funcionarios y gobernadores.

Alguna vez, siendo secretario de Agricultura, convoqué a la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) a debatir sobre el tema de políticas de comercialización agropecuaria, pero no hubo interés.

Con instituciones internacionales como FIDA, FAO, IICA, Rimisp, el diálogo se da y hay comprensión, pero con otros sectores es difícil pues se subvalora la importancia del medio rural, se le limita a la contribución escasa del sector primario al PIB y al empleo, sin comprender que el campo es la base de la riqueza que generan los eslabones de la cadena agroalimentaria.

-Entiendo que la Sagarpa recibe muchas presiones de los agricultores comerciales para que su gestión se concentre en ellos, no en el conjunto del medio rural, donde hay campesinos o pequeños productores, muchos en condiciones de pobreza. Y el GDR ha impulsado, entre otros, planteamientos de impulso al campesino pobre para que, vía el agro u otras actividades, remonte su pobreza. ¿Por qué estando usted en la Sagarpa aceptó participar en el GDR?

Siempre debemos ir a la base de los problemas, a la raíz de las potencialidades. El sector primario de la economía se denomina así porque representa los cimientos. Si un país no tiene un sector primario fuerte, obviamente sus cimientos están flojos. En la medida que uno fortalezca esa base social y productiva –que implica producción de pequeña escala, pero a la hora de la hora suma millones de personas-, en esa medida el país estará sano.

Y no me refiero sólo a la economía, sino también al medio ambiente, al tejido social, a la fortaleza de las tradiciones y costumbres rurales, a su historia. Hay algo mucho más allá que la economía, mucho más que el empleo, que el ingreso. Son valores medulares, son la esencia de un país. Todo país debe preocuparse por eso. Y la institución que en México está más llamada a atender esto es la Sagarpa, pues esa gente subsiste principalmente con actividades agrícolas, ganadería y pesca. ¿Qué otra cosa les podemos pedir y ofrecer si no es que interactuar en su modo de vida? El agricultor fuerte, el empresario, se cuida solo. Las grandes empresas (de todos los sectores) tienen sus encargados de relaciones públicas, sus departamentos legales de primer orden, tiene fortaleza económica para contratar a los especialistas que quieran. Ellos no necesitan nada. Igual acá, en la base productiva del campo, quien necesita al gobierno, quien necesita apoyo es el pequeño productor, el campesino.