Imprimir

Noticias

Boletín Rimisp n° 21

El ingreso de la mujer al mercado laboral: más que una lucha de género

28 Abril, 2017

En esta columna, Ignacia Fernández, directora ejecutiva de Rimisp, plantea que, mediante los estudios territoriales, se ha comprobado que el aumento del dinamismo productivo en los territorios funcionales de América Latina se asocia fuertemente con el alza de las tasas de participación laboral femenina.


En una nueva conmemoración del Día del Trabajador, tiene sentido reflexionar sobre la consigna “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50”, que Naciones Unidas puso en el centro de su quehacer para orientar los esfuerzos mundiales hacia una mayor equidad en diversos ámbitos, uno de ellos el laboral. Si bien es una meta visualizada para 2030, los esfuerzos necesarios comienzan aquí y ahora.

Más mujeres, con más y mejores salarios, ocupando mejores puestos laborales en declarada igualdad con sus colegas varones, no sólo es una lucha de género. Desde la vereda de la evidencia científica recogida por los estudios territoriales de Rimisp, hemos comprobado que el aumento del dinamismo productivo en los territorios funcionales de América Latina se asocia fuertemente con el alza de las tasas de participación laboral femenina.

En la última versión del Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad, un proyecto de Rimisp apoyado por FIDA y IDRC, trabajamos el foco de “Género y territorio”. El documento toma, por ejemplo, dos territorios de Colombia muy afectados por el conflicto armado de los últimos 50 años en los que, si bien el desempleo es aún un problema serio, la transformación de la economía ha creado oportunidades para el surgimiento de nuevos tipos de trabajo para mujeres.

La transformación de la economía del territorio ha permitido que las mujeres ingresen a nuevas esferas y lleven aire fresco sobre trabajos que han sido poco estimados o apreciados históricamente, al mismo tiempo que las ayuda a aplicar y a fortalecer, con la práctica, su capacidad para organizar y organizarse. Al mismo tiempo, las mujeres han ingresado a mercados laborales tradicionalmente dominados por hombres. En Colombia, las mujeres de Nariño y Cumbal han encontrado la forma de agregarle valor a sus tradiciones, en una comunidad donde la mayoría de la población es indígena.  Pero el avance de las condiciones de equidad laborales no es casual: como figura en nuestro Informe, “Nariño fue el primer departamento predominantemente rural con una política pública de equidad de género en el país”. La iniciativa  ha fortalecido a asociaciones de mujeres agregando dimensiones económicas, personales y políticas para crear y empoderarse de nuevos espacios colectivos. A nivel nacional, la convocatoria del programa “Mujer Rural” del ministerio de Agricultura estuvo liderada por las postulaciones del departamento de Nariño, como también destaca el trabajo asociativo de las organizaciones pertenecientes a la etnia Pasto.

La mayor capacidad de generar cambios que se produce cuando las mujeres se organizan y comprometen con las instituciones locales ha sido clave para cerrar brechas de autonomía económica. Para seguir con Colombia, la disminución del índice pobreza monetaria tiene rostro de mujer: se puede deducir que el ingreso de las habitantes rurales al mercado laboral formal, ha incidido en la nueva cifra, atribuida a una mayor pujanza del trabajo agropecuario.

Algo similar vemos en el sur de Chile, donde en lugares tan apartados como las caletas de Coliumo y Tumbes las mujeres abandonan progresivamente su rol de acompañantes y se convierten en dueñas de su trabajo y emprendimientos, con lo que han ayudado a la reconversión productiva de sus territorios.

La variable territorial es clave para comprender este fenómeno y enfrentar los desafíos que impone. El territorio es un factor relevante al momento de definir las brechas de género en la capacidad de generación autónoma de ingresos para las mujeres, en particular, en lo que tiene que ver con su estructura productiva y si este es fundamentalmente urbano o fundamentalmente rural. Para asegurar el empoderamiento económico de las mujeres, no sólo es necesario lidiar con las barreras estructurales que limitan su acceso a trabajos que generen ingresos en condiciones de igualdad, también actuar en las dinámicas específicas de los territorios que dificultan la participación de las mujeres en su desarrollo.

Falta mucho por avanzar. El citado informe 2015 indica que las zonas o los territorios donde tanto hombres como mujeres viven y trabaja, son un factor importante a la hora de estudiar las brechas de género. Queremos aportar a la discusión y generar incidencia en las políticas públicas en materias que impiden lograr la igualdad, la justicia y el desarrollo social y económico que todos, no sólo las mujeres, anhelamos.