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Ecuador: migración de los jóvenes impacta en el crecimiento de la población rural

31 Agosto, 2017

Las tendencias de crecimiento poblacional indican que la población rural del país está sufriendo un proceso de envejecimiento. El joven abandona el campo para mejorar sus condiciones de vida y para  acercarse a los imaginarios de lo que admira en las urbes.


En los últimos años el Ecuador presenta una importante disminución poblacional en las zonas rurales. La migración de los habitantes del campo es la principal causa para este despoblamiento. Los estudios realizados por Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural han analizado esta realidad, que afecta a 5.3 millones de habitantes del agro ecuatoriano.

 

De acuerdo con el investigador de Rimisp, Jorge Hidrovo, en el año 2001, el 39% de la población ecuatoriana vivía en el campo, mientras que para 2015 ese porcentaje bajó al 32%. “Al analizar las tendencias de crecimiento de las áreas rurales por rango de edades (2001-2014), se observa una baja tasa de crecimiento de la población en  la categoría de 14 a 24 años de edad, lo que sugiere que existe desplazamiento desde las zonas rurales a las urbanas. Las tendencias de crecimiento poblacional indican que la población rural del país está sufriendo un proceso de envejecimiento”, explica.

 

La población migrante ecuatoriana asciende a 1.4  millones de personas mayores de 10 años. De ellos, el 29%, es decir 406 mil ciudadanos son originarios de zonas rurales.  Este dato es  parte de la investigación “Jóvenes rurales en Ecuador Grupos de Diálogo Rural, una estrategia de incidencia” elaborada por la investigadora Alejandra Estévez y presentada al interior del Grupo de Diálogo Rural de Ecuador (GDR – Ecuador), en meses pasados.

 

La migración rural en el Ecuador es mayoritariamente interna. El documento, elaborado por Alejandra Estévez, señala que el 93% de los desplazados desde el campo lo hacen dentro del propio territorio nacional, mientras que un 7% viaja al extranjero.

Al comparar las tasas de crecimiento entre las zonas urbanas y las áreas rurales, entre 2001 y 2015, se evidencia que las urbes crecieron en promedio tres veces más rápido que el campo. Además, en el agro ecuatoriano la cantidad de pobladores con menos de 15 años, es el doble de aquellas que se ubican entre 15 y 24 años, en tanto que en la zonas urbanas este segmento de la población es el que registra un mayor crecimiento. “Este fenómeno refleja una realidad en la que los jóvenes abandonan los espacios rurales, en búsqueda de oportunidades de bienestar en el medio urbano, a costo de abandonar de sus áreas de origen”, se detalla en el mencionado estudio.

 

La calidad de la educación y el apoyo al emprendimiento pueden despertar el arraigo al campo

En este punto nos preguntamos ¿qué es lo que motiva a los  jóvenes habitantes del campo a abandonarlo? Según la investigadora, “las dos grandes razones de la migración, son mejorar las condiciones de vida, pero también acercarse a los imaginarios de lo que quieren que sea su vida. Estos imaginarios ahora están determinados por la conectividad, por el acceso a la Internet”.

 

Jymy García, joven rural de la Asociación Los Caídos de la provincia del Guayas, en la costa ecuatoriana, concuerda con esta visión. Cuenta la difícil situación en la que viven los jóvenes de su entorno. El acceso a la educación es limitado y tampoco cuentan con tierra propia, señala y añade demoledoramente: “no hay incentivos para quedarse en el campo”.

 

Haciendo un breve recorrido por los datos reunidos en el informe de Rimisp, vemos que el 63.6% de los jóvenes del área rural ecuatoriana se encuentra en situación de pobreza por Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), mientras que el 27,1% se ubica en pobreza extrema. Un 33,4% de los hogares rurales viven bajo la línea de la pobreza multidimensional. El estudio también detalla que El 21,7% de las familias rurales tienen acceso a servicios básicos. El desempleo dentro de la juventud rural llega al 10% y hasta el 75% entra dentro de la categoría de empleo inadecuado.

Es decir, la realidad de la juventud del campo en el Ecuador es compleja. La situación de desigualdad frente a sus pares urbanos es notoria.

 

Y al abordar la posibilidad del acceso a la educación para mejorar las condiciones de vida en las zonas rurales, nos encontramos con que en los espacios rurales, el promedio de escolaridad es de 7,5 años, enfrentado a los 11,3 años del mismo promedio en las zonas urbanas. El analfabetismo a nivel nacional es del 1,6%; de esa cifra el 2,2% está ubicado en el rural. La tasa de matrícula rural correspondiente a bachillerato técnico (considerando actividades agropecuarias, industria, servicios, arte o deportes) es del 82,4%, mientras que la tasa de matrícula en universidades en el área rural llega al 5,2%.

 

Sobre este aspecto, el secretario técnico del GDR – Ecuador, Ney Barrionuevo, reflexiona,  “vemos como paradójicamente aunque ha mejorado el nivel de la cobertura de la educación, el contenido y las metodologías de esa educación, están siendo hoy factores que aceleran la expulsión de los jóvenes del campo. Es una educación muy poco práctica, desvinculada del desarrollo de las comunidades rurales. Lo que hace que los jóvenes salgan hacia la ciudad  y no contribuyan al desarrollo de sus comunidades”.

 

En abril pasado el GDR- Ecuador presentó el estudio Bases para una Propuesta de Reforma de la Educación Rural del investigador, Mauricio Peña, que entre otros aspectos reveladores de la problemática de la calidad de la educación rural ecuatoriana, concluye que el sistema educativo es un factor expulsor de los jóvenes. Existen otros, aclara el experto, pero,  desde la propia educación, desde los padres de familia y desde los jóvenes particularmente se ha desvalorizado lo rural. “Los padres predican a los niños, prácticamente desde que nacen, que deben salir del campo a la ciudad, porque la vida en el sector rural ha sido para, los adultos un escenario sumamente crudo para desarrollar sus actividades. Entonces los jóvenes en ese escenario de desvalorización lo único que buscan es  la primera oportunidad para salir del campo”, indica el técnico.

 

De su lado, Tupak Agualongo, joven representante del Movimiento de Economía Social y Solidaria del Ecuador (Messe), considera que el deseo de los jóvenes de su entorno es conocer  y alcanzar la forma de vida de las urbes. Pone como ejemplo el anhelo de adquirir dispositivos electrónicos, como el elemento motivador para que muchos de sus pares migren a las ciudades.

 

Frente a esta óptica, Mauricio Peña añade, “es un tema natural que los jóvenes quieran explorar otros mundos, lo triste es que en estos casos es para siempre. Lo ideal sería que salgan y conozcan otras ciudad y otros países,  pero que tengan arraigo y regresen. Que esas experiencias que obtengan en el entorno nacional o internacional sea aprovechada y compartida en su comunidad.”

 

Para lograr este cambio, tanto en lo educativo, así como en la calidad de vida de los jóvenes rurales, que logre dotar de esos incentivos que reiteradamente mencionan sus líderes y aquellos que están en el territorio, se hace necesario el diseño e implementación de políticas públicas diferenciadas para los jóvenes rurales.

 

Ney Barrionuevo destaca que estas políticas podrían dirigirse al apoyo del  emprendimiento juvenil rural.  “En varios campos, no necesariamente deben ser en lo agrícola, sino en los múltiples negocios rurales, algunos en servicios, vinculados a cadenas o  a sistemas agroproductivos, a nuevos servicios rurales como el turismo, negocios ambientales, gastronomía, artesanías, comercio, etc. Y  por supuesto, mejorar la educación técnica rural con otras demandas del desarrollo rural, con propuestas creativas”, asegura el Secretario Técnico del GDR.