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Agricultura para el Desarrollo

Agricultura Familiar

Dos mujeres reivindican la agricultura familiar en el Perú

31 Octubre, 2017

Rosario Romero y Lucila Quintana son las responsables de liderar la creación y aprobación de la Ley de Promoción de la Agricultura Familiar en el Perú. Con años de experiencia en la dirigencia y el trabajo por el desarrollo rural, reflexionan sobre este proceso inédito en su país.


En julio de 2016 el gobierno del entonces presidente del Perú, Ollanta Humala, aprobó el Reglamento para la Ley de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar. El diseño y proceso de este marco legal inédito en el país andino fue liderado por dos mujeres peruanas: Lucila Quintana y Rosario Romero, quienes con inteligencia, experiencia y tenacidad lograron un hito dentro de la política pública del continente.

“Para mí en lo personal ha significado una deuda con mis antepasados, porque si bien yo soy limeña, mi mamá es andina, es de Puno. Yo nunca conocí a mi abuela, pero mi mamá hablaba mucho de ella y era muy visionaria. Ella murió sola, embarazada y eso hablaba de las condiciones en las que vivían en el campo. Y sentí que al lograr la aprobación de la Ley de Agricultura familiar había cumplido con mi abuela”, cuenta Rosario, socióloga con 40 años de experiencia en el trabajo por el desarrollo rural. Actualmente se parte de la organización Forum Solidaridad Perú y de la Comisión Multisectorial de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar en su país.

“La aprobación de la Ley para la Agricultura Familiar es uno más de los logros que como dirigente, como lideresa, como hija de agricultores, como mujer, se ha conseguido. En el camino de las políticas públicas diferencias se tiene que hacer justicia social con el campo, porque no hay vida si no hay producción agropecuaria. Producción que llena los estómagos de más de 31 millones de habitantes de mi país. Ya era hora de ponderar en una ley los esfuerzos que realizan los agricultores del Perú.”, reflexiona Lucila, dirigente en la Junta Nacional del Café y actualmente coordinadora de la Convención Nacional del Agro peruano (Conveagro).

Rosario y Lucila forman parte del Grupo de Diálogo Andino y estuvieron hace pocos días en Quito-Ecuador, para participar en la segunda reunión presencial de este espacio de incidencia regional en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, que busca potenciar la discusión sobre la Agricultura Familiar (AF) en la zona. Aprovechando su presencia conversamos con ellas sobre su aporte en la construcción de la mencionada Ley, su experiencia en la realidad de la ruralidad y el papel de la mujer para visibilizar la realidad del campo.

1.- ¿Qué papel tiene la mujer rural dentro de la producción agrícola de carácter familiar?

Rosario: en mi país, históricamente, cuando se daban asambleas campesinas, no participaban las mujeres, ya que quienes lo hacían eran los maridos. Ellas estaban afuera y escuchaban y ellas mismas generaban las respuestas, los acuerdos y los hombres los transmitían en las asambleas. No estaban desconectadas de la realidad. Muchas veces se arreglaba afuera y después se oficializaba adentro. Eso lo presencié hace más de 40 años en el campo. Después, de acuerdo al censo agrario que tuvimos en el 2012 lo que hemos encontrado es que los que más ha migrado han sido varones: jóvenes y adultos y han quedado el 32% de mujeres conduciendo el predio rural. Pero un 32% de mujeres mayores de 45 años. Entonces vemos una suerte de envejecimiento del campo, que está siendo soportando por la mujer.

Y ellas son las que reciben menos beneficios. Muchas son analfabetas, no cuentan con capacitación, no acceden a los créditos. Los varones tienen una suerte de mayor conexión con las oportunidades, pese a las brechas de desigualdad existentes entre el campo y la ciudad. La situación de la mujer en el campo es sumamente complicada. La pobreza extrema en el campo tiene cara de mujer.

2.- En ese contexto de desigualdad las dos decidieron crear una Ley para promocionar la AF en su país. ¿Cómo nació la iniciativa y de qué manera se fue consolidando hasta convertirse en una realidad?

Lucila: en el año 2014, Año Internacional de la AF, yo estaba como presidenta de Conveagro y mi país tenía un nuevo gobierno, el de Ollanta Humala y con las organizaciones de base como la que yo integro entramos en un proceso de diálogo sobre el campo. Lo primero que se hizo fue el censo agropecuario y eso nos dio la fotografía real de lo que estaba pasando con el sector agropecuario. Nuestro interés era ponderar la AF en ese año internacional dedicado a reivindicarla. Vimos que era un buen momento para poder posicionar a la AF dentro de las políticas públicas.

Ya con lo evidenciado en el censo, la data que nos decía que somos 2,2 millones de hombres y mujeres en el campo dedicados a la AF; también mostraba la gran cantidad de recursos naturales y la diversidad que tiene nuestro país, además del compromiso que tienen nuestros agricultores con la gastronomía nacional e internacional. Teníamos muchos insumos que nos decían que debíamos tener un marco legal. Entonces Conveagro y Forum Solidaridad Perú tomamos la iniciativa de juntar esos insumos documentarios, ver el interés nacional y surgió el momento justo para hacer una propuesta de Ley para trascender con ese aporte que tiene la AF y así posicionar a los hombre y mujeres que trabajan en el campo y el enorme aporte que realizan.

3.- ¿Cómo abordaron el trámite legislativo, ya que lograron la aprobación de la Ley y su reglamento en dos años y medio, un tiempo relativamente corto para este tipo de procesos?

Lucila: hicimos el acercamiento con el congresista Modesto Julca, quien se interesó desde el principio por la Ley. Y así decidió presentar con su bancada esta iniciativa de proveniente de la sociedad civil organizada. Posteriormente el Ministerio de Agricultura empezó a trabajar la estrategia de la Ley y nosotros como Conveagro formamos una Comisión Multisectorial por esta festividad del Año Internacional de la Agricultura Familiar, en este espacio participan 14 ministerios y organizaciones representantes de la sociedad civil. Todas estas situaciones confluyeron, el Proyecto de Ley de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar fue al pleno, se debatió y logramos que por unanimidad se aprobara. Y ahí, habíamos logrado un resultado concreto para nuestros productores.

Una vez aprobada, debió reglamentarse en un plazo de 60 días. La Comisión continuó con sus reuniones y cuatro días antes que finalice el gobierno anterior, teníamos ya firmado el Reglamento. Lo que quedaba en manos de la sociedad civil y la Comisión Multisectorial era establecer el Plan Nacional de Agricultura Familiar, lo ejecutamos conjuntamente y lo hemos validado, con consultas previas en nueve macroregionales. Todo esto evidencia una gran logística, que no es fácil, pero que es un sueño que se ha cumplido y ahora estamos a la espera de continuar con el nuevo gobierno en esta última fase.

4.- ¿Qué aspectos son los más destacables de la Ley de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar del Perú?

Rosario: Lo que más emociona de esta Ley, además de la caracterización y del reconocimiento de la existencia de los productores y de la AF, es la titulación. Ese reconocimiento de la propiedad de la tierra de los pequeños productores. En segundo lugar, estas desigualdades vinculadas a la pobreza en el campo: la obligatoriedad que las poblaciones campesinas cuenten con todos los servicios básicos.

El uso adecuado del recurso agua, priorizando el agua para el consumo humano, posteriormente para las actividades agrícolas y en tercer lugar para las grandes actividades económicas.

Establece también la obligatoriedad a los gobiernos locales para crear los mercados a la producción de los pequeños productores.

Es un marco legal completo ya que es multisectorial y cruza por todas las instancias de gobierno.

5.- ¿Las voces de las mujeres que hablan y reflexionan sobre la ruralidad son escuchadas? 

Rosario: yo siempre he mirado que el trabajo de promoción es un trabajo como el apostolado, hay que mirar aquí y allá, insistiendo todo el tiempo. Y en esta promoción por mucho tiempo nos olvidamos de las mujeres. Ya que se iba tras el empoderamiento político del varón. Todas estas teorías del género y de la lucha reivindicativa de las mujeres por la igualdad, a donde más tarde han llegado es al campo. Y en muchos lugares aún ni llega. A las mujeres ni se les ocurre pensar que pueden tener un papel diferente. Todos quienes demandamos por los derechos de la mujer tenemos que voltear la mirada al campo. En las ciudades nadie se pregunta cómo le llega la papa a la olla. Ni se piensa que muchas mujeres están involucradas en ese proceso productivo.

Creo que estamos en un momento en el que se exige una relectura por parte de las ONG`s sobre la situación de la mujer rural. Al olvidarnos del campo, hasta estas organizaciones han ido abandonando el campo. Aspectos fundamentales como el derecho a la alimentación ya ni se miran o se ven con desprecio, porque como existen programas de complementación alimentaria, lo que viene del campo se mira con desdén. Hemos pasado del empoderamiento político al empoderamiento económico pero todo queda en las ciudades y en el campo queda muy poco y es donde se ubican todas las desgracias, la pobreza extrema, la violencia, la desnutrición, el analfabetismo, etc.

Lucila: hace 20 años empecé como dirigente en una central de cafetaleros del nororiente de Perú. A través de esa presencia fui delegada en la Junta Nacional Café, donde soy directora. Esta junta es integrante de este gran foro que es Conveagro, a donde fui como representante y en una asamblea con más de 19 organizaciones civiles y agrarias e instituciones y universidades, me nombraron presidenta de Conveagro. La lideré dos años y después me reeligieron en período ampliado. Soy la primera mujer en el Perú que ha presidido un espacio como este y también soy la primera mujer que forma parte del directorio de Agrobanco. También fui Presidencia de la Federación Internacional de Productores Agropecuarios (FIPA), en ese tiempo, en América Latina.

La voz de la mujer rural y que habla de temas rurales, sí se escucha en la medida que te capacitas y que tienes una organización social productiva que te representa y que tiene esa institucionalidad. Pero lo más importante es que tú generes credibilidad con un perfil de honorabilidad, de una moral a prueba de fuego. Eso debe hacer una dirigente y mucho más si eres mujer, porque es difícil convencer y más por los estereotipos que existen por el machismo. Los dirigentes siempre pugnan porque la mujer no tome cargos públicos, ni dirigenciales. Pero ahí estamos las mujeres para hacer escuchar nuestra voz. Es la suma de ver por un sector determinado, la autopreparación y la credibilidad como mujer y como dirigente.