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Diversidad Biocultural y Territorios

Generando conocimiento

Agricultura como patrimonio cultural

28 Febrero, 2017

Numerosas instituciones se reunieron para analizar las potencialidades de la agricultura, su vínculo con el territorio, su historia y su identidad, desde la Toscana, región ubicada en el centro de Italia y que cuenta con importantes reconocimientos internacionales por su patrimonio, como los otorgados por UNESCO.


El 9 febrero de 2017 se llevó a cabo la Conferencia “La agricultura como patrimonio cultural” organizada por la Universidad de Siena (UNISI), la Universidad de Firenze (UNIFI) y la Universidad de Pisa (UNIPI), con la contribución de la Región Toscana a través del “Proyecto Farfalla“.

En un espacio multisectorial, gobiernos locales, consorcios y empresas, universidades e instituciones culturales manifestaron un creciente interés por establecer sinergias para la valorización del patrimonio agrícola en una perspectiva territorial integrada.

Se presentaron experiencias y estudios abordados de manera multidisciplinaria, buscando crear una visión compartida del territorio y de los productos de excelencia que lo expresan, desde la arqueología, la historia, la antropología, la agronomía, la economía, las ciencias informáticas y la comunicación.

Como bien saben los Toscanos, entender a la agricultura como patrimonio cultural no significa emprender un romántico regreso al pasado sino estimular la competitividad territorial basada en la “unicidad” del lugar de origen y la calidad de sus productos emblemáticos, tutelando al mismo tiempo la biodiversidad, la diversidad de manifestaciones culturales locales, y fortaleciendo el tejido social y ciudadano.

Existe una tendencia internacional – paradójicamente en medio de la globalización – a poner el acento en la promoción de lo que hace “único” y “diverso” a un territorio, como un potencial para la sostenibilidad. Durante la Conferencia se subrayó que el gran reto que actualmente enfrentan los territorios – aun los que cuentan con importantes ventajas comparativas en lo que a patrimonio se refiere como la Toscana – es hacer sistema, articular, establecer vínculos virtuosos en distintos niveles.

No necesariamente un vino excelente llega a constituirse como un factor determinante para el desarrollo más inclusivo del territorio, si no es acompañado por una serie de medidas tendientes a valorizar otros productos y servicios conectados. Productos como los aceites de oliva, el azafrán, los quesos, las cebollas – solo para mencionar algunos cuyos casos se presentaron – no siempre generan elevados ingresos como los vinos ya afirmados pero pueden constituir una masa crítica importante para la diversificación productiva, territorial y económica, creando una conexión con el turismo y contribuyendo a la promoción del territorio.

Otro ejemplo son las rutas turísticas. Se está haciendo cada vez más evidente que es fundamental promover dichas rutas en sinergia con procesos colectivos, dejando de relacionarlas exclusivamente a un solo producto típico y destacando lo que está detrás del conjunto de la tipicidad y unicidad del territorio: las personas, sus saberes y sus experiencias.

El patrimonio histórico cultural, la gran calidad de los productos, los instrumentos como las Denominaciones de Origen, los incentivos públicos y privados son claves pero no suficientes. Un gran desafío sigue siendo el potenciamiento de la arquitectura social y de la cohesión social e institucional entre el elevado número de experiencias que se encuentran a menudo fragmentadas y dispersas en el territorio.

En este panorama, algunas innovaciones pueden cobrar relevancia. Por un lado las tecnologías informáticas de comunicación (TICs) pueden ser puestas al servicio de los territorios, facilitando la difusión de los conocimientos adquiridos y su transmisión desde la academia hacia los actores económicos, las instituciones y los ciudadanos, y al revés; o pueden transformarse en App que guían al turista de manera más sistemática e informada en el descubrimiento del territorio y a su vez retroalimentan a los entes locales para mejorar la calidad y pertinencia de los servicios.

Por otro lado, la certificación de la identidad histórica. El reconocimiento de la herencia cultural y la identidad histórica que vincula el producto típico al territorio de origen constituye uno de los objetivos de un proyecto como Farfalla que se propone crear instrumentos apropiados de valorización que se puedan asociar al sistema vigente di certificaciones.

La investigadora principal de Rimisp, Claudia Ranaboldo, fue invitada a la Conferencia para aportar con una intervención desde la amplia experiencia latinoamericana. Se partió de la conceptualización de patrimonio biocultural para enfatizar luego la importancia de instalar desde un comienzo procesos de carácter territorial integral. Se trata de movilizar estrategias de valorización de canastas de bienes y servicios múltiples, en condición de dinamizar redes y cadenas verticales y horizontales que involucren a una multiplicidad de actores e instituciones del sector público, privado y de la sociedad civil. Para el logro de estos objetivos es esencial impulsar el desarrollo de capacidades de los actores y líderes locales, para que se apropien de los procesos de transformación territorial, garantizando su continuidad y escalamiento.

Durante la jornada fue posible identificar que existen procesos, resultados y criticidades que pudieran permitir el establecimiento de diálogos más continuos y fértiles entre las experiencias europeas y las latinoamericanas, estimulando iniciativas compartidas. Rimisp tiene una cierta trayectoria al respecto como se puede ver de las numerosas iniciativas compartidas en los ámbitos de formación e investigación-acción llevadas a cabo con instituciones, universidades y centros de investigación y formación de Europa y América Latina, principalmente a través de dos redes internacionales: La Plataforma Diversidad Biocultural y Territorios y el Nodo de Formación e Investigación-Acción entre Europa y América Latina para el Desarrollo Territorial y la Valorización de la Diversidad Biocultural.

Artículo escrito por Claudia Ranaboldo, investigadora principal de Rimisp en colaboración con Marta Arosio, investigadora adjunta de Rimisp.

Fotos de la Università degli Studi di Firenze.